En el dolmen de Las Agulillas

viernes, 11 de marzo de 2016

Objetos de los Pedroches de época de al-Andalus en los museos arqueológicos de Córdoba y Madrid

     La cora Fahs  al-Ballut es el nombre de una provincia de al-Andalus en la que estaba la actual comarca de los Pedroches. Además de ella se incluían en la cora el valle del Guadiato (también de Córdoba), la zona de Cabeza del Buey (Badajoz) y la comarca de Almadén y el Valle de Alcudia (Ciudad Real).
     Sobre los límites de la cora de Fahs  al-Ballut escribe el arabista cordobés Antonio Arjona Castro (2003, 214-215): “El término Fahs puede traducirse bien por llano o por campo. El Campo de las Encinas comprendía todo el sector de las aldeas de Fuente Obejuna hasta Pedroche… Por el norte comprendía los actuales términos de Chillón y Almadén situados en el Yabal al-Baranis con sus criaderos mercuriales denominados Shillum (la antigua Sisapone), montañas que se corresponden a la llamada Sierra de Almadén o Chillón. Después continuaba hacia la actual Cabeza del Buey, que es la población que al-Razi señala en el Fahs  al-Ballut como Luca… Después de esta entrada o cuerno se mete el Fahs  al-Ballut en la zona de Alcudia y Badajoz, el límite seguía por el Zújar, límite del término de Gafiq (Belalcázar) y Fuente Obejuna con Azuaga. El río Zújar sirve de línea divisoria con la cora de Mérida donde estaban las poblaciones de capilla (=Kabbel), Garlitos (Bitrlash) y Balá (=Navalvillar de Pela)”.
     Fahs  al-Ballut superaba ampliamente los límites de los Pedroches de hoy en día, como puede apreciarse en este mapa (A. Arjona Castro, 2003, 284):

     En un artículo de reciente aparición titulado "El poblamiento islámico en la kura de Fahs al-Ballūt: una aproximación arqueológica" se dice (págs. 116-117: “[En la comarca de los Pedroches] a partir del siglo V comienzan a producirse cambios en la ocupación territorial por la llegada de los contingentes visigodos (hay testimonios de su presencia en Majadaiglesia –El Guijo y La Losilla –Añora)”. Por mucho que me guste, y quiera, el tiempo de los visigodos, es una opinión que no comparto. En primer lugar, porque los visigodos se asentaron definitivamente en la península a finales del siglo V y comienzos del VI, pero antes de su venida, durante el siglo V, tras el colapso del imperio romano, llegaron invasores bárbaros (aunque los centroeuropeos actuales los llaman emigrantes...) a la península: suevos, vándalos, alanos. También hubo tropas de federados de los romanos de diversos orígenes. No todos los invasores se fueron con los vándalos al norte de África, y durante buena parte de la primera mitad del siglo V los suevos dominaron el occidente peninsular, conquistando Mérida y Sevilla. El rey suevo Requila derrotó en el año 438 a orillas del río Genil, afluente del Guadalquivir, a un noble llamado Andevoto, por ejemplo. Así que no sólo hubo visigodos, quienes no llegaron a Hispania en el siglo V, sino a inicios del VI.
     En segundo lugar, no sabemos ni cuándo ni cómo llegaron a la actual comarca de los Pedroches poblaciones foráneas, que no tuvieran sus orígenes en los habitantes de la comarca de época romana.
     En tercer lugar, porque decir que la posible iglesia que se está excavando en la Losilla (Añora) es “visigoda” no fue sólo un brindis al sol, sino la manera de obtener fondos del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid para excavarla (si hubieran llegado diciendo que se habían encontrado una mezquita del siglo VIII, les hubieran contestado que se alegraban mucho, pero cuartos no hubieran soltado; los neogermanos, como los chivos, tiran para su monte, y la palabra mágica para ellos en la antigua Hispania es: “Visigodos”). Lo que hay y lo que fue la Losilla se sabrá cuando se acabe la excavación, no antes.
     En Majadalaiglesia (El Guijo) ya vimos en este blog que la inmensa mayoría de sus documentos arqueológicos se remontan a los siglos I-III d.C., y que de época visigoda no hay más que el fragmento de una inscripción (en realidad, la letra “R”) del siglo VII y una patena litúrgica de  finales del mismo siglo. El baptisterio tetralobulado dentro de la actual ermita debe corresponder con una iglesia de época de la Hispania Tardía. Ni la patena ni el baptisterio tienen que ser, necesariamente, “visigodos”.
     La única referencia a germanos en los Pedroches de hoy es la lápida de Ilderico, fallecido el 26 junio 665 y enterrado a un kilómetro de donde hoy se encuentra Villanueva de Córdoba.
     Es cierto que en el registro arqueológico de los Pedroches del tiempo de la Hispania Tardía hay objetos que no tienen relación con la tradición nativa hispanorromana, y que encuentran tremendos paralelismos con otros similares de Renania, norte de Francia o Bélgica: los platos de vidrio depositados en las tumbas del NE de Córdoba, y que por su número y rareza se convierten en algo único en toda la antigua Hispania. Pero, por el momento, su origen y significado se nos escapan.
     Se dice también es ese artículo (pág. 117: “El mayor esplendor [de la comarca de los Pedroches] se alcanza en época islámica, cuando los asentamientos se multiplicaron y la zona se explotó tanto en el ámbito minero, como en el ganadero y en menor medida el agrícola”. Dado que, según tu título, la comunicación pretende entablar una aproximación arqueológica, esta opinión es difícilmente defendible si comparamos las pocas docenas de testimonios arqueológicos de al-Andalus con los varios centenares de sepulturas y otros tantos objetos (cerámicas, bronces, vidrios...) de época tardoantigua y visigoda que descubrió Ángel Riesgo entre 1921-1935 y depositados en los museos arqueológicos de Córdoba y Madrid; a los que hay que unir los objetos que se encuentran en los de Torrecampo y Villanueva de Córdoba. Son un millar de documentos arqueológicos de los siglos V-VII, frente a pocas decenas de los pertenecientes a al-Andalus. Los dos grandes periodos de auge de los Pedroches, a tenor del volumen de documentación arqueológica conocida, son el Calcolítico, en la Prehistoria Reciente, y la etapa tardoantigua y visigoda.
     Por ejemplo, la Colección Riesgo del Museo Arqueológico de Córdoba se compone de 287 piezas, trece de las cuales son de lugares ajenos al noreste de Córdoba. De los 274 objetos restantes, casi la mitad (47,45%) son de la Antigüedad Tardía y periodo visigodo; un tercio (37,59) son de la Prehistoria Reciente, especialmente del Calcolítico; un décimo (10,95%) corresponden al periodo romano. Sólo hay cinco objetos datados en al-Andalus, aunque es incorrecto (como se verá a continuación), pues hay tres cuencos clasificados como “platos de barro vidriados árabes” que en absoluto corresponden a ese tiempo. Sólo hay en el museo cordobés dos lucernas andalusíes, frente a ciento treinta objetos de los siglos V-VII. No hay comparación posible.


     (Una aclaración antes de continuar: Ángel Riesgo Ordóñez realizó numerosas excavaciones en el NE de Córdoba entre 1921-1935. Los objetos procedentes de ellas se encuentran actualmente en dos museos: en el Arqueológico Nacional de Madrid (en la denominada “Colección Aulló”) y en el Arqueológico de Córdoba (“Colección Riesgo”).
     Veamos a continuación los objetos procedentes de los Pedroches correspondientes al tiempo de al-Andalus conservados en los museos madrileño y cordobés:

Dedal de bronce del Califato Omeya (siglos X-XI).
     Perteneciente a la Colección Aulló, nº de inventario 1964/43/89 del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

      No aparece en los cuadernos de campo del excavador, Ángel Riesgo, pero hay que considerar que fueron parcialmente destruidos a comienzos de la guerra civil cuando fue saqueada su casa, y que los recompuso, ayudándose de su memoria, al concluir la contienda.

     Es un dedal de bronce de tres centímetros de longitud, con cuerpo en forma de bellota; tiene su superficie puntear para que la aguja no resbalase, y el borde decorado con trazos incisos.

     Se considera que este tipo de objetos está relacionado con la industria textil, y que fue empleado por guarnicioneros, albarderos, talabarteros y alpargateros, aunque se ha valorado asimismo que podrían haber sido una protección de los dedos en el uso de arcos y ballestas. Hay otro tipo de dedales más cortos y achatados, que habrían sido empleados en sastrería.

Candiles de piquera.
      Instrumentos imprescindibles hasta no hace mucho en los cortijos, escribe sobre ellos Juan Zozaya: "Ya desde la Prehistoria el hombre descubrió el valor de las grasas como materia poderosa para la iluminación, y esto le permitió, aunque de manera limitada, poder ver en las horas oscuras. El auge de las culturas protohistóricas mediterráneas, con el cultivo del olivo, permitió que el sistema fuera más económico al ser renovable el combustible con relativamente poco costo de producción. Dicho de manera jocosa, ya no fue necesario matar a un bisonte para iluminarse mal un par de noches, pues no había que desarraigar el olivo para producir aceite e iluminarse bastante tiempo... El principio de acción de un candil se basa en la combustión de una materia grasa vegetal, en este caso el aceite de oliva, material de gran calidad por su luminosidad clara y por su lenta consunción, que se refleja en una larga duración de luminosidad... El elemento combustible se ayuda de la presencia de una mecha o "torcida" de hilo de algodón, parcialmente inmersa en el aceite, que es necesario mover periódicamente a medida que el punto de ignición, en un extremo fuera del aceite, va destruyendo el tejido orgánico que lo compone... El candil cuenta con diversas partes, aunque parezca que es un útil relativamente simple":


                       (Juan Zozaya: "Los candiles de piquera", Tierras del Olivo, Jaén, 2007-2008)


      Griegos, fenicios, cartagineses o romanos emplearon los candiles (o lucernas en la denominación clásica), que los especialistas pueden identificar a tenor de sus formas. Lo que define y distingue a los candiles de piquera andalusíes es su alargada piquera, una pieza unida al depósito, en la parte opuesta al asa, sobre la que se sitúa la mecha, y que adoptó diversas formas que fueron cambiando a lo largo del tiempo.
     En la colección Riesgo del Museo Arqueológico de Córdoba se conservan dos candiles, fragmentados, del tiempo de al-Andalus, con número de inventario 27914 y 27915.
 
