En el dolmen de Las Agulillas

domingo, 17 de mayo de 2020

Apellidos jarotes: Gutiérrez-Blanco, un apellido que se convirtió en dos


     En la actualidad hay personas en Villanueva que portan los apellidos Gutiérrez y Blanco. Son, obviamente, distintos, pero, paradójicamente, tienen el mismo origen, un tronco común del que se separaron ambas ramas en el siglo XIX. Es un magnífico ejemplo de lo lioso que resulta el estudio de las genealogías de los distintos linajes locales. 

     Hay que dejar bien claro que la transmisión de apellidos entre padres e hijos, tal y como la conocemos y empleamos hoy, se debe a la imposición del Registro Civil en toda la nación en 1871; y que hasta esa fecha, sobre todo en los siglos XVI al XVIII pero también hasta mediados del XIX, hubo una completa libertad para llevar los apellidos que se prefiriesen en el ámbito rural del norte de Córdoba, de tal modo que el hijo podía tener unos apellidos absolutamente distintos de los de sus padres. No es que esto tuviese que pasar obligatoriamente, pero sí algo que hay que tener en cuenta. 

     Era también frecuente que los apellidos, como los nombres de pila, se transmitieran de abuelos a nietos aunque fuera por vía materna, como es en el linaje que veremos a continuación, los Gutiérrez-Blanco. Esa libertad en la imposición de apellidos a la que nos referimos motivo que Gutiérrez-Blanco, apellido que se mantuvo unido al menos durante siete generaciones, diese lugar a dos apellidos diferentes que tienen como propios hoy en día personas de Villanueva de Córdoba: Gutiérrez y Blanco.

     El apellido Gutiérrez-Blanco tiene al menos más de cuatro siglos de antigüedad en Villanueva: Benito Gutiérrez-Blanco se casaba en 1617, por lo que debió de nacer hacia 1590.

     Siguiendo la norma de la libertad absoluta, la hija de Benito Gutiérrez-Blanco se llamó Catalina Martínez (nacida en 1620), y se casó en 1641 con Bartolomé Sánchez Barroso (si se prefiere, es recomendable seguir la relación de nombres y fechas siguiendo el árbol genealógico del linaje Gutiérrez-Blanco que se adjunta; también por la confusión que genera el mismo nombre a lo largo de varias generaciones).



     El matrimonio de Bartolomé y Catalina tuvo al menos un hijo que, por su abuelo materno, fue llamado Benito Gutiérrez-Blanco, quien se casaba en 1670 con Juana Ruiz la Pozuela (es también muy característico de los siglos XVI al XVIII que el apellido de las mujeres se feminizara, adelantándose en esto a las tendencias actuales).

     Benito Gutiérrez-Blanco y Juana Ruiz tuvieron un hijo que sí tuvo los mismos apellidos (y nombre) que su padre: Benito Gutiérrez-Blanco (nacido en 1674), casado en 1705 con María López.
La transmisión del apellido Gutiérrez-Blanco se hizo por la hija de Benito y María López, Ana Ruiz Orozco (nacida en 1710) quien se casó en 1733 con Bartolomé Ruiz Cachinero y tuvo un hijo, llamado, como no podía ser de otra manera, Benito Gutiérrez-Blanco (nacido en 1736), quien a su vez se casó en 1762 con Catalina Ximénez Rico (debe pronunciarse “Jiménez”, pues hasta 1804 el sonido [j] se escribía indistintamente con “J” o con “X”).

     Debemos detenernos ahora en el matrimonio entre Benito Gutiérrez-Blanco y Catalina Ximénez de 1762, pues si durante seis generaciones el apellido Gutiérrez-Blanco se había ido transmitiendo aunque fuese de abuelo a nieto, este matrimonio tendrá dos hijos (Bartolomé y Miguel) que darán lugar a dos apellidos diferenciados en la actualidad: Blanco y Gutiérrez.

     El primero de estos hijos de Benito Gutiérrez-Blanco y Catalina Ximénez, llamado Bartolomé Gutiérrez-Blanco, nace en 1772. El hijo de éste también se llamará del mismo modo, Bartolomé Gutiérrez Blanco (nace en 1806). A partir de las dos generaciones siguientes, el hijo de este segundo Bartolomé Gutiérrez Blanco, Juan Basilio–nacido en 1847– y su nieto Julián –nacido en 1879­ se produce la alteración en el orden de los apellidos, pasando “Blanco” a primer lugar. Veamos la documentación que permite hacer esta afirmación, desde la más reciente a la más antigua:



(Inscripción del nacimiento de Julián Blanco, nacido en 1879.)

     En la partida del nacimiento de 1879 de Julián Blanco consta que sus padres son Juan Blanco y Catalina Díaz; abuelos paternos, Bartolomé Blanco y María Mohedano; abuelos maternos, Francisco Díaz y Catalina Moreno.

     Sin embargo, en la inscripción de matrimonio de sus padres Juan Basilio y Catalina en 1874, éstos aparecen con otros apellidos. Aquí se llaman Juan Basilio Gutiérrez y Catalina Díaz; los nombres de sus padres son, evidentemente, los mismos que los de los abuelos de Julián (nacido en 1879): Bartolomé Gutiérrez y María Mohedano por rama paterna; Francisco Díaz y Catalina Buenestado (“Moreno” en la inscripción de nacimiento de su nieto Julián).



(Inscripción del matrimonio de Juan Blanco y Catalina Díaz en 1874.)

     Como comprendemos que con los cánones que rigen hoy en día esto suena muy raro, no nos cansamos de insistir que hasta que no se implantó el Registro Civil en 1871 fijando el modo de poner los apellidos de forma constante, la libertad en adjudicarlos fue completamente absoluta. No es una confusión con otro matrimonio con componentes llamados también “Juan” y “Catalina”, ningún otro Juan Basilio se casa con una mujer llamada Catalina en ese tiempo en esta localidad. Los nombres de los padres de ambos concuerdan completamente.

