En el dolmen de Las Agulillas

jueves, 4 de abril de 2019

ÁNGEL RIESGO ORDÓÑEZ, SCHLIEMANN DE LOS PEDROCHES: II.- LA PERSONA

     Así, a modo de Plutarco con sus Vidas paralelas, hay similitudes entre Heinrich Schliemann y Ángel Riesgo Ordóñez. Ninguno de ellos contaba con formación histórica académica, ni era profesional de la Arqueología; pero sí tenían a la Fortuna de su lado, además de demostrar un gran tesón y capacidad de trabajo. Los hallazgos de Schliemann son mucho más deslumbrantes pero, en cuanto al valor histórico, los de Riesgo son destacables, aunque en vez de máscaras funerarias de oro hallara en las tumbas jarros de barro o recipientes de vidrio, puntas de flecha o hachas de piedra.

     Hasta Ángel Riesgo la historia de Villanueva de Córdoba en particular, y de los Pedroches en general, había sido la documental. En la Corografía de la provincia de Córdoba de Luis María Ramírez de las Casas-Deza, de mediados del XIX, se incluían algunas notas sobre lugares donde habían aparecido restos arqueológicos, pero eran muy escasas. La epigrafía (sobre todo tras el interés del P. Fita con el trifinio de Villanueva de Córdoba y otras inscripciones de la comarca a comienzos del siglo XX) era casi la única forma de acercarnos a la Antigüedad, ante la práctica ausencia del NE de Córdoba de citas en los escritores clásicos. Las ciudades romanas de Solia y Baedro fueron conocidas por inscripciones, no por referencias literarias.


     Riesgo abrió el camino del conocimiento arqueológico del pasado de los Pedroches. Gracias a él se tuvo conocimiento de que las culturas megalíticas sembraron de monumentos funerarios la penillanura del batolito de los Pedroches. También fue Ángel Riesgo el que sacó a la luz tres centenares de tumbas de la Antigüedad Tardía; si bien es cierto que en un comienzo se tomaron por neolíticas, no hubo ninguna duda posteriormente para otorgarles una cronología que iría desde finales del Impero romano en Hispania hasta las primeras etapas de al-Andalus.

     Procedentes de las sepulturas megalíticas y tardoantiguas recogió Riesgo un nutrido ajuar funerario, que se conserva actualmente en los museos arqueológicos de Córdoba (Colección Riesgo) y Madrid (Colección Aulló). Con una carencia absoluta de textos también durante el periodo visigodo referentes a los Pedroches, estas piezas, junto con sus libretas de campo (que, por desgracia fueron parcialmente destruidas durante la guerra civil, y restauradas posteriormente) son el medio para intentar conocer la economía, la sociedad, la ideología y las creencias de las gentes que habitaron en el Noreste de Córdoba hace mil o mil quinientos años.

     El trabajo de Ángel Riesgo Ordóñez es prácticamente único también, pues salvo muy honrosas excepciones, como el ingeniero Antonio Carbonell-Trillo Figueroa y el matrimonio Leisner (todos contemporáneos de Riesgo), apenas si se ha avanzado en el conocimiento de los dos periodos de los que más restos obtuvo, el megalitismo y la Antigüedad Tardía; aunque en esta etapa sí que hay que destacar la labor del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid (con las excavaciones de las iglesias del Germo (Espiel) y la Losilla (Añora), más la actualización de las inscripciones latinas del conventus cordobés).

     Hay similitudes, pero también diferencias. Schliemann se preparó toda su vida para hacer renacer a los héroes de Homero que conoció de niño; pero lo de Riesgo no fue buscado, sino que se topó con él, supo entender lo que veía y, como buen vaqueiro, lo pilló al vuelo. Por su formación profesional era minucioso en sus anotaciones, y tanto estas como sus métodos de trabajo no eran muy diferentes a la de los arqueólogos de carrera contemporáneos, como Molinero o Santa-Olalla.


     Una prueba del meticuloso trabajo de excavación es la magnífica colección de platos de vidrio que extrajo de las cistas. A pesar de la gran fragilidad del material, extrajo íntegros numerosos ejemplares. Estos objetos, muy escasos en el conjunto arqueológico peninsular y que concentran en el NE de Córdoba la mayoría de ejemplares conocidos, fueron descritos por primera vez por Ángel Riesgo Ordóñez.