 (Fotografías de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba.)
 
     El color de la arcilla de ambos candiles, blanquecina o amarillenta muy clara, indica una procedencia foránea, pues el barro local da tonos anaranjados oscuros, rojizos o marrones.
     Del número 27914 no hay información de su procedencia, pero sí del 29715, que conserva una pequeña etiqueta manuscrita por Riesgo, en la que indica que apareció en un villar de la Charquita, un par de kilómetros al este de Villanueva de Córdoba. En sus libretas de campo dice Ángel Riesgo sobre este candil: "Una lucerna o candil. En los restos de villares de esta zona hallé un candil fracturado en el asa, tapa y boca. Tosca construcción. Arcilla fina amarilla, presenta en la boca y parte alta restos de sustancia vítrea, como gotas saltadas al bañar con ella otras vasijas". Cierto, el candil tiene unos goterones de vedrío verde en el depósito y en la piquera. (Una observación: puede comprobarse que la descripción de Riesgo se ajusta perfectamente a lo que vemos en la fotografía, lo que confirma la fiabilidad de sus registros).
      El lugar donde apareció la lucerna 27915, la Charquita, está próxima a la actual Villanueva de Córdoba y al camino que une a este localidad con Pedroche, es decir, con el ramal que unía a Bitrawsh (capital de la cora de Fahs  al-Ballut) con el camino del Armillat, principal eje viario entre Córdoba y Toledo durante el califato.
     Es el único objeto de la Charquita de este periodo, aunque en la colección Riesgo del museo cordobés hay más objetos de este yacimiento que parecen pertenecer al anterior periodo de la Hispania Tardía: dos jarros de barro, un plato de vidrio y objetos de adorno en bronce, cinco zarcillos y un anillo.


Cuencos vidriados posteriores a al-Andalus.
      Las tres piezas del Museo de Córdoba con número de inventario 27999, 28000A y 28000B corresponden a tres cuencos vidriados.
 
  (Fotografías de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba.)

     En el registro constan como "platos de barro vidriados árabes" pero, como dije arriba, no son del periodo de al-Andalus, sino posteriores, pues ni las formas, ni la decoración, ni el tipo de aplicación de la misma corresponden a lo que se sabe que salía de los talleres musulmanes. Esto es muy fácil de comprobar si comparamos el cuenco número 27800B con un ataifor elaborado en la corte califal de Medina Azahara en la segunda mitad del siglo X:


  (Cuenco: fotografía de María Jesús Moreno Garrido, Museo Arqueológico de Córdoba;
Ataifor: https://amigos-madinatalzahra.culturalspot.org/)


     Las circunferencias perfectas del cuenco de los Pedroches contrastan con las líneas de óxido de manganeso que trazó el artesano califal a mano alzada; además, y aunque parezca contradictorio, el vidriado de al-Andalus es de mucha más calidad y se ha conservado mejor que el más reciente del cuenco. Es posible que al ingresar la colección Riesgo en el museo de Córdoba, al anotar las piezas y ver una descripción de "plato vidriado" se diese por supuesto que fuesen de al-Andalus, que, en la Córdoba capital del califato, sería de lo más normal.

     En definitiva, de Fahs  al-Ballut se conocen algunas referencias literarias y escasos vestigios arqueológicos, además de los expuestos una quincena en el Museo de Villanueva de Córdoba. Sin embargo, de la etapa visigoda en los Pedroches no hay ninguna cita conocida en las fuentes textuales, mas los documentos arqueológicos se cuentan a centenares.

jueves, 3 de marzo de 2016

Texto completo del Pregón de la Feria de 2015 de Villanueva de Córdoba

     Ya se ha publicado el Pregón de Feria que ofrecí el pasado día 2 de agosto de 2015 en Villanueva de Córdoba. Estando ya en papel, hay que usar también las nuevas tecnologías en comunicación y ofrecerlo desde nuestro blog. Para que sea más cómodo he preferido hacer el "clásico copia-pega" en vez de subirlo en archivo .pdf. Debo, una vez más, agradeder al presentador, Daniel Pizarro Camacho, Pregonero de 2014, su enorme generosidad.
     Aclaro que el blasón que aparece abajo en la portada es el del linaje Palomo que desde Cantabria se encaminó a Extremadura, y de ahí al norte de Córdoba, desde donde nos encontramos al menos desde mediados del siglo XVI: dos jabalíes rampantes sobre una encina con bellotas doradas. ¡Vaya!, pensé cuando lo conocí, ni a cosa hecha se podría haber escogido mejor emblema para alguien que vive en las mejores dehesas del mundo, las de los Pedroches.




VILLANUEVA DE CÓRDOBA
PREGÓN DE FERIA 2015

PRESENTACION DEL PREGONERO DE LA FERIA 2015
Daniel Pizarro Camacho,Pregonero de la Feria 2014

Ilma. Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación Municipal, Cronista oficial, anteriores pregoneros, Reinas, Damas y Mister de las fiestas, Director de la banda de música y componentes de la misma, medios de comunicación, paisanos, asistentes y amigos:
Parece que fue ayer cuando ocupé esta tribuna como Pregonero de la Feria 2014 y ha pasado ya un año. Nos encontramos de nuevo en este magnífico escenario para hacer ahora la presentación de quien tomará el relevo como protagonista del Pregón de Feria 2015.
No puedo negar que siento una especial satisfacción por esta oportunidad de llevar a cabo una, necesariamente limitada en el tiempo, exposición de la personalidad de quien este año nos iniciará en nuestras fiestas. Y lo es por su calidad humana, su preparación cultural y su vocación intelectual: nuestro paisano Juan Palomo Palomo.
El hogar de Juan Antonio y Petra, padres de Juan, se enriqueció con la llegada de un nuevo jarote que vio la luz del día en la calle que lleva el nombre de nuestro Patrón San Miguel. Corría el 1963, año que albergó luctuosos sucesos como las desapariciones del Papa Juan XXIII y del Presidente John F. Kennedy, pero también ilusiones esperanzadoras como la enorme manifestación en el Lincoln Memorial de Washington DC, que vivió el discurso I have a dream (yo tengo un sueño) de Martin Luther King.
Ignoro si Juan vino con un pan debajo del brazo, como dice el refrán, pero la verdad es que la llegada al mundo de nuestro pregonero coincidió con la implantación, por vez primera, del salario mínimo en España. Bien es cierto que el mismo ascendía a la exorbitante cantidad de sesenta pesetas al día (treinta y seis céntimos de euro, de ahora), pero eran otros tiempos. Vino también apareada su nascencia, tal vez como premonición de su futura vocación arqueológica, con el descubrimiento ese año del Tesoro de Villena, en Alicante. Constituyó el hallazgo de orfebrería prehistórica más importante de la península ibérica y segundo de Europa, sólo superado por el de las Tumbas Reales de Micenas en Grecia. Lo constituyen 59 piezas de oro, plata, hierro y ámbar, con un peso de unos 15 kilos, una antigüedad de unos 1.000 años A.C. y procedente de la Edad de Bronce tardío.
Juan se considera genética y espiritualmente, con el mayor orgullo, descendiente de pizarreros, concretamente de los originarios de la zona entre los Puntales y el Barranco de los Tolones. No le falta razón, porque aquellos intrépidos y tesoneros paisanos supieron, a través del esfuerzo, la abnegación y las privaciones, domeñar la agreste Sierra Morena haciéndola productiva.
Su niñez y adolescencia estuvo imbricada en la trastienda de uno de aquellos pequeños comercios de la época. Recuerda, orgulloso de su familia y entorno, que colaboró a la economía familiar partiendo en el patio, con martillo y cincel, miles de kilos de pescada congelada, o subiendo a pie, por las graces, hasta la cámara, centenares de cajas de galletas.
Su cualificación académica es Diplomado Universitario en Trabajo Social, aunque reconoce que disfruta mucho más como archivero de la Parroquia de San Miguel de Villanueva. Historiador autodidacta, anda lidiando académicamente la materia en la Universidad a Distancia.
Con su exquisita sencillez confiesa que no tiene vocación de escritor, y lo que más le place es leer, conocer cosas nuevas. Sin embargo, movido por su afán de compartir, por hacer llegar a los demás las cosas de las que ha disfrutado conociendo, ha dado a luz, -dándole a la tecla como dice él-, hasta el presente, a tres libros:
-Del origen de Cardeña (Notas para la historia de Cardeña, Azuel y Venta del Charco) 1999.
-Villancicos de las Misas de la Virgen de Villanueva de Córdoba (De la tradición de los Pedroches), 2000.
-Historia de la Cooperativa San Miguel de Villanueva de Córdoba (1959-2011).