     En la partida de nacimiento de Juan Basilio de 1847 consta que su padre es Bartolomé Gutiérrez (nacido en 1806). Por lo tanto entre la generación de esta persona y la de su hijo Julián (nacido en 1879) es cuando se produce el cambio pasándose a apellidar “Blanco”.



(Inscripción del nacimiento de Juan Basilio Blanco o Juan Basilio Gutiérrez, nacido en 1847.)

     La descendencia del segundo hijo de Benito Gutiérrez-Blanco y Catalina Ximénez, Miguel Gutiérrez Blanco, mantuvo la primera parte del apellido compuesto, Gutiérrez. La sucesión patrilineal es la siguiente: Miguel Gutiérrez-Blanco (nacido en 1777), Matías Gutiérrez-Blanco (nacido en 1803), José Félix Gutiérrez-Blanco (nacido en 1845), Juan Antonio Gutiérrez Madero (nacido en 1874) y Juan Gutiérrez Cano (nacido en 1917).

     Así, estas personas de nuestra localidad con apellidos completamente diferentes, Gutiérrez y Blanco, tienen el mismo origen que podemos remontar hasta el matrimonio de Benito Gutiérrez-Blanco con Magdalena Martínez el 08 de mayo de 1617.

     D. Patricio Bermudo, en su libro Notas sobre la evolución de la propiedad rústica privada en Villanueva de Córdoba en el último tercio del siglo XVIII y en el siglo XIX (páginas 177-178), nos trae un ejemplo de cambio de apellidos. La familia Martínez Moreno, de las más opulentas de nuestra localidad en el último tercio del siglo XVIII, estaba compuesta por tres hermanos. Francisco Martínez Moreno fue durante muchos años Párroco de San Miguel Arcángel, y a sus expensas costeó el retablo del altar mayor de la iglesia, en madera de ébano y con un coste nada desdeñable de 10.400 reales. Su hermana María Josefa Martínez Moreno se caso con Juan Cañuelo Pozo, y al morir éste y quedar viuda, “antepuso su apellido Moreno como primero de ellos”, escribe don Patricio Bermudo.

Otro linaje jarote Blanco.

     En Villanueva también hay otras personas que tienen el apellido Blanco pero que pertenecen a un linaje diferente del que hemos visto arriba de Gutiérrez-Blanco.

     Son descendientes del matrimonio (celebrado en 1828) entre Juan Rafael Blanco Moreno y Catalina Josefa Moreno Sánchez. Catalina era hija de D. Bartolomé Moreno Luque, escribano y sobrino de don Bernardo Moreno de Pedrajas. Consta en la documentación que estudiamos que Juan Rafael Blanco, nacido en 1804 era hijo de Juan Blanco y nieto de Pedro Blanco y Antonia de la Cerda, naturales todos de Torrecampo, pero su descendiente (y amigo nuestro) Juan López Blanco nos dice que se ha conservado en la tradición oral familiar que su origen está en Castuera, Badajoz. Es muy probable que este apellido Blanco viniese desde Extremadura a Villanueva pasando por Torrecampo.


(Inscripción del nacimiento de Juan Rafael Blanco, 1804)

viernes, 8 de mayo de 2020


LA CASA HOSPEDERÍA DEL SANTUARIO

     Por la documentación que conocemos junto a la ermita de la Virgen de Luna existía un edificio hacia 1680, conocido como la casilla de los santeros, en la que vivía el santero que se encargaba del mantenimiento del santuario junto con su familia. En las romerías que celebraban los jarotes anualmente en Pentecostés, tras la misa y procesión los miembros de la Hermandad se unían para tomar el habitual refrigerio de vino y garbanzos tostaos junto a una encina inmediata al sur de la ermita, “como demostración de gratitud al árbol que durante largos años fue cobijo y templo de la imagen que se venera” (Juan Ocaña Torrejón La Virgen de Luna. Bosquejo histórico, 1963, pág. 26). Es la que hace pocos años sucumbió víctima de un rayo, pero una hija suya, procedente de una de sus bellotas, ocupa su lugar. (Hay otra encina que también nació de una bellota de la encina del santuario, en el patio del Hospital de Jesús Nazareno de Villanueva de Córdoba.)

     No sabemos exactamente cuándo, pero sí que a mediados del siglo XIX Villanueva ya contaba con una casa propia en el santuario de la Virgen de Luna, a cuyo cargo estaba el Ayuntamiento. En la relaciones de bienes del Concejo en el Catastro de Ensenada (1752) el Concejo poseía tres casas, pero no se especifica que ninguna estuviera en el santuario.

     Siendo edificio en el santuario de propiedad municipal en el acta de la sesión celebrada el 10 diciembre 1865 por la corporación de Villanueva de Córdoba se exponía: “Por el señor alcalde se manifestó que según parte del Santero de la Hermita de Nra. Sra. de Luna la casa de dicho Santuario se hallaba en completa ruina, por haberse undido el tejado de ella, peligrando el resto del edificio si no se acude pronto a su reparación. Enterado el Ayuntamiento acordó que inmediatamente se proceda á la reparación de la casa del Santuario, y que en atención á la prontitud con que debe acudirse a la reparación, se proceda a ella por administración para evitar la dilación de una subasta que sería sumamente perjudicial a el edificio; y que mediante a no haber consignada cantidad alguna en el presupuesto vigente para atender a dicho reparo, se satisfaga del capital de imprevistos según las facultades que concede a esta corporación el artículo ciento dos de la Ley de Ayuntamientos, a cuyo efecto se autoriza al Primer Teniente de Alcalde Don Matías Moreno y Moreno para que vigile las obras, y se haga con la posible economía.


Acta del Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, 10-12-1865.

Las obras se consideraban de especial importancia, y de ahí que el Ayuntamiento tomara las medidas inmediatas por el modo más rápido que permitía la ley, sin tediosos trámites burocráticos. El edificio resultante debe ser el que se aprecia en algunas fotografías de la década de 1950, que fueron publicadas en la revista de la Hermandad.




La casa hospedería de Villanueva en el santuario de la Virgen de Luna, en una romería de la finales de la década de 1950.