     Por estos motivos es por lo que se puede denominar a Ángel Riesgo Ordóñez, con total propiedad, “Padre de la Arqueología” de los Pedroches.


DATOS BIOGRÁFICOS.

ANTECEDENTES: ORÍGENES VAQUEIROS.

     En una conferencia dada en el Círculo Asturiano de Madrid en 1979 se denominaba a Ángel Riesgo Ordóñez como “vaqueiro”. Riesgo es un apellido típico vaqueiro, y Cudillero, su lugar de nacimiento, es uno de los tradicionales concejos vaqueiros.

     La población rural se dividió tradicionalmente en en el occidente asturiano en tres grupos, prácticamente antagónicos: “marmuetos” o “marinuetos”, habitantes de la zona litoral; “xaldos”, habitantes de la zona rural de vida sedentaria; y los “vaqueiros de alzada”.

     En una carta de Gaspar Melchor de Jovellanos (también asturiano) fechada en 1793 decía que “Vaqueiros de alzada llaman aquí a los moradores de ciertos pueblos fundados sobre las montañas bajas y marítimas de este Principado, en los concejos que están en su ocaso, cerca del confín de Galicia. Llámanse vaqueiros porque viven comúnmente de la cría del ganado vacuno; y de alzada, porque su asiento no es fijo, sino que alzan su morada y residencia, y emigran anualmente con sus familias y ganados a las partes altas… Las poblaciones que habitan, si acaso merecen este nombre, no se distinguen con el título de villa, aldea, lugar, feligresía, ni cosa semejante, sino con el de braña, cuya denominación peculiar a ellas significa una pequeña población habilitada y cultivada por estos vaqueiros… Los vaqueiros viven, como he dicho, de la cría de ganados, prefiriendo siempre el vacuno, que les da su nombre, aunque crían también alguno lanar y caballar. Las demás ocupaciones son subsidiarias, y sólo tomada como suplemento de su subsistencia. Tan cierto es que el interés, este gran móvil a que obedece el hombre en cualquier situación, no ha inspirado todavía a estas gentes sencillas otro deseo que el de suplir a sus primeras y menos dispensables necesidades” (Díez).

     Los vaqueiros tenían un modo de vida distinto al de sus vecinos. Las brañas se localizaban en lugares altos de abruptas pendientes. Sus viviendas eran similares a las de los primeros colonos del olivar de los Pedroches, chozas con muros de piedra y cubierta vegetal. Pasaban el invierno cerca del mar, y a llegar el verano toda la familia, ganado y útiles se trasladaban a la montaña, dedicados a guardar el ganado y segar el heno con la guadaña para garantizarse el forraje invernal.

     Muy endogámicos, poco proclives a mantener relaciones con otros vecinos, los vaqueiros engendraron una tradición cultural propia, y un gran orgullo en mantenerla, con leyendas, bailes, vestimentas, y folclore particulares y distintivos. Pero este modo de vida, libre de la servidumbre del azadón o de señores, no era bien visto por sus vecinos sedentarios, que vertieron sobre ellos una leyenda negra, basada en la ignorancia y la desconfianza. (Visto desde la distancia, no me parece que xaldos o marmuetos fueran un dechado de cultura, refinamiento o sibaritismo, precisamente, para mostrarles tal inquina.) En realidad, el tipo de vida que llevaban los vaqueiros, trashumante cada año con sus rebaños, hacía que fuera muy diferente del de los “xaldos”; y esta diferencia les llevó a la marginación, a todas luces injusta. 

     El tiempo supo poner las cosas en su sitio, y reconocer el valor de la cultura vaqueira que sobrevivió a lo largo de los tiempos. Y aunque sus antepasados hubiesen abandonado la trashumancia varias generaciones antes de que naciera Ángel Riesgo, sus genes vaqueiros parece que se mostraron especialmente activos, buscando actividades en contacto con la naturaleza, dándole una gran inquietud intelectual y haciéndole interesarse en disciplinas completamente opuestas, pero destacando en ellas.