Se manifiesta también como articulista, y entre los trabajos publicados destacan:
- "La red viaria antigua en los Pedroches orientales (Córdoba)”, El Miliario Extravagante 87, 2003.
- "Los molinos hidráulicos en la Antigüedad", Espacio, Tiempo y Forma 19-20, 2006-2007.
- "Evolución de los caminos de Córdoba a Toledo por el norte de Córdoba desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna", Almirez 18, 2012.
Colabora frecuentemente con el Boletín Informativo de la Asociación de Cabezas de Familia, publicando sustanciosos textos. En la Revista de Feria anual, su firma aparece cada año. También hace sus pinitos con los nuevos mecanismos de comunicación en los que, con su acostumbrada modestia, manifiesta en el argot jarote que no es, precisamente, un aguililla, pero que ha aportado sus granitos de arena, como:
- Contenidos históricos de la página en internet de la Cofradía de la Virgen de Luna de Villanueva de Córdoba.
- Creador del blog Historia desde la Jara, dedicado exclusivamente a la historia y arqueología de los Pedroches.
A título personal recomiendo, a todos los presentes, hacer inmersión en sus publicaciones y en su blog, porque estoy seguro que disfrutarán de sus trabajos y aumentarán el conocimiento cultural sobre nuestra tierra.
Es un impenitente buscador e indagador de funerarios dólmenes e inhiestos y fálicos menhires, investigador infatigable de datos y circunstancias arqueológicas, históricas, socioeconómicas, culturales e incluso gastronómicas de nuestro amado pueblo y comarca. Se mueve en todos los terrenos y lo mismo investiga la antroponimia local, las necrópolis en roca, los molinos hidráulicos, los ilustres paisanos de la época del Califato, la industria lanera o el salmorejo jarote.
Recuerdo que hace algunos años coincidimos en un Congreso Internacional de Molinología, en el cual presentaba una ponencia, precisamente, sobre el encuadre histórico de los molinos hidráulicos. A partir de entonces tuve un especial interés en conocer su trabajo porque aprecié en Juan una gran dedicación y un excelente cuidado hacia el enfoque científico de la historiografía: con basamentos firmes en documentaciones serias y una fiable información bibliográfica, todo ello unido a un exhaustivo y analítico trabajo de campo.
Baste para ello, como ejemplo, hacer referencia a un amanecer del solsticio de verano,-que tuvo el placer de contemplar y transmitir fotográficamente-, a los pies de un dolmen en Torrubia, inusualmente orientado, para comprobar “in situ” su teoría basada en una justificación astronómica que originaría la disposición topográfica particular del megalito.
Reflejan su sensibilidad hechos como la ilusión con que realiza las excursiones ecológico culturales con su sobrino Juanito, iniciándolo en el conocimiento de los yacimientos prehistóricos, así como, -aún autoclasificándose encuadrado en el grupo tercero que define Caro Baroja, como un no incondicional amante de todas las tradiciones- en la gran inenarrable emoción que sintió cuando fue alabardero de la Virgen de Luna, el año 2012, como hermano mayor, y portó la enseña empuñada por tantas generaciones de manos jarotas.
Es exigente en sus investigaciones. Crítico con las, con frecuencia, conclusiones erróneas, equivocadas o infantiles emitidas sobre yacimientos o restos. Lo hace, incluso en ocasiones, con enfoque humorístico, como es el caso del petroglifo de la Venus Oronda de Las Aguzaderas, al que califica procedente, ni mucho menos de época prehistórica, como algún advenedizo aseveraba, sino del bautizado por él Pizarriense Reciente.
Para estar a tono con el carácter historiador que impregna la personalidad de nuestro pregonero, y contando en parte con su sentido del humor, quiero finalizar su presentación con unas referencias pretéritas relacionadas, de alguna manera, con su figura.
Luce nuestro amigo el apellido Palomo y además por duplicado. A titulo anecdótico recojo la exótica, pintoresca y cronológicamente increíble versión sobre su linaje. Según el genealogista Piferrer, en su obra Nobiliario de los reinos y señoríos de España, tiene su origen en el jefe de una tribu importante en la provincia del Chaco, en la India oriental. Al parecer, con gran fervor religioso, a finales del siglo XIV, deseó abrazar el catolicismo y Juan I de Castilla le concedió la Condecoración de la Orden de la Paloma,  pasando a llamarse, -imagino que en honor al rey y a la orden concedida- , el primer Juan Palomo de la historia.
Tiene Juan asimismo un homónimo, aunque no por supuesto relación de parentesco que yo sepa, en Diego Padilla, uno de los siete niños de Ecija, que adoptó el nombre de batalla de Juan Palomo. Intrépido bandolero, romántico y altruista, amigo de El Tempranillo, que cabalgó Sierra Morena y se refugiaba en la Casa Grande de la cercana Fuente la Lancha.
Pero quizá la referencia más usual y tópica relacionada con su apellido deba su origen a Francisco de Quevedo que, en una de sus múltiples poesías burlescas titulada “Letrilla Satírica III”, que forma parte de un conjunto de veinticinco, versifica:
Más estimo un dan que un don;
y es mi fuerza y vigor tanto,
que un testimonio levanto,
aunque pese más que plomo.
Yo me soy el rey Palomo:
yo me lo guiso y yo me lo como.

En la transmisión oral popular, con el tiempo, el original vocablo rey fue trastocado por Juan y, en esta transferencia, aparece el protagonismo de nuestro pregonero: “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”.
Es cierto que en el día de hoy, esta paremia es correcta tan solo a medias, ya que si bien el pregón ha sido cocinado en su totalidad por nuestro amigo Juan -se lo ha “guisado” él solo-, también es verdad que nos va a hacer participes a todos de él, compartiendo con nosotros tan preparado manjar.
Por ello, en su condición de pregonero 2015, aprovechando esta analogía culinaria, con el mayor afecto: tienes la palabra “chef”.

Villanueva de Córdoba, 2 de agosto de 2015.


PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE VILLANUEVA DE CÓRDOBA 2015
Juan Palomo Palomo.

Ilma. Sra. Alcaldesa; señoras y señores concejales; señor Cronista, Reinas, Damas y Místers de nuestra feria; queridos paisanos y amigos.
Cuando en nombre de la Corporación la Alcaldesa, Doña Dolores Sánchez Moreno, me propuso dar el Pregón de la Feria de este año intenté unas hábiles maniobras elusivas, que, evidentemente, resultaron infructuosas. Como dijo un famoso personaje literario, hay ofertas que no se pueden rechazar.
Asumida la cuestión, el asunto, además de orgullo, y satisfacción, me llenó sobre todo de responsabilidad. Y de auténtica zozobra. En primer lugar, porque no estoy aquí como individuo particular, sino como depositario de la confianza de nuestros representantes democráticos, para, en nombre de la comunidad de Villanueva de Córdoba, realizar un “discurso elogioso en el que se anuncie al público la celebración de nuestra feria y se le incite a participar en ella”.
En segundo lugar, por la forma de dicho discurso elogioso. Dado su carácter, es frecuente que se haga desde la emotividad, desde los sentimientos; desde unos recuerdos y vivencias comunes que nos hacen sentir y considerar que pertenecemos a un cuerpo social. Mis ilustres antecesores han tratando desde este enfoque, de modo magistral, a la feria, a Villanueva y a sus gentes. Proseguir por esa senda hubiera sido iterativo, y no tendría mucho nuevo que aportar.
Esta era mi preocupación: ¿qué puedo ofrecerle a mi pueblo? Mi ámbito de conocimiento es la Historia, y ya que en el cartel anunciador dice: “Feria y fiestas de Villanueva de Córdoba”, les invito a que demos un paseo histórico por eso, por las ferias, las fiestas y los orígenes de Villanueva de Córdoba. Un paseo para hacer gana de feria

1.- FERIA.

1.1.- Las ferias en general.

Las ferias son el primer elemento a tratar.
Hace más de un siglo que el Padre de la Historia Jarota, don Juan Ocaña Prados, describía la tradicional feria de San Miguel, diciendo: “La llamada impropiamente feria se componía de algunas tiendas de juguetes, puestos de cristal y loza, de calzado, espartos, cordeles, hierros y otras menudencias, sin faltar los turrones y golosinas”. Don Juan Ocaña sabía que desde la Edad Media las ferias habían sido otra cosa.
Desde sus orígenes medievales las ferias tuvieron sustanciales diferencias con los simples mercados. Como decía Alfonso X en sus Partidas, mercado es el lugar “do se ayuntan los homes a comprar e a vender las sus cosas”. Su frecuencia era alta, celebrándose diaria o semanalmente. El objetivo primordial del mercado era abastecer a la población de productos básicos, dando salida a los excedentes de los campos cercanos.
Las ferias, en cambio, se celebraban una o incluso dos veces al año, con una duración superior a una semana. Los productos que se mercadeaban en ellas podrían proceder tanto de las inmediaciones como de lugares lejanos, y su finalidad no era proveerse para el día a día, sino el abastecimiento durante largo tiempo o de mercancías poco frecuentes.
A partir del siglo XII Europa occidental se llena de ferias; la más antigua de los reinos hispánicos es de 1116, aunque fue en el siglo XV cuando se creó la más famosa de todas, la de Medina del Campo.
Durante la Edad Moderna los reyes españoles protegieron y apoyaron con privilegios las más destacadas, pues sabían que formaban el principal circuito de mercancías y capitales imprescindibles para sostener la monarquía. Así que durante el siglo XVI el auge de las ferias castellanas fue extraordinario.
En el siguiente siglo, el XVII, tuvo lugar su irreversible declive, cuya principal causa fue el enorme apuro de las finanzas de la monarquía, que acabaron que agotar y arruinar a estos circuitos comerciales: al estar la hacienda real tan estrechamente vinculada a las ferias, su déficit crónico las arrastró consigo al desastre.
Entre los siglos XVII y XIX se produce un gran desarrollo industrial, y las ferias tienen una importante transformación: de ser lugares donde se realizan intercambios comerciales, pasan a ser medios para promover los avances tecnológicos de un país y mecanismos para impulsar la actividad comercial.
En definitiva, el concepto de feria y sus elementos han ido evolucionando a lo largo de los siglos. En la Edad Media, cuando las comunicaciones eran peligrosas y difíciles, cuando eran escasos los sitios donde encontrar objetos de lujo o de primera necesidad, esas grandes reuniones de gentes de todos los lugares eran florecientes y tenían un objetivo de aprovisionamiento. Posteriormente, a la feria se le unió el concepto de fiesta: con sus tenderetes móviles, sus mercancías variadas y no frecuentes, con espectáculos, con asistentes que acudían solo por divertimento, las ferias tenían como principal cometido proporcionar diversiones a la población. Y es en este ámbito donde se encuadra nuestra feria jarota.