     Al ser una secular propiedad municipal, al implantarse el Registro de la Propiedad la casa de Villanueva en el santuario de la Virgen de Luna fue inscrita en él. Por eso aparece en el inventario de bienes pertenecientes al municipio que dio Juan Ocaña Prados (Historia de la villa de Villanueva de Córdoba, 1911, págs. 366-367): Una casa hospedería del santuario de la Virgen de Luna, en el sitio denominado de La Jara, quinto de Navarredonda. Ocupa una superficie de 100 metros cuadrados y está comprendida dentro de los muros que guardan la ermita y otra casa hospedería que pertenece a Pozoblanco. Se halla inscrita en el Registro al folio 30 del tomo 272, libro 45, finca núm. 3.423, inscripción 1ª, y ha sido valorada en 500 pesetas.

     Pasado más de un siglo, la casa hospedería del santuario estaba amortizada y nuevamente en ruina, como escribía el alcalde Juan Blanco Mohedano en la Revista de Feria de Villanueva de Córdoba de 1971 (la primera que se celebraba en agosto): “Como todos sabéis, la casa-hospedería que el pueblo de Villanueva tiene en la ermita de la Virgen de Luna está en estado ruinoso y diría más, vergonzoso, por lo que quiero anticiparos que tenemos el proyecto de construir una nueva, que además de servir para la celebración de las fiestas en los días de la romería estará a la disposición de cuantos quieran servirse de ella para que tengan lugar bodas u otros actos de índole familiar o social.
Las obras se concluyeron pronto, pues en la Feria de Villanueva de Córdoba de 1972 daba cuenta el alcalde: “En el recuento de las obras municipales realizadas este año tenemos que anotar la terminación de las captaciones y electrificación del futuro abastecimiento de agua, la red de distribución que se está llevando a cabo, y la Casa Hospedería en la ermita de la Virgen de Luna”.
La nueva obra, a la entrada del recinto del santuario por el camino de Villanueva, quedó a la altura de las expectativas, pues al estar dotada de todos los elementos de nuestra arquitectura tradicional se integra plenamente en el paisaje de la ermita entre las dehesas, a la par que equilibra el conjunto arquitectónico.




     El interior, amplio, despejado y luminoso, permite, como decía el alcalde, la celebración de actos sociales, además de los convites anuales de la Hermandad tras las romerías. Destaca la calidad de su techo de bóveda de aristas, peculiar de las construcciones de los Pedroches, y cuenta con amplio pórtico que también permite realizar ceremonias al aire libre.

LA CASA DE LA HERMANDAD EN VILLANUEVA

     La Hermandad de la Virgen de Luna de Villanueva está rehabilitando para casa de la misma el antiguo local del Círculo Recreativo, en la calle Ramón y Cajal. El solar sobre el que se asienta es el más antiguo de tipo civil, que sepamos, en uso continuado en Villanueva, pues se remonta a antes de la independencia de Pedroche en 1553.

     El año anterior a la concesión del rango de villa, el 18-07-1552 el mayordomo del Concejo (encargado de la administración de los bienes del mismo), Anton Martin Serrano, dio cuenta de los gastos e ingresos del municipio, entre los que se encontraban seis reales y medio que pagó a Anton Lopez, carpintero, por ciertas obras “que hizo para la carneçeria desta villa”.


Pareçio por otro libramiento firmado del alcallde y escribano aver dado el dicho mayordomo a Anton Lopez, carpintero, quatro rreales de una esanpra que hizo para la carneçeria desta villa, y otros dos rreales y medio de una tablilla que puso al bajon de la dicha carneçeria”: Acta del Concejo de Villanueva de Córdoba, 18-07-1552.

     La carnicería se encontraba a la salida de la plaza, en la esquina del camino del Torno (nombre primigenio de la calle, hoy calle Ramón y Cajal) y a Obejo. La carnicería tenía la función de la del abastecimiento a la población de un bien básico, pues, como nos informa don Juan Ocaña Torrejón en su Callejero de Villanueva de Córdoba (pág. 92), hasta 1936 el mercado de abastos estuvo enclavado en la plaza.

     La carnicería tenía, además, una importante labor recaudatoria, para controlar la cantidad de consumo y pagar los impuestos pertinentes.

     Así, el 04-12-1592 Gonçalo Maduenno se obligaba de pagar a Juan Gonzalez de la Tejera, vecino de Córdoba, de 4.000 reales de plata castellanos “por la compra de la pierna de los borregos y cegajos dezmados y por dezmar perteneçientes a la dicha pierna del menudo de esta villa del presente año”. El diezmo era un impuesto que se pagaba sobre diversos productos. El más importante era el de cereal, pero también se pagaba por el vino, aceite o ganado, y en el Reino de Córdoba la carne se incluía en el denominado “menudo” del diezmo. La “tercia” del diezmo, dos novenas partes, correspondía a la hacienda real, siempre ávida de recursos. Usualmente se hacía un encabezamiento, un acuerdo de cuánto y cuándo había que pagar, y los municipios decidían si hacían un reparto entre los vecinos o se arrendaba el impuesto, en este caso el vecino de Villanueva pagaba una cantidad bastante importante por “la pierna del menudo” de borregos y cegajos, para controlar lo cual era importante que el Concejo contase con una carnicería.

     El lugar, a la entrada a la plaza por el camino del Torno y Obejo, mantuvo su ocupación a lo largo del tiempo, pues en la 23ª respuesta del Catastro de Ensenada (1752) decía el Concejo de Villanueva que “tiene por propios bienes de ella las casas de su ayuntamiento [el edificio de la Audiencia]; la escribanía de él; la cárcel pública en que está su pósito [el actual Ayuntamiento]; tres casas, que la una ha servido de cárcel; las carnicerías; corral de Concejo…”

     El tiempo fue haciendo mella en su estructura: en la sesión del ayuntamiento del 08-01-1865 el alcalde, don Francisco Herruzo Moreno, “dijo que el estado en que se encontraba el edificio matadero y carnicería de esta villa era casi ruinoso, y que careciendo de medios la municipalidad para su reparación, lo hacía presente al Ayuntamiento para que en su vista acordase lo más conveniente. Enterado el Ayuntamiento, y después de una larga discusión acordó: que se imponga un arbitrio a cada cabeza o res menor de cincuenta céntimos, y de cuatro reales a cada res mayor, con destinos estos productos a la reparación de aquel edificio”.
No debió de ser suficiente la medida, pues en la misma sesión en que se informaba de la caída del tejado de la casa del santuario de la Virgen de Luna, el 10-12-1865, el responsable del matadero, Justo Márquez, informaba que lo había cerrado por estar “amenazado su próximo undimiento” y evitar desgracias, entregando las llaves al Ayuntamiento. La corporación decidió que los alarifes de la corporación reconociesen el edificio y elaborasen un presupuesto.