     Sobre los orígenes de los vaqueiros se han lanzado numerosas hipótesis: esclavos romanos huidos, esclavos árabes, vikingos, moriscos… En realidad, lo más probable es que los vaqueiros descendieran directamente de los astures que habitaron los castros del occidente asturiano desde antes de la llegada de fenicios al sur de Península Ibérica, y que mantuvieron su estilo de vida, completamente adaptado a un clima y geografía rigurosos, a lo largo de milenios, sobreviviendo a romanos, germanos, musulmanes o xaldos.

BIOGRAFÍA

(Los datos para este apartado proceden de una conferencia pronunciada por Fernando Robledo Junco el 22-03-1979 en el Centro de Asturias de Madrid. En el documento, que gentilmente me ha brindado su familia, no hay referencia a dónde fue publicado.)

     Aunque de brava estirpe vaqueira, los antepasados de Ángel Riesgo Ordóñez hacía tiempo que habían dejado la vida trashumante con el ganado. Su abuelo paterno, Juan Riesgo Fernández, era contable comercial. Se casó con Josefa de Aldayturriaga y Aranoa, de una familia hijodalga alavesa. Esta no veía bien la unión, para al final triunfó el empeño de Juan y Josefa. De esta unión nació Ángel Riesgo de Aldayturriaga, padre de nuestro biografiado, que llegó a ser un reconocido médico en la comarca. Su esposa, Concepción Ordóñez del Campo, falleció al dar a luz a una niña (su esposo estaba atendiendo otro parto, y cuando llegó ya era tarde).

     El matrimonio de Ángel Riesgo y Concepción tuvo varios hijos que sobrevivieron, el más pequeño de los cuales fue Ángel Julián, nacido en Cudillero el 07 de enero de 1882, en el número 57 de la calle Sagunto.

     Pasando su infancia en Cudillero, en las orillas del Cantábrico, con unos catorce años entró de interno en la escuela particular del pueblo cercano de Muros de Nalón, regida por un viejo cura, conocido por Don Francisquín. El carácter inquieto de Angelín (como era conocido) chocó con el del cura preconciliar (entiéndase, de mentalidad anterior al Concilio de Trento), hasta que su padre, Don Ángel, lo sacó del internado, ingresando en la academia de la Merced de Avilés, donde cursó estudios de Comercio.

     En 1898, con dieciséis años de edad, se marchó a El Paso, en la frontera de México y Estados Unidos, donde residía su hermana Paca, casada con un comerciante natural también de Cudillero, trabajando con ellos un par de años. Eran los tiempos en que Pancho Villa comenzaba sus correrías. Villa conoció a Paca y se encaprichó de ella, y ante la negativa de esta a sus pretensiones, ordenó la detención de su marido. Con la impresión Paca sufrió un aborto, muriendo poco después. El viudo regresó a España con su hijo pequeño, y Ángel Riesgo se fue con unos tíos maternos a Cuba.

     Llegó a finales de 1900, poco después de la ocupación norteamericana, y comenzó a trabajar en el comercio de su familia. Poco después ingresa como agente de seguros marítimos en la compañía Lloyd, hasta que el 20-05-1906 regresó a España, trayendo consigo una joya inestimable para Ángel Riesgo: La última bandera española que ondeó en la Habana fue la del fortín de la Playa del Chivo, en el castillo del Morro. El teniente de voluntarios que la arrió la ocultó debajo de su ropa, cambiándola por otra, y se la entregó a Ángel Riesgo con la condición de que la trajera a España.

     Permaneció en Cudillero hasta que en 1909 se desplaza a Madrid para prepararse como ayudante de montes (equivalente, digamos, a un ingeniero técnico forestal de la actualidad), obteniendo una plaza en 1911. Abandonaba así la carrera comercial de su abuelo, acaso porque su inquietud intelectual le llevaba a buscar nuevos espacios y fronteras y un contacto directo con el espacio natural.

     Se especializó en algo que no era de lo más usual en tiempo, la entomología forestal, y en 1918 fue destinado al laboratorio de la Fauna Forestal Española. En este tiempo mantuvo correspondencia con don Miguel Aulló, padre del también ingeniero de montes Manuel Aulló.