1.2.- Las ferias de Villanueva de Córdoba.

Escribía don Juan Ocaña Torrejón que desde tiempo inmemorial se celebraban en la Fuente Vieja las fiestas de septiembre o San Miguel. Creo que es algo lógico al ser el espacio público más amplio (su extensión se vio reducida en el siglo XIX al vender parte de sus terrenos), dado que la explanada inmediata a la iglesia de San Miguel, lugar utilizado como cementerio hasta 1813, estaba circundada por una pared que iba de una a otra de las puertas laterales de la iglesia, manteniéndose dicho muro hasta mediados del siglo XIX.
En principio, las fiestas en honor al patrono local, San Miguel, comenzaban el 29 de septiembre y terminaban el primer domingo de octubre. En la Fuente Vieja se instalaban puestos de venta de cristal, loza, calzado, etc. para los adultos; y los tenderetes de juguetes, turrones y golosinas, caballitos de madera, pim, pam pum para los niños. En los primeros años del siglo XX aparecieron novedades feriales, como cine, o corridas de toros en una plaza construida al final de la calle Luna.
En 1910 el alcalde de Villanueva, don Matías Moreno Blanco, se propuso darle más carácter y entidad a la única fiesta popular anual de la localidad.
Dado que no existía disponibilidad presupuestaria desde el Ayuntamiento, el alcalde recurrió a la iniciativa privada, convocando una reunión entre los principales comerciantes e industriales, a quienes expuso su proyecto. Fue aceptado con entusiasmo, creándose una comisión ejecutiva para hacerlo realidad.
La feria de 1911 discurrió entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre. Cucañas, globos aerostáticos, corridas de toros, funciones de teatro y cinematógrafo, bailes públicos y de sociedad, fin de fiesta con una función de fuegos artificiales en el nuevo y flamante Paseo de la Estación, compusieron el programa de festejos. Decía Ocaña Prados que “lo que más llamó la atención del público en esta festividad fue la soberbia iluminación colocada en la Plaza Constitucional, en la plazuela de la Fuente Vieja y en el trayecto que media entre ambas… Construyéronse arcos adornados con esmero, escudos, banderas, gallardetes, farolillos a la veneciana… realzado por la intensidad del alumbrado eléctrico… en cada arco había cinco bombillas de 16 bujías”. El siglo XX había llegado a Villanueva.
Anticipándose a la tendencia de las ferias sectoriales actuales, se celebró una feria de ganado en el recién estrenado Paseo de la Estación ese mismo año de 1911.
A partir de entonces, la feria fue cambiando de fechas y de localización. En 1913 fue trasladada al Paseo de la Estación, aunque duró poco allí, ya que en 1914 pasó al Calvario, donde continúa. En 1917 se modificó su fecha, llevando su inicio al 19 del mismo mes, aunque tres años después se consideró que debería comenzar el 15 de septiembre. Quizá para ajustar más su celebración al ciclo agrícola, pues a mediados de septiembre, generalmente, se estaba a la espera de las primeras lluvias otoñales que permitieran las labores en el campo.
En 1971 pasó a celebrarse el 4 de agosto, para permitir, sobre todo, que las personas que habían emigrado recientemente pudieran retornar a sus orígenes en las vacaciones estivales.
En 1997 se produjo la última modificación, decidiendo que comenzase el primer martes de agosto y acabase en la madrugada del domingo, ocupando prácticamente una semana natural completa.
Durante buena parte del siglo XX se celebraba una feria de ganado coincidente con la de San Miguel, al principio en el Paseo de la Estación y posteriormente en el Calvario. En la de 1968 tuvo lugar la I Feria Exposición de Maquinaria Agrícola del Valle de los Pedroches, lo que era un salto cualitativo en la oferta ferial.
Aunque la mayor innovación en este aspecto ha sido la creación, en 2001, de la Feria del Jamón Ibérico, al comienzo de Villanueva en particular, y luego de los Pedroches en general. Tiene como objetivo dar a conocer la excelente calidad de los productos derivados del cerdo ibérico criado en la comarca, siendo sobre todo la degustación de jamón lo que prima.
Esta feria del Jamón, junto con la Denominación de Origen de Ibérico de los Pedroches, ha contribuido a que desde nuestra tierra se inicie en serio una nueva forma económica, pasando de ser de meros vendedores de ganado a industriales que venden sus jamones. Hasta hace poco, todas las plusvalías y valor añadido del cerdo ibérico salían de nuestro centro de producción; el objetivo es que todos ellos repercutan en los productores y en la comarca. La Feria del Jamón tiene el cometido primordial de dar a conocer la excelente calidad de nuestros productos: lo que no se conoce, no se compra.

2.- FIESTAS.

2.1.- El carácter de las fiestas.

Las fiestas son el segundo elemento a considerar. Aunque parezca una contradicción, las fiestas son una cosa muy seria. El mismísimo Yahvé, poco dado a las bromas, se lo dejó bien claro, y por escrito, a Moisés en sus tablas de la ley: santificarás las fiestas; él mismo se había tomado un día de fiesta tras la creación del Universo.
Creo que las fiestas tienen su causa primera en una característica de nuestra especie que nos distingue del resto de homínidos: la capacidad para entrar en la mente del otro, para saber lo que piensa. Los conocimientos y la experiencia se multiplican y se transmiten, tanto horizontalmente, entre los miembros de un conjunto, como verticalmente, de generación en generación. Esto nos llevó a evolucionar no como individuos, sino como grupo. Pero esta común unión puede generar tensiones, tanto en las relaciones de los individuos entre sí como entre diferentes grupos. Así que de tanto en cuanto haya que realizar ritos o ceremonias que reafirmen el carácter grupal de una comunidad. Al unirse a la perspectiva religiosa, los ritos y celebraciones impusieron el acatamiento de los principios que permitían la cohesión y el orden sociales.
El carácter comunitario de las fiestas ha sido resaltado por quienes las han analizado desde un punto de vista sociológico y antropológico. Por citar a dos grandes, Émile Durkheim consideraba que la fiesta primitiva era como una efervescencia colectiva, una de las formas elementales de la vida colectiva y la expresión de una solidaridad mecánica. El uno totalitario predomina sobre el átomo individual. Don Julio Caro Baroja, en su obra El carnaval, define a la fiesta como el hundimiento del individuo en el subconsciente colectivo.
El tiempo es un componente esencial de la fiesta, pues, además de su carácter de cohesión social, la fiesta es una ruptura del hábito, la negación de lo cotidiano y la trasgresión de las normas establecidas. El tiempo festivo es universal y cósmico, se produce y reproduce constantemente; hay un nacimiento, un desarrollo y una muerte de la fiesta, lo que sirve para generar y regenerar la cultura de un grupo social.
La fiesta es también el momento de inserción en la comunidad de nuevos miembros, que asumen los valores culturales del grupo, o de reencuentro de los que se encuentran diseminados.
Al igual que el sueño nos sirve para eliminar los residuos de la actividad diaria, las fiestas son también las ocasiones que sirven de catarsis, de limpieza purificadora de la comunidad.
La fiesta, pues, se nos muestra como una Jano Bifronte (o el águila imperial de los Austrias de nuestro escudo), con dos caras aparentemente opuestas pero que forman parte de un único cuerpo, de una única realidad social: ceremonias y ritos de cohesión social de carácter grupal, pero también “regocijo dispuesto para que el pueblo se recree”, como dice el DRAE.
Hasta prácticamente mediados de la década de 1960, cuando la cultura del ocio estaba aún por descubrirse, eran muchas familias que vivían en los campos durante meses, y tenían en esos pocos días de feria el único escape anual a la rutina de las labores agrícolas. Y como tal era vivida, con el regocijo que ofrece lo escaso.
Hoy en día nuestros hábitos han cambiado, los motivos que dieron lugar al cambio a agosto de la feria ya no se dan, y quizá fuera positivo que la feria volviese a septiembre, al primer martes de septiembre, por ejemplo, para que no coincidiera con las vacaciones de agosto de la mayoría de la población, ni tampoco con el calendario escolar. Nuestra feria y fiestas locales deben potenciarse, pues no debemos olvidar que constituyen un elemento primordial de nuestra identidad grupal, tanto para nosotros mismos como ante las comunidades vecinas.