     El 15-04-1866 la corporación municipal aprobaba el presupuesto para la construcción de la carnicería en la calle del Torno Baja “por la completa ruina del edificio existente”, que ascendía a 1.333 escudos con 70 milésimas.

     Nuevamente, el 07-10-1866, el concejal don Justo Márquez informó que “á virtud de la obra de la carnicería que se está practicando no había matadero, y se estaba en el caso de proceder a su construcción”. Otra vez por la corporación se “acordó que por el alarife del municipio José Pedrajas se forme el presupuesto de dicha obra”.

     Las obras comenzaron, pero parece que no con firmeza, pues el 10-02-1867 Francisco Luis de la Cámara y María de los Ángeles Bermudo “manifestaban los perjuicios ocasionados á sus casas por el hundimiento de la carnicería en construcción”. Se acordó que los peritos reconociesen la parte de la carnicería que había quedado en pie y derribar la considerada ruinosa, pero el 17 de dicho mes el arquitecto provincial disponía la demolición total de la carnicería por no ofrecer seguridad.

     Hubo intentos posteriores para rehabilitar la carnicería en la calle del Torno. En la sesión del ayuntamiento del 15-03-1868, se trató de “acordar los medios que se creyeran convenientes a ocupar la multitud de jornaleros que carecían de trabajo y poder sofocar así la crisis que amenazaba ya por el crecido precio que tienen los granos y también por la escasez de trabajos que a consecuencia de la sequía se experimentaba”. Se acuerda la transferencia de 2.729,209 escudos para reedificar la carnicería, pero como los jornaleros no podrían participar en dicha obra, se prefirió emplear ese dinero en los empiedros de caminos y calles, que generaban más mano de obra.

     El 21-11-1869 se decidía construir en el lugar una escuela, cosa que tampoco se llevó a efecto, pues el edificio de la Audiencia, sede tradicional del Ayuntamiento, quedó libre de tal función, instalándose dos escuelas en ella.

     El proyecto de reconstrucción del matadero de la calle del Torno quedó sin retomarse, convirtiéndose el lugar en un solar abandonado. Según informa don Juan Ocaña Torrejón en la última década del siglo XIX había desaparecido el casino Círculo de la Unión (frente al solar de la carnicería, en el edificio que ocupa hoy la Caja Rural, antes de Banesto), y al sentirse la necesidad de una asociación de este tipo, “vuelve la idea de vender por el municipio el solar de lo que había sido carnicería, adquiriéndolo y edificándolo con el propósito de que sirva a la futura asociación. Un grupo reducido de personas destacadas e influyentes acometen esta tarea con entusiasmo y sacada a subasta pública la adquieren con dicho fin esos señores de manera mancomunada, aunque figurase como rematante de la subasta don Juan Moreno Sánchez, según se desprende de escrituras de propiedad más modernas de las casas colindantes al señalar en éstas los linderos” (Juan Ocaña Torrejón, Villanueva de Córdoba en el siglo XIX. (Datos históricos), 1977, pág. 77).

     La obra, continuaba don Juan Ocaña, fue planeada y ejecutada por un maestro albañil de origen portugués, con apellido Barbosa, que ya había construido otros edificios en el pueblo sólidos y de gran firmeza. En la década de 1880 comenzó una gran actividad constructiva en Villanueva, y no solo se habrían nuevas calles con edificios de nueva planta, también se construyeron nuevos edificios en el casco antiguo, como es este caso.

     El lugar continuó con su fin de club social con el breve interludio de la guerra civil, en que según hemos oído decir sirvió de farmacia. Acabada la contienda continuó con su fin, hasta que la sociedad para el que estaba hecho, el Círculo Recreativo, dio por concluida su existencia.

     Estando el local cerrado y sin un uso previsible, las familias Herruzo Sotomayor, Reina Benítez y Torrico Torrico lo donaron generosamente a la Hermandad, que se ha hecho cargo de su remodelación.

     En definitiva un emblemático edificio, sobre un solar histórico, para una institución cuatro veces centenaria: la Hermandad de la Virgen de Luna de Villanueva de Córdoba.

domingo, 3 de mayo de 2020

La "Cruz de Pinchos" de la iglesia de San Miguel

     Hoy, 3 de mayo, es el día más apropiado para tratar de esta cuestión, pues en el calendario católico hoy es el día de la Invención de la Santa Cruz.


     Conocida popularmente como “Cruz de Pinchos”, se trata de una cruz de madera policromada en dorado, con espinas curvas que cubren todos sus lados, a modo de potencias que reflejan la Divina Majestad. Se ubica en un retablo construido ex profeso en 1997-98 por Santiago Lara, en la nave izquierda de la iglesia de San Miguel Arcángel, pegado al muro, en el arco formero que pega al crucero. En esta foto es adornada para el día de hoy:



     El estilo de la cruz es marcadamente barroco, y ya la teníamos documentada en un inventario parroquial de 1763, como integrante de los bienes de la Cofradía de la Santa Vera Cruz. El investigador de Pozoblanco D. José Luis González Peralbo, buscando información en los protocolos notariales de Villanueva de Córdoba, encontró más información de esta cruz y, con total amabilidad y generosidad, la puso a disposición de Luis Ochoa, y que divulgamos.