     Por esta época Ángel Riesgo contrajo matrimonio con una joven de Luarca, Prudencia Reguera del Campo, a la que visitaba montado a caballo todos los domingos. El matrimonio se celebró el 12 de febrero de 1914, teniendo dos hijos, Ángel Francisco (también ingeniero técnico forestal) y Conchita. Poco después del nacimiento de esta, Prudencia fallecía durante la epidemia de gripe de 1918. Ángel Riesgo renunció a un nuevo matrimonio para dedicarse plenamente a sus hijos y sus trabajos entomológicos y arqueológicos.

     Eran tiempos de trabajos fecundos en entomología forestal, pero los inicios no fueron fáciles, y merece la pena detenerse para conocerlos. El laboratorio de Fauna Forestal Española no tenía sede, pues la Diputación y Ayuntamiento de Madrid ni le facilitaron terrenos. Los hijos del famoso torero Frascuelo cedieron para tal fin una finca en el término de Torrelodones, comenzando a instalar cimientos de hormigón y alambradas para estudiar algunas plagas. Los trabajos atrajeron la atención del propietario de una finca vecina, el conde de Gamazo (que mantenía una buena relación con el rey Alfonso XIII). Al conocer lo que estaban haciendo, la importancia del asunto, y la escasez de recursos, lo puso en conocimiento de Alfonso XIII. Este brindó todo su apoyo al laboratorio, solicitando de Don Miguel Aulló un presupuesto para su instalación. El presupuesto de 250.000 pesetas se aprobó en veinticuatro horas, eligiéndose un terreno apropiado cerca de la Puerta de Hierro.
     
     El insectario del laboratorio se inauguró el 01-05-1924, con la asistencia de Alfonso XIII y su esposa. El Rey siguió interesándose en los trabajos del laboratorio, y un día que Ángel Riesgo paseaba por el Paseo de la Castellana de Madrid, vio un coche que pasaba haciéndole señales. Era Alfonso XIII, que le gritaba: “¡Adiós, Angelín!”.

     Al hilo de la primera parte de esta biografía, la que dedicamos a la lucha contra la Lymantria dispar en el NE de Córdoba en la década de 1920, a la Estación de extinción de plagas de Villanueva de Córdoba fueron destinados dos de los profesionales mejor cualificados de su época. El ingeniero de montes Manuel Aulló y el el Auxiliar de Montes Ángel Riesgo. El éxito de ambos se comprueba en estas cifras: durante la plaga de lagarta peluda apenas si se criaban en las dehesas del noreste de córdoba tres mil cerdos anuales; después, oscilaron alrededor de las cuarenta mil cabezas anuales.

     Ángel Riesgo fue un pionero de la lucha biológica contra las plagas forestales. En la lucha contra la lagarta peluda el entomólogo norteamericano Crossman le envió una remesa de Schedius kuwanae, una especie de himenóptero entonces recientemente descrita y que parasitaba los huevos de la Lymantria. Los insectos se criaron masivamente en el laboratorio, haciendo sueltas periódicas en Villanueva de Córdoba y alrededores, hasta que la especie se estableció, colonizando grandes superficies de la Península.
  
     También estudió la bionomía de otras plagas, Tortrix Viridiana y Catócalas, descubriendo y publicando la localización de sus puestas.

     Igualmente mostró interés por la Graellsia isabelae, la mariposa más bonita de España, publicando sus descubrimientos sobre esta especie en 1962.


     En reconocimiento a su labor profesional fue nombrado Caballero de la Orden del Mérito Agrícola en 1922, y, como sabemos, el 24 de marzo de 1924 fue nombrado Hijo Adoptivo de Villanueva de Córdobaalgo que siempre llevó a gala, como escribió en 1936 en el número 355 del El Auxiliar de la Ingeniería y Arquitectura: “¡Villanueva! ¡Pueblo secular de la Jara! Así corresponde tu “Hijo Adoptivo” a los honores y distinciones con que le distinguiste” (Riesgo, 1936, 33).