2.2.- Otras fiestas de Villanueva de Córdoba.

La feria de agosto, antes de San Miguel, es la fiesta que celebra de forma institucional la comunidad de Villanueva de Córdoba, pero hay en el ciclo anual otras que también pueden definirse de jarotas, tanto por su forma o por la manera de manifestarse.
La primera en el calendario es la de San Sebastián, el 20 de enero. Es la fiesta de los aceituneros, pues era en esos días cuando se estaba desarrollando la plena recolección de aceitunas. Es una fiesta jarota en tanto otras localidades cercanas celebran la misma fiesta días antes, el de San Antonio. Cuando las gentes pasaban largos periodos en los olivares, este era un día especial; la víspera del Santo se hacían grandes candelas en los cortijos, visitándose unas faneguerías a otras y culminando la velada con cantos y bailes. Hoy en día, las candelas que se hacen en lo Alto del Santo, junto a la ermita de su titular, mantienen esta tradición.
Prosiguiendo en el calendario, a la espera de la primera luna llena de la primavera, la Semana Santa se inaugura en Villanueva diez días antes del Domingo de Ramos, en una procesión exclusivamente jarota: La procesión de las Velitas. Su origen pudo estar en el traslado de la imagen de la Virgen de los Dolores desde la iglesia de San Miguel a la ermita de Jesús, en la calle Real, aunque luego acabara consolidándose como uno de los elementos más singulares de la cultura jarota, pues junto a la Virgen, los protagonistas de ella son los niños, que la acompañan portando velas, cuyo adorno tradicional eran azucenas de papel. El desfile de los niños acompañando a la Virgen de los Dolores es absolutamente entrañable y lleno de emotividad, y sientes que es el futuro de Villanueva el que pasa delante de ti.
Cincuenta días después del Domingo de Resurrección, en el Lunes de Pentecostés, tiene lugar la que considero la auténtica fiesta nacional jarota: la romería de la Virgen de Luna, en la que su imagen es traída desde su ermita a Villanueva, donde permanece hasta el segundo domingo de octubre, en que es llevada de nuevo al santuario. El que podamos hacer hoy esta romería no fue gratuito, nuestros antepasados jarotes tuvieron que luchar, y no solo en sentido metafórico, para realizarla. Los primeros pleitos con otro municipio cercano datan de 1589, reactivándose durante 1681-1685. No cejamos en nuestro empeño, y cada año celebramos su llegada. La procesión del Lunes de Pentecostés en Villanueva de Córdoba es como el Aberri Eguna o la Diada jarota, pero con la diferencia de que es mucho más antigua, y no es artificial, sino que  nació del pueblo, quien la mantuvo y la vive con júbilo. Es cuando se muestra de modo inequívoco el, digamos, sentimiento nacional jarote. Por eso, cuando se produjo el gran éxodo migratorio de los años 60-70 del pasado siglo, en los dos lugares donde residían más personas naturales de Villanueva, en Barcelona y Madrid, se crearon hermandades de la Virgen de Luna. Fue usual entre los emigrantes andaluces que, para reafirmar su identidad al residir en otros lugares, se unieran o crearan cofradías de la Virgen del Rocío. A los jarotes que habitaban en Madrid o Barcelona no les hacía falta, nuestra Virgen de Luna era el símbolo, el icono de nuestra comunidad, Villanueva de Córdoba, lo que la representaba y lo que la definía. No nos hacía falta nada más, y mucho menos si era ajeno a nuestra tradición. Bien visto, ¿cuántos pueblos hicieron lo que nuestros paisanos allí, seguir manteniendo su cultura, ritos y símbolos, allá en tierra extraña?

3- VILLANUEVA DE CÓRDOBA.

3.1. Encina Enana, Villanueva de la Jara, Villanueva de Córdoba.

El tercer y último elemento a considerar en nuestro paseo es Villanueva de Córdoba.
Don Juan Ocaña Prados recogía la tradición según la cual nuestra localidad surgió tras la Peste Negra de 1348, a partir de vecinos de Pedroche que huyeron de ella. En realidad, eso es lo que dice Luis María Ramírez de las Casas-Deza en 1840, pero refiriéndose a Torrecampo.
La hipótesis más extendida sobre el origen de las villas de la comarca las hace proceder de Pedroche. Es lo que escribió en 1660 el franciscano Fray Andrés de Guadalupe en su Historia de la Santa provincia de los Ángeles.
Ninguna de las dos tradiciones se basa en ninguna fuente escrita, sino que entran dentro de lo legendario.
Basándonos en los documentos, la primera referencia sobre Villanueva de Córdoba, con su primigenio nombre de Encina Enana, es de un siglo posterior a la Peste Negra, ya en el siglo XV. En el traslado de una escritura fechada el 26 de septiembre de 1437, un testigo, natural de Adamuz, “...dixo ql tenia de por suya la dicha posada dl guijo q gla qmo un ome de Ensina Enana...” (“dijo que él tenía de por suya la dicha posada de El Guijo que la quemó un hombre de Encina Enana”). [Una pequeña digresión: se había comentado que el prístino nombre podría haber sido Encina Nava, que no Encina Enana, pero en este documento, que dio a conocer don Miguel Muñoz Vázquez en la Revista de Feria de Villanueva de Córdoba de 1989, es perfectamente legible la palabra “Enana”; al igual que en el documento de 1499 que se citará a continuación. Fin de la digresión.]
El lunes 6 de mayo 1499 un representante de los habitantes de Encina Enana solicitaba del cabildo de Córdoba que se cambiase el nombre por Villanueva de Córdoba, lo que aceptó el cabildo, mandando igualmente que se proveyese de un alcalde y un escribano. Hay que reseñar que Encina Enana no tenía entonces entidad jurídica municipal propia, era un “lugar” dependiente administrativamente de Pedroche. Ese alcalde (cuyo nombre proviene del árabe al cadí, juez) era un juez, que sólo entendía en asuntos de materia civil de cuantías no superiores a 300 maravedís. Para apelaciones a sus sentencias, o en cuestión penal, tenía que remitirse a las instancias superiores de Pedroche o Córdoba.
Al analizar la documentación del proceso que desembocó en la independencia jarota, don Juan Gregorio Nevado Calero (de la Real Academia de Córdoba), hace unas interesantes apreciaciones. Encina Enana no es denominada nunca “aldea”, sino “lugar”, habiendo diferencias entre ambos conceptos: Lo que define a esta palabra, lugar, es que no tiene jurisdicción propia, está sujeto a otra entidad local superior. Aldea, al contrario, es una expresión que generalmente va acompañada de su villa matriz, y que tiene un gran peso económico y social en el territorio. Al ser nombrada siempre como lugar, en opinión del señor Nevado Calero, “expresan la inexistencia del vínculo directo entre el pueblo matriz y el nuevo centro de población”.
Una muy interesante consideración, que rompe el mito del origen común de las villas en Pedroche de Fray Andrés de Guadalupe. Costumbres jarotas únicas en la comarca como el uso de nuestra hierba de San Juan, Sedum ampexicaule, o la ausencia del yeyeo en el habla, tan frecuente en el resto de la comarca, parecen apuntar a ese origen diferenciado de los jarotes primigenios (o, al menos, de un grupo significativo) que, por ahora, de existir, se nos muestra oculto.
Prosigue don Juan Gregorio Nevado que, "al cambiar el nombre de Encina Enana escogieron uno que asume la identificación jurídica y al mismo tiempo el ámbito jurisdiccional: por un lado villa y por otro Córdoba. Seguro que fue un acto de inteligencia y valentía mezclado con audacia", porque, en puridad, no tenía la condición de villa, aunque pretendiera defender los intereses de sus habitantes, planteando un pleito ante la Chancillería de Granada en 1541-1545 contra Pedroche sobre el control y el aprovechamiento del término.
Algunos motivos para buscar la independencia de Pedroche aparecen explícitos en la documentación de la época, mientras que otros se nos muestran implícitos. Los jarotes de entonces argumentaban los perjuicios que les producía estar a tres leguas de la villa donde se impartía justicia, lo que hacía que muchos renunciasen a pleitear por los gastos e inconvenientes que acarreaba dejar sus labores y heredades: ello suponía desgobierno e injusticia. También debían sentirse perjudicados en el reparto de los bienes de gestión comunal, o en el repartimiento de impuestos a satisfacer. Podría ser, en realidad, que las élites locales buscaran el dominio directo de la población sin intromisión de otro concejo, algo que las beneficiaba a ellas e igualmente a la ciudad de Córdoba, que contaba con un nuevo centro de recaudación y aumentaba su poder como entidad jurisdiccional intermedia, reforzando su influencia en el gobierno central al ser una ciudad con voto en Cortes.
La oportunidad se produjo a finales del reinado de Carlos V. Las enormes necesidades de la corona en su lucha con protestantes alemanes, católicos franceses, sarracenos norteafricanos y turcos hicieron que obtuviera nuevos ingresos por la venta de jurisdicciones de lugares y aldeas dependientes de la monarquía.
El 18 abril 1553 se expedía el documento que concedía la exención jurisdiccional de Villanueva de Córdoba, otorgándole el título de villa. Sus 280 vecinos y moradores (entre mil y mil doscientas personas) pagaron por ello 700.000 maravedís, equivalentes a 2.000 escudos de oro. A razón de 3,38 gramos por escudo, entraron en las reales arcas 6,76 kilos de oro, por lo que la independencia habría equivalido a unos 200.000 euros de hoy.
Otro nombre con el que aparece nuestra localidad es el de Villanueva de la Jara, hasta en mapas o enciclopedias del siglo XVIII. No fue nunca su nombre oficial, pero al haber ya en la zona otra Villanueva, primero del Marqués y después del Duque, y estar en el corazón de la Dehesa de la Jara, fue llamada así, Villanueva de la Jara. Y jarotes sus habitantes.