     En la carta de última voluntad fechada en 1695 de Pedro de Contreras, escribano público de Villanueva de Córdoba entre 1678 y 1712, manifiesta expresamente lo siguiente: “Declaro que la Santa Cruz Dorada que di de limosna a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de esta villa por una promesa, fue voluntad de dicha mi mujer se pagase por de ambos y así no se les ha cargar su costo a mis herederos”. Pedro de Contreras se casó en 1673 con Marina López del Pozo, hija del también escribano público Miguel del Pozo Panadero. Así pues, la fecha de la construcción de nuestra cruz estaría entre 1673 y 1695.

     Nos comenta D. Juan Ocaña Torrejón en su Callejero de Villanueva de Córdoba [entrada “Calle Contreras"] que el escribano Pedro de Contreras era propietario de la Venta del Mercader. Fue también uno de los 33 hermanos fundadores de la Congregación y Hermandad del Señor San José en Villanueva, Hermandad a la que, por la profesión de su Santo Patrón, estuvieron muy vinculados carpinteros y aladreros, por lo que un donativo de esta naturaleza parece pertinente.

     Manifiesta asimismo en su testamento don Pedro de Contreras que desea ser enterrado en la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de Villanueva de Córdoba, “en la capilla del Santo Cristo de la Vera Cruz, en la sepultura terriza que mis padres compraron en dicha capilla”. También manda “a la cofradía de la Santa Vera Cruz de esta villa dos libras de cera”. La relación que tenía don Pedro de Contreras con la Hermandad de la Santa Vera Cruz de Villanueva era ostensible, como demuestra la donación de esta cruz de madera dorada.

     La cofradía de la Santa Vera Cruz es una de las cuatro más antiguas de Villanueva, y ya existía en 1591. En el Callejero de Ocaña Torrejón encontramos información de esta Hermandad, de la que dice salía procesionalmente en el Santo Entierro, Jesús Resucitado y en las festividades de la Invención de la Santa Cruz (3 de mayo) y Exaltación de la Cruz (14 de septiembre). En el año 1632 se contrató al artífice Domingo Guayta para que les construya un retablo, importando las maderas, su transporte desde Almadén y la mano de obra del artista un total de 1.438 reales.

     De este culto a la Santa Vera Cruz derivan las populares fiestas de las cruces que se festejan el 3 de mayo, con altares callejeros  domésticos que se “vestían” con flores, en ocasiones hechas artesanalmente con hojas de estaño recortadas y moldeadas con calor. Es el caso de esta fotografía de inicios del siglo, de la cruz que había a la salida hacia Pedroche (exactamente donde hoy está la acera del parque junto a la parada de autobuses).



     Esta “Cruz de Pinchos” es de los escasísimos restos conservados del mobiliario religioso anterior a la Guerra Civil. El retablo de 1632 fue destruido, junto al resto de los retablos e imágenes que de albergaban en la iglesia de San Miguel, el 25 de julio de 1936, quemándose en la plaza. Si esta cruz se salvó es porque hasta entonces era costumbre que algunas imágenes se guardaran en domicilios particulares, bien porque pertenecían a esa familia bien porque eran miembros de la cofradía de las que eran titulares o las procesionaban. El dueño de la casa donde estaba la cruz en julio de 1936, al ver las circunstancias, decidió esconderla en su domicilio y, acabada la contienda, la restituyó a la parroquia de San Miguel.

jueves, 30 de abril de 2020

Romerías especiales de la Virgen de Luna


Javier Torralbo Gallego. Juan Palomo Palomo.

     La de este año 2020 pasará a la historia como la romería que no se pudo festejar, la gente de Villanueva de Córdoba no podrá acompañar a la imagen de la Virgen de Luna desde su santuario de la Jara hasta la iglesia de San Miguel. Las circunstancias obligan.
     En muy escasas ocasiones el pueblo jarote ha faltado a esa cita, pues el día tradicional de la romería, el Lunes de Pentecostés, es por excelencia el Día de Villanueva; o hubo algún suceso muy especial en ella. Podemos repasarlas desde las más recientes a las más antiguas.

Romería de 1936.

     La II República modificó sustancialmente el papel que había tenido secularmente la religión, implantándose un estado laico. El artículo 27 de la redacción final de la Constitución de 1931 establecía que “las manifestaciones públicas de culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno”. Es decir, no se prohibían pero podían dar lugar a un tedioso trámite o al silencio administrativo. Pero tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 aumentó la tensión a nivel nacional entre el clericalismo y anticlericalismo, con disputas continuas por asuntos como el toque de las campanas, entierros católicos o procesiones.
     En esas circunstancias la romería del Lunes de Pentecostés de 1936 estaba en peligro. Así que tres jarotes encontraron la solución. En la noche anterior al día tradicional de la romería de Villanueva, Juan Gómez (a) “Cebón”, Juan Alonso Galán (sacristán y sochantre de la parroquial de San Miguel) y don Patricio Bermudo (abogado, Presidente de la Hermandad y reorganizador de la misma tras la guerra civil), se trasladaron con el camión del primero al santuario de la Jara, y en el silencio de la noche hicieron el camino de vuelta con la imagen. Al amanecer, al abrirse las puertas del templo, la Virgen de Luna estaba ya dentro de la iglesia de San Miguel, causando el asombro del vecindario. Mantuvieron, sin mayores problemas o consecuencias, la tradición de traer la imagen de la Virgen de Luna a Villanueva el Lunes de Pentecostés.
     Fue la última romería que se hizo con la imagen primigenia del siglo XIV, pues fue destruida, junto con todo el mobiliario religioso, el 25-07-1936.