     La guerra civil lo sorprendió en Cáceres, y en los disturbios de sus inicios fue saqueada su casa de Madrid, robándole parte de su colección arqueológica y destrozando sus libretas de campo (que posteriormente recompuso con sus restos y su memoria). Riesgo dejó constancia de los hechos, que son, también, muestra de su carácter. Copio el prólogo de su segunda libreta de campo: “Se reconstruye esta libreta porque la primitiva ha sido encontrada en mi casa de la Colonia de Ayudantes nº 87, Madrid, hecha pedazos por los elementos rojos que saquearon mi domicilio del que con el ajuar propio y de mi hija, se llevaron a la par gran número de objetos arqueológicos, principalmente hachas, puntas de flecha, cuchillos de sílex, collares con cuentas de piedra, periodo Neolítico, y de ámbar y cristal ibéricos, todos procedentes del Valle de los Pedroches de Córdoba, salvándose milagrosamente la selección de cerámica y una gran parte de utensilios pétreos, de aquel Valle y otros localizados, éstos del periodo Neolítico. La salvación de esta importante colección arqueológica se debe, según referencias de gitanos de Villanueva de Córdoba que vi en Madrid un año después de su liberación, a tres peones que conmigo trabajaban en la Sierra de Córdoba, y que al parecer formaban parte de una Checa cordobesa que vino a Madrid, quienes al recordarme, por el afecto que me tenían, fueron a mi referida casa y viendo que la estaba saqueando un tal Aguas, limpiabotas de la Puerta del Sol, a quien logré capturar y entregar a la justicia. Ellos, mis amigos, se hicieron cargo de la colección arqueológica y otros objetos de mi ajuar, y depositándolos en una habitación de mi referida casa en cuya puerta pusieron un precinto con el cuño de su Checa; allí fue hallada por mí, por mi buen amigo Rafael Solís Valdés, farmacéutico, y mi sobrino Claudio Riesgo del Campo, abogado, el 1 abril 1939, al ocupar mi referida casa. Por estas causas rehago esta importante libreta en Madrid, a 6 diciembre 1943” (Libreta 2ª).

     Ángel Riesgo era el responsable de los trabajos realizados en el encinar de los Pedroches por las cuadrillas de trabajadores (que, recordemos, iban embadurnando con alquitrán y petróleo los troncos y ramas de encinas para combatir a la Lymantria). Si se hubiera comportado como un capataz negrero, sus antiguos operarios no le habrían mostrado respeto ni se habrían preocupado de defender sus intereses, pues queda claro que fueron trabajadores a su cargo quienes fueron a proteger su domicilio, motu proprio, sin que Riesgo lo supiera ni se lo pidiera. Valiente, también, pues dice que sus antiguos operarios eran componentes de una checa, es decir, miembros activos del Partido Comunista, y aunque él particularmente no comulgara con esa ideología no duda en calificarlos de “amigos”. Mentar a tales amistades, en 1943, no eran de lo más prudente, digamos, pero Ángel Riesgo no tenía miedo en escribir lo que pensaba y sentía.

      La destrucción de las libretas originales provocó una pérdida irreparable, pues ahora hay objetos en los museos de los que no se tiene ninguna información. Por ejemplo, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid se encuentra un dedal de guarnicionero de la etapa califal perteneciente a la Colección Aulló (o sea, descubierto por Riesgo antes de 1925), con número de inventario 1964/43/89, del que no se tiene ningún dato.

(Fotografía de Patricia Elena Suárez en http://ceres.mcu.es/pages/Main )

     Concluida la contienda, prestó sus servicios de auxiliar de montes en el distrito forestal de Segovia, donde alternó los trabajos forestales con los arqueológicos. Jubilado formalmente por edad el 7 de enero de 1952, quiso continuar aportando su experiencia de tantos años, y fue contratado como agregado al nuevo Servicio de Plagas Forestales, jubilándose definitivamente, por segunda vez, a los ochenta y cinco años de edad.

     Tras una vida pletórica de actividades, fallecía del 18 de marzo de 1969.

     En el siguiente apartado de la biografía de Ángel Riesgo Ordóñez se tratará de su trabajo arqueológico en el noreste de Córdoba. Y debo agradecer a sus nietas toda la colaboración que me han prestado para redactar este artículo.