3.1. Al principio, fueron el agua y los caminos.

El marco general en que nuestra localidad nace, crece y alcanza su mayoría de edad (siglos XV a mediados del XVI) fue favorable para el crecimiento de la población española en general. La cuestión es por qué Villanueva surgió donde hoy nos encontramos. La respuesta, que ya anticipó don Juan Ocaña Torrejón, está en los caminos, que constituyeron los ejes que articularon el inicio y desarrollo urbano.
El primero de estos caminos fue el que denominamos popularmente “del Armillat”, por transitar por el río Guadalmellato. Fue la principal vía de comunicación entre Córdoba y Toledo durante el califato omeya, en los siglos X y comienzos de XI. Discurría por la actual Villanueva por las calles Laguna del Pino, Sol, Nieve, Cruz de Piedra, Ventura, las Cañadas, Torrecampo, para continuar al norte en dirección al Puerto Mochuelo. Precisamente en la calle Ventura existía una inscripción árabe fechada en el año 1002, de carácter conmemorativo, aunque no sabemos exactamente sobre qué. Con la disolución del califato en el año 1031 el camino de Armillat se abandona.
Tras la toma de Córdoba en 1236 la red viaria entre el centro y el sur peninsular va variando y ampliándose. En el año 1273 se crea el Honrado Concejo de la Mesta, que se reglamenta en 1347, y aparecen las vías pecuarias para el tránsito del ganado trashumante, en muchas ocasiones empleando caminos antiguos y vías romanas.
Uno de estos caminos de carne, la Cañada Real Soriana llegaba a tierras cordobesas tras cruzar el Guadalmez, separándose de ella un ramal que, dejando a su derecha a Torrecampo continuaba hasta los parajes donde se halla Villanueva, y aquí se dividía en tres caminos: el llamado de Encina Enana a Adamuz; el camino del Rongil, que se dirigía a Obejo, y el tercero el camino del Armillat que se citaba anteriormente.
No se sabe cuándo surgió Encina Enana. El catalizador para que fuera aglutinándose población pudo ser una venta, como propone Ocaña Torrejón, pues sí tenemos constancia de que Conquista, Cardeña, Azuel y Venta del Charco son localidades que nacieron al albur de una venta en un camino.
Acaso colaboró otro factor: la abundancia de agua subterránea. Hay que recordar que Villanueva se encuentra inmediata a la divisoria de cuencas del Guadiana y Guadalquivir, por lo que no hay arroyos de entidad, y esos acuíferos son muy importantes para el ganado trashumante o de simples viajeros.
Según la tradición, la zona más antigua del pueblo es la comprendida por las calles Casas Blancas, Cañadas, Torrecampo y Castillejos, pero no hay ningún documento que avale, o no, esta hipótesis.
El camino del Armillat, ya convertido en vía pecuaria, pudo ser el primer eje urbano de Villanueva, aunque, como ya observara don Juan Ocaña Torrejón, con una ligera variante respecto a su trazado original: en la calle Sol, en su cruce con calle San Blas, comienza una larga cuesta que culmina en el Cerrillo de la Nieve. Para evitarla desde el callejón de los Mazacotes giraría a la izquierda, y por la calle Empedrada llegaría a la Fuente Vieja, que podría haber sido el primer foro urbano. Cerca de ella, en la esquina de las calles Cerro y Conquista (frente al teatro) estuvo la cárcel vieja, acaso construida cuando en 1499 se dieron las primeras autoridades. El final de la calle Cerro enlazaría con el trazado del antiguo camino califal.
Junto al camino se encuentran numerosos pozos públicos: la Fuente de la Estrella, la Fuente Vieja, el de la Cruz de Piedra, Cañada y Fuente del Sordo.
Durante los siglos XII al XIV la presión cristiana sobre la zona del noreste de Córdoba hizo que los caminos que iban desde el Guadalquivir hasta el centro peninsular fueran desplazándose al oeste, por Pedroche y Belalcázar; pero esta no es la dirección natural, pues Toledo queda al noreste de Córdoba. Una vez que la situación bélica se había calmado, y la frontera estaba al sur de la provincia, el concejo cordobés solicitó del rey en 1394 que se le otorgaran beneficios fiscales a una docena de ventas para reactivar el tráfico comercial y de viajeros por dos caminos que tenían un trayecto más corto y cómodo para viajar desde Córdoba a Toledo.
Uno de ellos, llamado del Villar, iba desde Córdoba por la cuesta de Santo Domingo hasta Obejo, donde enlazaba con el que se dirigía hacia Villanueva que se nombraba arriba.
El otro cruzaba la sierra para llegar a Adamuz, prosiguiendo hasta el norte. Fue el que se pobló de las ventas franquiciadas que a todos nos suenan, como Venta Orán, Venta los Locos, Venta Velasco o Ventas Nuevas. Este camino de Toledo a Córdoba por Conquista y Adamuz, el Camino Real de la Plata, se convirtió en la vía más importante de comunicación entre el centro y sur peninsular (hasta que Carlos III desplazó el camino por Despeñaperros). Al llegar a las inmediaciones de la estación del AVE el viajero podía ir desde el Camino de la Plata hasta Villanueva por la vía pecuaria de ésta a Montoro.
Al entrar en la actual población el camino discurría por las calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza de España. Desde aquí el viajero podía ir hasta Pedroche por la calle Herradores, o enlazar de nuevo con el Camino de la Plata por las calles Mártires, Conquista, Cruz de Piedra y Navaluenga.
Este tramo de camino se convertiría en el nuevo eje urbano de Villanueva. Una amplia explanada, la plaza, donde el agua subterránea es abundante, fue el núcleo de la vida social jarota. Se levantó la iglesia principal, la de San Miguel, aunque en el mismo camino también se construyeran dos ermitas en el siglo XVI, la de Jesús y la de San Sebastián. Quizá como consecuencia de la nueva categoría de Villa a partir de 1553, se levanta un edificio para el Concejo municipal, la audiencia. También se construye en el mismo sitio un pósito, para almacenar las cosechas de cereales, el actual ayuntamiento. Como en todas las poblaciones de entonces, junto a la iglesia principal se hizo el cementerio, que se mantuvo allí, como decíamos, hasta 1813.
El otro camino que buscaba potenciar el cabildo cordobés, el del Villar-Obejo-Villanueva, también influyó en la configuración del callejero: entraba en el pueblo por el Calvario, prosiguiendo por la calle Moreno de Pedrajas. Al llegar a la Cruz Chiquita se bifurcaba, pudiendo ir por la izquierda, calle del Torno o de Ramón y Cajal, hasta la Plaza, y enlazar hacia Pedroche o Conquista. Por la derecha proseguía por las calles Atahona, Cervantes, Empedrada para llegar a la antigua Fuente Vieja.

Y tras este paseo por nuestra historia y nuestras calles, debemos recordar el sabio consejo de nuestros mayores: “En tiempo de melones, pocos sermones; y en época de sandías, menos todavía”.
Pero como pregonero vuestro que soy, os debo exigir que nos regocijemos con la feria, y esa exigencia, os la voy a pedir. (Bueno, a los adolescentes no hace falta, sus hormonas ya se encargan de eso.)
Que salgan los matrimonios a complacerse de la buena compañía de familia y amigos, y a deleitarse con las ricas tapas que hay por la calle la Feria, la Ronda del Calvario o la Calle Ancha.
Vosotros, quienes ya estáis en la edad del júbilo, porque con vuestro trabajo, tesón e ilusión construisteis nuestra realidad, vosotros, que sabéis que en vuestra mocedad sólo estaba la feria para olvidar la rutina anual, invadid la caseta municipal y las muchas que se levantan para la ocasión. Y recogeos más tarde que los zorollos.
Abuelos en buen uso y tíos agregados, coged a vuestros nietos y sobrinos porque la mejor manera de disfrutar de la feria es con un niño de la mano.
Los latinos decían: Carpe diem, aprovecha el momento, no lo malgastes. Jarotes, seamos sensatos, y disfrutemos de nuestra feria.
Gracias.