1777-1780

     En enero de 1777 comenzó a desmantelarse la vieja torre de San Miguel construida a finales del siglo XVI, pues amenazaba derrumbarse sobre el nuevo edificio recién terminado de la iglesia. En el verano del año siguiente comenzaron a hacerse los cimientos para la torre actual, que se concluyó en el verano de 1780.
     Fue en este tiempo, cuando materiales y andamiaje ocupaba buena parte de la plaza y el camino que va desde el de la Plata y se dirigía a Pedroche (actuales calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza, Herradores, Pedroche, Paseo de Andalucía), cuando se produjeron los hechos que recogió don Juan Ocaña Torrejón en su Callejero de Villanueva de Córdoba (pág. 82):
     “Aprovechando aquella vieja costumbre de hacer salvas a la Virgen de Luna y que el estado de las obras de la iglesia permitía ver desde el lado de la calle Real… gran parte de la Plaza, cierto individuo, por motivos ignorados, en ocasión de la llegada de la imagen de la Virgen a la Parroquia, momento en que eran más nutridas las salvas, disparó desde el lado de la calle Real, hallándose casi oculto, en las obras, un tiro de bala sobre otro vecino que se hallaba en la Plaza, causándole la muerte instantánea”.
     Este macabro suceso parece ser que fue el motivo de la cruz e inscripción sobre la fachada de la Plaza del edificio de la Audiencia, en la que pone: “Aquí murió Juan Cabre[ra]”. (Sobre el uso de armas por la Hermandad, manteniendo su tradición militar, la costumbre se mantuvo hasta que, con la creciente conflictividad social, en 1917 las autoridades locales prohibieron el uso de armas de fuego por parte de la misma como medida preventiva.)




1680-1681.