miércoles, 3 de febrero de 2016

Modificaciones en los nombres de las calles de Villanueva de Córdoba

     El callejero de cualquier población guarda entre sus nombres mucha de su historia, aunque a veces el paso de los tiempos (y la ausencia de fuentes de información) nos impiden saber qué méritos o cualidades tuvieron Juan Blanco o Juan de López para que sus vecinos decidieran conocer esas calles con tales denominaciones. En otros casos parece evidente que un señor llamado Francisco Rey tuvo un horno de pan en esa calle, por lo que al comienzo fue conocida como callejón del horno de Francisco Rey, pasando por economía del lenguaje a Horno de Rey y, posteriormente, a ser llamada simplemente calle Rey. Los nombres o apellidos de personas que habitaron en ciertas calles acabaron por darle el nombre a las mismas: Viveros, Pérez, Contreras, Juan Blanco, Juan de López, Rey, Palma.
     Algunos nombres antiguos se deben a hitos topográficos, como la calle del Pozo, Cerro, Laguna del Pino, Peñascal, Piedras Altas (hoy Plaza del Carmen) o la calle Zarza, en principio Callejón a la fuente de la Zarza.
     Otros tienen su origen en las características de su trazado o de sus casas, como la calle Torcida, Empedrada, Casas Coloradas o Casas Blancas. También los hay porque en ellas tuvieron su asiento determinadas actividades, como el Callejón de la Sal (donde este producto era un monopolio vendido en una determinada tienda); la calle Cuartel, pues en ella tenía lugar la concentración de tropas; la calle Concejo, por el lugar donde se reunían los justicias y regidores de la población; la calle Tahona, por existir un horno para pan; o la calle Nieve, por haber en ella en el siglo XVIII un pozo para guardar la nieve, que entonces tenía fines medicinales.
     Hay calles que deben su nombre al ser en su origen los caminos que se dirigían a otras localidades, como Conquista, Torrecampo, Pedroche, Pozoblanco, Adamuz, Córdoba o Ventas (por iniciarse en ella el camino que iba hacia las entonces ventas de Cardeña y Azuel). 
     También existen otras cuya etiología se desconoce por completo, como Anacid, o Jetones. Sobre esta última escribía don Juan Ocaña en su Callejero de Villanueva de Córdoba (página 46): “Mucho se ha hablado y fantaseado sobre dicho nombre, sobre todo por su semejanza en la pronunciación con el ‘getto’ judío”, es decir, que para algunos sería la calle donde habrían vivido los judíos de la localidad. Pero es algo anacrónico, ilógico y absurdo, y como ya dijo el Guerra, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por muchos motivos, en los que merece la pena detenerse:
1.- No hay constancia alguna de presencia de personas de etnia judía en Villanueva. Al menos no consta ningún judaizante en los procesos de la Inquisición contra personas de la comarca, aunque eso tampoco impide que existiesen (véase información aparte).
2.- La palabra “gueto” proviene del italiano “ghetto”, y éste del veneciano “geto”, “fundición de hierro”, pues en un barrio de Venecia donde existía una fundición fue el lugar donde se les obligó a los hebreos a que tuvieran su residencia forzosa desde 1516.
3.- En España el vocablo tradicional para denominar los barrios de poblaciones judías siempre fue “judería”, palabra que aparece en el primer diccionario de la lengua española editado por la Real Academia Española, el Diccionario de Autoridades, de 1726-1739.
4.- La palabra “gueto” se hizo muy tristemente famosa tras la Segunda Guerra Mundial y la política de extermino racial de la Alemania nazi. Hasta entonces, era un vocablo desconocido en España, por lo que difícilmente puede tener relación con el nombre de una calle de 1771.
     Así que no debe tener ninguna consideración la relación del nombre de la calle Jetones con lugar de residencia de unos judíos muy probablemente inexistentes. Más acertada parece la opinión de don Juan Ocaña, para el que derivaba del vocablo castellano “jetar”, en el sentido de desleír algo en un líquido, y de alguna actividad que se realizara en dicha calle relacionada con esta acepción.
     Gracias sobre todo a los archivos parroquiales, en concreto a los padrones parroquiales que se en parte se han conservado, podemos conocer las dimensiones de Villanueva y los nombres de sus calles desde el siglo XVII. Puede comprobarse que muchos de aquellos nombres se han mantenido hasta hoy (Cerro, Parralejo, Casas Blancas, Concejo…), y aunque en otros casos sus hombres oficiales se han cambiado, el pueblo las sigue conociendo como calle Alta o Empedrada, Pérez o Cepas (Hermanos Martos, Canalejas, María Cristina y Manuel Ayllón, respectivamente).
       Cuando a mediados del siglo XIX Villanueva comienza a expandirse con su particular ensanche, especialmente al suroeste, van apareciendo nuevas calles que es necesario nominar, y en los nuevos nombres se aprecian claramente las distintas ideologías de los regidores locales de cada momento: cuando están en el gobierno los liberales los nombres impuestos a las nuevas calles parecen sacados del optimismo de la Ilustración: Progreso, Fomento, Liceo, Libertad, Independencia, Industria. Cuando les tocaba gobernar a los conservadores, dominaba la componenda religiosa: en 1904 se abría una nueva calle que partía de la unión de las actuales Córdoba y María Jesús Herruzo hasta el ejido del Calvario, y se decidió darle el nombre del santo del alcalde del momento, Cayetano Martos Herruzo, pasando pues a llamarse San Cayetano. Al año siguiente, se habría otra nueva calle que también partía de la actual Córdoba hasta el Calvario, y se le dio el nombre del santo del alcalde de ese año, Martín Sánchez y Sánchez: calle San Martín. El ejemplo prosiguió con otras calles como San Fernando o San Bernardo.
     Hubo momentos en los que los ediles decidieron adaptar el nombre del callejero a los acontecimientos de la historia nacional, cambiando los nombres tradicionales por otros como sucesos importantes o personajes históricos. El 04-04-1864 el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, con la presidencia de Bartolomé Torrico Sánchez, cambió en una sesión, especialmente patriótica, el nombre de varias calles como consecuencia de las campañas militares que se habían desarrollado en ese tiempo por el norte de África: la antigua calle del Cuartel (hoy Córdoba) pasó a llamarse Tetuán, y el callejón Torcío se denominó calle Castillejos, en homenaje a las dos batallas ganadas a los marroquíes en las guerras de África, en las que destacó el general Prim. (Por esta misma razón en muchas ciudades de España abundan estos nombre de Castillejos y Tetuán, que también corresponden a la misma época; los dos leones de bronce que flanquean las puertas del Congreso de los Diputados en Madrid se fabricaron fundiendo los cañones de bronce que se habían capturado a los moros en esas campañas). Debe rechazarse por espuria la hipótesis que lanzó cierto nativo indocumentado de que el nombre de Castillejos se debe a que en ese lugar existió alguna fortificación de la Edad Media. Pues no, por sus méritos en la batalla de los Castillejos al general Juan Prim se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos y Grande de España. En esta misma sesión municipal de 1864 la calle Jetones pasó a llamarse Lepanto; la calle de las Coloradas, Bailén; el callejón de Pata Palo, Quevedo; y el callejón de la Coba, Cervantes. Sesión épica y lírica, con los nombres de cuatro batallas y dos grandes escritores.
     Otra tanda de cambios se produjo en 1895, cuando las calles del Torno y del Pozo pasaron a llamarse Antonio Barroso y Santos Isasa, respectivamente, nombre de dos políticos nacionales representantes de la circunscripción a la que pertenecía Villanueva.
     Por estas mismas fechas los regidores municipales variaron su parecer en cuanto a los nombres de alguna calle: si en 1894 la calle Padre Cantador (actual Padre Llorente) era rotulada como Espronceda, en 1896 le cambiaban el nombre por el que hoy conserva de Padre Llorente, en honor del padre Antonio Llorente Santos, por su labor realizada en las Santas Misiones celebradas ese año.
     También en 1896 se le cambiaba el nombre a una calle de reciente apertura entonces, pasando de llamarse Córdoba a Moreno de Pedrajas, por el sacerdote y filántropo jarote fundador el Hospital de Jesús Nazareno. Sin duda que don Bernardo Moreno de Pedrajas se merecía al menos este reconocimiento.
     Hay algún nombre de calle de la que, aunque sea relativamente actual, se desconoce el motivo de su elección: es el caso de la calle Génova, llamada así a partir de la decisión municipal de 1910, y que daba el mismo nombre a tres callejones consecutivos que habían tenido un nombre distinto hasta entonces: Callejón de la Sal, Carmona y Callejón de los Buñoleros.
     En 1912 se decidía volver a cambiar el nombre de algunas calles: el callejón de la Porra, de ambiguo nombre, pasaba a llamarse Reina (hoy María Jesús Herruzo); la calle Empedrada, Canalejas, en honor del político José Canalejas, asesinado ese mismo año.
     El Ayuntamiento honraba en 1930 a quien fuera su Secretario, y también iniciador de la Historia de Villanueva, don Juan Ocaña Prados, quien aunque hubiera nacido en Móstoles se convirtió en un auténtico jarote. La calle donde había habitado, Dehesillas ("Jesillas" para los del barrio) tomó su nombre en el año citado, tras haber fallecido don Juan Ocaña en el número cuatro de esa calle el 12-04- 1928.
     Los cambios más numerosos en la nomenclatura del callejero de Villanueva de Córdoba se produjeron con la II República. Con su advenimiento modificaron sus nombres especialmente algunas calles que lo tenían vinculado con la religión: Amargura, Cruz de Piedra, San Miguel...; o con la monarquía: Reina, María Cristina, Real, e incluso la calle Rey, que como hemos comentado nada tiene que ver con la realeza, sino porque en tiempos antiguos tuvo aquí su horno de pan Francisco Rey. También si algún político republicano caía en desgracia se le retiraba el honor de rotular una calle: así, el primer Presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, que en 1931 había dado nombre a la calle Herradores, dejó de merecer tal honor en 1936, pasando a llamarse la calle Joaquín de Grado hasta 1939.
     Entre los nuevos nombres dados a las calles por las corporaciones municipales durante la II República (labor en la que se mostraron especialmente pródigos) estaban:

* Juanita Rico (Calle Nueva), por una miliciana muerta en Madrid en septiembre de 1936;
* Luis de Tapia, 1871-1937 (calle Olivo), periodista madrileño, considerado el poeta satírico de la II República;
* Joaquín de Grado (calle Herradores), jefe del radio Comunista de Cuatro Caminos, Madrid, muerto en 1934;
* Nicolás Salmerón (calle Amargura), Presidente del Ejecutivo en la I República Española en 1873;
* Antonio García Quejido, 1856-1927, (calle Cruz de Piedra), sindicalista y político socialista primero y comunista después;
* Jaén Morente, 1879-1964, (calle Cerro) historiador cordobés, diputado por Izquierda Republicana en 1936;
* Capitán Galán (calle del Pozo), militar republicano que participó en la Sublevación de Jaca de 12-12-1930, siendo fusilado por ello;
* García Hernández (calle María Cristina) otro militar que participó en los mismos hechos que el capitán Galán.
* Mártires de Jaca (calle Rey), con lo que los dos protagonistas de los sucesos de Jaca tuvieron merecimiento a título particular y conjunto;
* Virginia González, 1873-1923, (calle Juan Blanco), dirigente obrera y feminista, cofundadora del PCE;
* Jaime Vera, 1859-1918, (calle Padre Llorente) político socialista;
* Pablo Iglesias, 1850-1925, (calle Real) fundador del PSOE;
* Naker (calle San Patricio), médico que acogió a Mateo Morral tras haber arrojado una bomba a Alfonso XIII el día de su matrimonio con Victoria Eugenia el 13-05-1906;
* Catorce de Abril [de 1931], (calle Todos los Mártires) fecha de la proclamación de la II República.

     Tras la guerra civil, estas calles con nombres modificados durante la II República volvían a cambiar su nombre, retomando los tradicionales o adquiriendo otros nuevos, especialmente el de personas que se habían destacado en la contienda o colaborado en la creación de nuevo régimen:

* Plaza del Generalísimo, Franco, obviamente (Plaza de España);
* José Antonio [Primo de Rivera, 1903-1936] (calle Real), fundador de Falange Española y ejecutado el 20-11-1936 en Alicante;
* Calvo Sotelo (calle Plazarejo), político asesinado el 13-07-1936, y considerado en el periodo de Franco como “Protomártir de la Cruzada”;
* General Sanjurjo (calle del Pozo), protagonista de un intento de golpe de estado contra la República en 1934 (la Sanjurjada);
* Queipo de Llano (calle Herradores), general al mando del ejército de Andalucía durante la guerra civil;
* Plaza del General Mola, 1887-1937, (Plaza de la Fuente Vieja), conocido como “El Director” en la sublevación militar de 1936;
* Dieciocho de Julio [de 1936], fecha del Alzamiento Nacional y origen de la guerra civil.

     En 1969 se producía otro cambio de denominación en algunas calles: la antigua Alta (cuyo nombre proviene de su topografía) pasaba a llamarse Hermanos Martos, en honor de unos hermanos bienintencionados que vivieron en ella y que donaron sus bienes para la creación de un centro de enseñanza; se le daba el nombre de Dolores Herruzo (quien a sus expensas había construido el convento y colegio de Cristo Rey) al antiguo Callejón de la Cuesta; la calle Reina pasaba a llamarse María Jesús Herruzo, fundadora de la congregación de Las Obreras del Sagrado Corazón de Jesús; por último, la Travesía de Cañuelo se denominó Doctor Luna, en homenaje a un eminente cirujano nacido en Villanueva.
     La última gran modificación nombres en el callejero tuvo lugar el 13-11-1980, cuando el Ayuntamiento del momento emprendió una auténtica labor de transición, en tiempo y forma adecuados, eliminando del nomenclátor urbano todos aquellos nombres relacionados con el anterior régimen, y dándoles, con gran sentido común, el nombre tradicional que se había mantenido entre la gente del pueblo. Así, la antigua calle del Pozo del Brocal, luego Santos Isasa, después Capitán Galán, más tarde General Sanjurjo, volvía a denominarse, ¡por fin!, con el nombre con que había sido conocida desde siempre: calle del Pozo.
     Ésta es una de las calles que más nombres ha tenido. Las otras son:
* Herradores (Alcalá Zamora, Joaquín de Grado, Queipo de Llano);
* María Jesús Herruzo (Callejón de la Porra, Concepción Arenal, Reina);
* Padre Llorente (Padre Cantador, Espronceda, Jaime Vera);
* Plaza de España (Plaza de la Constitución, Plaza de la República, Plaza del Generalísimo);
* Plaza de la Fuente Vieja (Plaza de las Escuelas, Jaime Costa, Plaza del General Mola).

     En el siguiente cuadro se muestran las distintas denominaciones que tuvieron las calles que modificaron su nombre en Villanueva de Córdoba:

 

miércoles, 13 de enero de 2016

El agua en el nacimiento de Villanueva de Córdoba

     Es muy probable que Villanueva de Córdoba deba su origen al camino califal del Armillat, mas, ¿por qué exactamente en el lugar en el que se encuentra, y no a unos cuantos kilómetros al norte o sur, por ejemplo?
     Villanueva esta muy próxima a la divisoria de cuencas entre el Guadiana y el Guadalquivir. Eso significa que los arroyos que hay en sus inmediaciones tienen ahí precisamente su nacimiento, por lo que su caudal superficial, limitado a la temporada de lluvias, es necesariamente muy escaso. Y eso, en el siglo X, era un grave inconveniente para el ejército califal en marcha, con miles de hombres y bestias de carga, o cuando, ya a finales de la Baja Edad Media, se convirtió en un camino de la Mesta por el que transitaban rebaños de ovejas que necesitaban abrevar de tanto en cuanto. Ni que decir tiene que el agua era también imprescindible para viajeros o arrieros con sus reatas.
     Si bien en la zona de Villanueva las aguas superficiales son prácticamente inexistentes durante la mayor parte del año, las subterráneas son especialmente abundantes debido a su historia geológica.
     Villanueva se encuentra en el centro del gran batolito granodiorítico que la comarca de los Pedroches, el septentrión cordobés y andaluz, pero la composición de este batolito no es uniforme. Según se explica en la Memoria de la hoja 881 del Mapa Geolótico de España del Instituto Geológico y Minero, por la zona donde se encuentra la localidad, en la roca dominante, la granodiorita de los Pedroches, se incrustan una "espectacular red de diques" de otro tipo de roca, pórfidos granítico-adamellíticos "de potencia muy variable desde métrica a hectométrica y corridas de hasta varias decenas de kilómetros. Afloran principalmente en la parte NE de la hoja [881], en concreto se pueden observar en la localidad de Villanueva de Córdoba. Cortan tanto a la granodiorita como a la adamellita biotítica. Cuando encajan en granodiorita [como es nuestro caso] producen un relieve alomado, fácil de reconocer... La representación cartográfica en gran parte es esquemática ya que los haces son más complejos y en su mayoría no serían representables a esta escala [1:50.000]". Estos diques porfídicos son ligeramente más recientes (unos 300 millones de años) que la granodiorita dominante en los Pedroches (307 millones de años).
     A esta red de diques de pórfido, junto a los filones de cuarzo que están distribuidos por todo el batolito (y que al ser más recientes que él también "cortaron" la granodiorita de los Pedroches), se debe la abundancia de aguas subterráneas en Villanueva, según se explica en dicha Memoria: "En los granitos del batolito de los Pedroches la permeabilidad en general es muy baja, sin embargo, localmente y en relación con su grado de fracturación, puede aumentar notablemente... Dentro del conjunto de granitos que afloran en la hoja [881] también existen heterogeneidades que tienen algunas implicaciones hidrogeolóticas, la principal es la existencia de abundantes diques de pórfidos graníticos y filones de cuarzo... Este tipo de fracturas actúa a modo de dren concentrando la circulación del agua subterránea... Es la capa de alteración del granito (lehm) el acuífero más utilizado. Suele tener espesores entre 1 y 6 m y presenta interés hidrogeológico... Ocupa prácticamente todo el afloramiento de rocas plutónicas y está explotado por numerosos pozos de profundidades entre 5 y 10 m que aportan pequeños caudales utilizados en su mayoría en ganadería".
     Los pozos a los que hace referencia la memoria están en las explotaciones pecuarias, en los campos, pero en lo que es el casco urbano de Villanueva hay centenares de pozos, casi en todas las casas del casco antiguo, a menudo compartidos entre dos de ellas ("pozos medianeros"), que amortizaban entre ambas su construcción. No era agua potable, pero sí suficiente para abrevar a las bestias que tenían su cuadra al fondo de las casas, para lavar o incluso mantener un pequeño huerto.
     El lugar de la actual Villanueva que se convirtió en el centro urbano, la Plaza de España, es especialmente rico en aguas subterráneas. Al realizarse este verano una construcción en su acera sur al hacer las obras de excavación se podría comprobar cómo en la parte de la plaza que da a la calle Padre Llorente la roca viva está a apenas medio metro de la superficie; sin embargo, hacia el centro de la plaza la capa alterada del granito (lehm, "tosca" en la denominación local, tiene mas de tres metros y medio de profundidad y por ella discurre el acuifero que hacía que creciera la vegetación en pleno mes de agosto. Es más, las casas de la plaza, especialmente de su acera sur, deben contar en sus sótanos con bombas que evacuen las aguas subterráneas.

     En el mapa de abajo he superpuesto la hoja 881 del Instituto Geológico y Minero con el topográfico del Instituto Geográfico Nacional:


     Se puede observar la gran red de diques de pórfido (bandas de color rosa) que cortan el granito de los Pedroches y que crean las fracturas que concentran el agua subterránea.
     Creo que esta circunstancia, la abundancia de agua bajo suelo en una zona donde es muy escasa superficialmente, en un camino muy transitado en los siglos X y XIV-XVI, favoreció que Villanueva de Córdoba surgiera donde hoy está.