     Cuanto menos, las romerías de ambos años fueron muy peculiares. La de 1680 no se celebró, hubo la fiesta en el santuario, pero los vecinos de Villanueva se quedaron sin traer la imagen a su localidad:
En 1680, tras proceder a la llevada de la Virgen a su ermita por Pentecostés y permitir la fiesta en el santuario de los vecinos de Villanueva, los pozoalbenses pensaron en volver a traer la imagen a la villa para tenerla presente junto a ellos como protección ante la peste e igualmente para disfrutarla en festividades muy señaladas del comienzo del verano. Pero como esta decisión incomodaría sobremanera a los vecinos y autoridades de Villanueva (molestos por no poder disponer de Nuestra Señora en fechas en las que también  celebraban, desde las sentencias de finales del XVI, fiestas en su honor y atemorizados como estaban igualmente ante la amenaza de la epidemia), y ante la previsible reclamación, las autoridades de Pozoblanco salieron al paso ordenando en reunión del cabildo de 19 de junio de 1680 la celebración de un novenario a Jesús Nazareno y la traída de la Virgen de Luna, al día siguiente de la festividad de San Pedro, para que intercediera y evitara el posible contagio de peste que amenazaba a la población y a toda la comarca. La decisión se hacía sustentar en una cuestión religiosa y de salud pública pero también, de manera oportunista,  se pretendía con ella mantener la imagen en la villa hasta que trascurrieran las fechas de las mencionadas festividades en las que antaño los pozoalbenses habían tenido la Virgen y evitar, de paso, su más que probable traslado a Villanueva” (José Luis González Peralbo, “Rivalidad entre Pozoblanco y Villanueva por la Virgen de Luna. El pleito iniciado en 1681”, Boletín de la Cofradía de Nuestra Señora de Luna de Pozoblanco, 33, 2008).
     Recordemos que había una sentencia del Provisor del Obispado de Córdoba, Don Cristóbal de Mesa Cortés, fechada el 23-05-1590, por la que ambas poblaciones podían llevar la imagen a su pueblo: “tanto los de uno como los de otro pueblo podían celebrar fiestas separadamente en la ermita, y previa licencia del ordinario, llevar la imagen al pueblo con la decencia y acompañamiento necesarios, y que con la misma la tornen a traer a dicha ermita, sin que ni uno ni otro concejo pueda poner ni consienta poner contradicción alguna, so pena de excomunión mayor y cincuenta ducados de oro, y que el Concejo, Regimiento y vecinos de Villanueva pueda hacer y celebrar en la ermita con el Vicario receptor y clérigos de la dicha iglesia de Villanueva las fiestas que por su devoción quisieren hacer y celebrar en cualquier día en que no sea en los días y tiempo que el dicho Concejo y vecinos de Pozoblanco lo hicieren y celebraren, sino en otros días fuera de aquellos de manera que no se encuentren a hacer y celebrar las dichas fiestas ambos en un día”. Pero en esta sentencia no se reglamentaban las fechas para cada población, lo que dejaba la puerta abierta a polémicas y disensiones.
     Con los precedentes del año anterior, la romería de 1681 fue especialmente rocambolesca. Según la denuncia de Pozoblanco, los de Villanueva “de caso pensado y premedittado junttaron mas de cientto y cincuentta hombres con arcabuzes y otras Armas ofensivas y defensivas y vinieron con gran tumulto a media noche del día veintte y siette del mes de Mayo pasado de este presente año y se llevaron dha Imajen a dha villa de Villanueva poniendo cuatro guardas que alli existe en dicha hermita porque no viniese a dar cuenta a mi pte. en cuyo echo de violencia an cometido grave delito de despoxo dando ocasion a que mi pte. y sus vecinos se pongan en Arma para repeler el agravio e injuria que se le ha echo privando de dha Santa Imajen que la an tenido y Posehido y tienen como suya y propia”. Juan Ocaña Torrejón recogió en su obra Historia de la villa de Villanueva de Córdoba (1911) el texto íntegro de la denuncia de Pozoblanco, y la respuesta de Villanueva.
     La parte de Villanueva, al contrario, aducía que, tras ciertos actos en la iglesia de San Miguel, “el dia beinte y siete del mes de maio procximo pasado se juntase este Conçejo con muchas personas capitulares, vezinos desta villa, y acordasen el yr y traer a la yglesia parroqial desta villa la santa ymajen de Nuestra Señora de Luna con animo de zelebrarle fiestas y rrendirle cultos como antes se solia haçer en esta villa y se ejecuto esta aczion con la maior obstentaçion que fue posible traiendo en proçesion general a Nuestra Señora a la yglesia parroqial desta villa donde esta de pressente y luego se acudio a dar quenta al señor Probisor de la çiudad de Cordova...”. Y que el “Concejo y Reximiento de Pozoblanco y sus vecinos y no son partes legítimas para seguir dcho juicio que por ningún Título pueden impedir que mi Parte hagan fiestas en dcha. Hermita de Nuestra Señora de Luna, ni que la lleven en procesión a Villanueva de Córdoba quando sus vecinos tienen necesidad de alivio en sus necesidades espirituales y temporales y se hallan en quietta posesión de tiempo inmemorial de dchas. Fiestas y de llevar la Santa imagen en procesión a dcha. villa y así por los contrarios no pueden ser molestados ni perturbados en dcha posesión”.
     Aunque Juan Ocaña hace más de un siglo dejó constancia, como se decía, de estos pleitos iniciados en 1681, desconocíamos los verdaderos motivos que ocasionaron lo que unos consideraban un robo violento, y los otros una romería más a la que tenían derecho sin intromisión de la otra parte. Los hechos desencadenantes y el proceso posterior están siendo analizados por Javier Torralbo Gallego en un libro que se espera sea de pronta aparición. Las circunstancias mandan.
    Un documento de 1681 (que reproducimos al final) nos dice cómo se festejó la romería de Pentecostés de ese año: “para el rregoçijo que se çelebra an llebado mui de hordinario algunas danças asi de bailes como dança de espadas y conpañia de soldados todo a fin de haçer la dicha fiesta con la maior ostentaçion que a sido posible y que en esta misma conformidad se hiço el año pasado de mill y seiscientos y ochenta y uno al tienpo y quando acordo esta villa el yr por Nuestra Señora de Luna a su santa casa y traerla a la yglesia parroqial della como con efecto la trujo a donde estubo algun tienpo mientras que se çelebraron dos nobenarios de misas y se hiçieron fiestas de toros…”.
     La compañía de soldados debe de ser la “Hermandad y Compañía de Soldados de Nuestra Señora de Luna” de Villanueva, que existía al menos desde 1604. En cuanto a la danza de espadas, es la única referencia que hemos encontrado a algo así. Dada la cercanía no sería de extrañar que los danzantes de Obejo hubieran venido a la romería de Villanueva.
   También resulta interesante la mención a fiestas de toros ese año de 1681. Los bailes que igualmente se nombran implican músicos, pero no sabemos quiénes pudieran ser ni qué instrumentos interpretaban, o dónde tenían lugar los festejos.
     Dentro de la mentalidad de los hombres y mujeres del Barroco la religión y sus manifestaciones colectivas eran las características definitorias de esta sociedad. Aun así, desde la Baja Edad Media, existía otro rasgo que definía a la mentalidad de la sociedad de la Corona de Castilla; la hidalguía.
     Dentro de la mentalidad colectiva de la época ser noble no es solo tener tierras, no ejercer oficios manuales y pertenecer a un linaje antiguo y distinguido, hay una característica que sobresale y es la preeminencia sobre los demás. Eso en el lenguaje de Bernal Díaz del Castillo es “señorear” al resto de personas.
     Dentro del conflicto entre las villas de Pozoblanco y Villanueva de Córdoba por la Virgen de Luna que se viven a finales del siglo XVII se mezclan diversas razones: las económicas por los aprovechamientos de la Dehesa de La Jara, las religiosas por la protección que brinda la imagen de la virgen y sociales basadas en el deseo de preeminencia. Debido a esto, durante la reunión celebrada en San Miguel entre las hermandades de ambas villas, vemos que el conflicto en ese momento estalla por motivos de honra: “el dia sigundo de Pascua de Espiritu Santo que paso en este presente año se çelebro por esta villa fiesta a la santa ymajen de Nuestra Señora de Luna y abiendo concurrido a dicha fiesta el hermano maior, maiordomo y diputados de la Cofradia o Hermandad de la villa de Poçoblanco siendo asi que esta villa a çelebrado de tienpo ymmemorial a esta parte todos los años su fiesta en la hermita de Nuestra Señora de Luna sin ynterbencion de la dicha villa de Poçoblanco ahora nuevamente el dicho maiordomo quiso yntroduçir el que abia el suso dicho y sus diputados de rrejentear en la proçesion de la fiesta que haçia esta villa gobernando la proçesion de la yglesia y dando los puestos e ynsinias de su mano con lo qual ubo rreplicas de una y otra parte y fue motibo lo rreferido para que esta villa y su Conçejo se rresolbiese a haçe[r] su fiesta como antes la solia y acostunbraba haçer sin ynterbençion de dicho maiordomo y oficiales de la villa de Poçoblanco de lo qual rresulto que el dia beinte y siete del mes de maio procximo pasado se juntase este Conçejo con muchas personas capitulares, vezinos desta villa, y acordasen el yr y traer a la yglesia parroqial desta villa la santa ymajen de Nuestra Señora de Luna”.
     Este testimonio fue introducido el día 1 de junio de 1681 en el Libro de Acuerdos del Concejo de Villanueva de Córdoba, aunque sus actas se han perdido un traslado del Cabildo celebrado ese día ha sobrevivido hasta nuestros días entre los pleitos de la Chancillería Real de Granada. Así que además de los problemas económicos derivados de las malas cosechas y la dificultad de gestionar grandes extensiones de bienes comunales, y las epidemias que asolaban Andalucía en esos años ante las que se buscaba la salvaguarda de la Virgen de Luna, la causa detonante del conflicto entre jarotes y tarugos es la mentalidad barroca, o mejor dicho la honra y el deseo de señorear al prójimo.

     Acta del testimonio del teniente de gobernador y de los alcaldes ordinarios de Villanueva de Córdoba sobre los derechos de procesión de la Cofradía de la Virgen de Luna, de celebrar una fiesta anual y llevar la imagen en procesión a la villa. 03 de junio de 1682:
“(fol. 46rº) Juan Moreno de Pedraxas, escribano del Cavildo de la villa de Villanueba de Cordova, doi fee y testimonio a los señores quel pressente bieren como oi dia de la fecha deste pareçieron ante mi sus mercedes Francisco de Contreras, theniente de Gobernador desta villa, y Bartolome Sanchez Pesqueço, familiar del Santo Oficio, y Pedro Martin Poçuelo, alcaldes hordinarios desta, y con juramento que de su boluntad hiçieron por Dios nuestro señor y una cruz dijeron que en esta villa ai fundada de tienpo ymmemorial a esta parte una Hermandad y Cofradia de Nuestra Señora de Luna la qual a estado en costunbre de çelebrar cada un año una fiesta solemne de misa y proçesion y algunos años con sermon el dia sigundo de Pasqua a Nuestra Señora de Luna en su santa casa para la qual esta villa con asistençia de los dos cavildos eclesiastico y secular ban en proçesion general a dicha fiesta y para el rregoçijo que se çelebra an llebado mui de hordinario algunas danças asi de bailes como dança de espadas y conpañia de soldados todo a fin de haçer la dicha fiesta con la maior ostentaçion que a sido posible y que en esta misma conformidad se hiço el año pasado de mill y seiscientos y ochenta y uno al tienpo y quando acordo esta villa el yr por Nuestra Señora de Luna a su santa casa y traerla a la yglesia parroqial della como con efecto la trujo a donde estubo algun tienpo mientras que se çelebraron (fol. 46vº) dos nobenarios de misas y se hiçieron fiestas de toros y otros rreguçijos traiendo y llebando a su santa casa la santa ymajen de Nuestra Señora de Luna en proçesion general con danças de bailes de espadas y conpañia de soldados todo observando la costunbre con que todos los años esta villa celebra fiesta a dicha santa ymajen y para que dello conste donde conbenga doi el presente que ba firmado de sus mercedes dichos señores teniente y alcaldes que declaran saber esto en la forma que ba declarado como maiordomos y hermanos maiores que an sido de dicha Cofradia y Hermandad y lo signe y firme en Villanueba de Cordova a seis dias del mes de março de mill y seisçientos y ochenta y dos años =
Francisco de Contreras (rúbrica).
Pedro Martin Poçuelo (rúbrica).
Bartolome Sanchez Pesqueço (rúbrica).”



martes, 14 de abril de 2020

Las primeras calles de Villanueva de Córdoba hacia 1610


     Volvemos a repetir lo que se escribió sobre Villanueva de Córdoba en 1540. Todos los que nos hemos interesado por la historia de Villanueva de Córdoba nos hemos basado en el libro de don Juan Ocaña Prados Historia de la villa de Villanueva de Córdoba, publicado en 1911. Con un gran aporte documental, especialmente del siglo XVIII, es un valioso aporte para conocer de nuestro pasado, pero de épocas anteriores Ocaña Prados carecía casi de documentación, y para los orígenes de la población se basó sobre todo en la tradición oral. Según esta, el pueblo había nacido entre las calles Cañada Alta y Cañada Baja, construyéndose un oratorio en la calle Casas Blancas, y extendiéndose posteriormente al sur, hacia la plaza.

     Pero este pasado verano hemos conocido de documentos de 1500-1540, especialmente protocolos notariales, en los que las descripciones de propiedades y referencias a determinados lugares cuentan una historia muy distinta a la que describió Ocaña Prados o su hijo Ocaña Torrejón: la iglesia de San Miguel ya existía en 1500 (no se hizo al alcanzar el rango de villa en 1553, como opinaba Ocaña Prados), y la ermita de San Sebastián ya era nombrada en 1534 (bastante antes del año que daba Ocaña Torrejón para su construcción, 1585, que sería la de una reedificación posterior). Tampoco las Cañadas o la calle Casas Blancas son de las más antiguas: la primera de todas fue la calle Real.

     Los protocolos de los notarios, las actas capitulares del Concejo de Villanueva de Córdoba y los pleitos conservados en la Chancillería de Granada nos permiten conocer, al menos parcialmente, cómo fue creciendo la extensión de Villanueva desde su mismo nacimiento, y durante su primer siglo de existencia, con una base sólida y argumentada documentalmente. Como bien decía el antiguo lema de la UNED, de todas las cosas móviles la que más se mueve es el conocimiento.

     Podemos establecer dos etapas en el crecimiento urbano de Villanueva, sobre todo por la información disponible: la primera antes de la emancipación de Pedroche en 1553; la segunda, la de las primeras décadas de existencia como villa con jurisdicción propia.

PRIMERA ETAPA: 1499-1553
     Fue por la década de 1480 cuando unas cuantas familias, de Pedroche primero y otras localidades luego, comenzaron a residir de continuo en Encina Enana, que hasta entonces era un lugar con unas cuantas casas pajizas en la que residían ocasionalmente algunos vecinos de Pedroche para tareas estacionales. El lugar, como explicaba en 1530 el vecino de Pozoblanco Sebastian Rruyz, “le dezian aquel nonbre por una enzina que estava alli que tenia todas las rramas por el suelo y que dezian que criaba en ella una osa.

     Encina Enana en 1499 pasó a denominarse Villanueva de Córdoba. Ese mismo año contó con sus autoridades propias, aunque era aún un lugar en el término y jurisdicción de la villa de Pedroche.

     La documentación de 1540 nombra a un lugar llamado Cannada Enzyna Enanna, Cañada Encina Enana. No sabemos concretamente dónde estuvo, mas el sitio no era arbitrario, estaba en el trayecto desde el Camino Real de la Plata, la vía más importante de comunicación entre la Meseta y Andalucía en el siglo XVI, a Pedroche. Este camino se dejaba en las inmediaciones de la estación del AVE, y se encaminaba al NE entrando en la actual Villanueva por las calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza, Herradores, Pedroche y Paseo de la Estación, hasta la capital histórica de las Siete Villas.

     Este camino de Pedroche al de la Plata fue el núcleo del poblamiento y el origen de la población. Hacia 1540 aparece en numerosas ocasiones nombrada una calle a la que se denominaba “calle del Rrey”, o “calle Rreal”, o “calle Rreal de sus Magestades”, o “calle Rreal de Sus Altezas”, o “calle de Sus Magestades”. Parece que la calle Real era la única calle, como tal, que existía por 1540, extendiéndose la parte más urbanizada de Villanueva desde la plaza a la ermita de San Sebastián.

     Pero en el lugar residían ese año unos doscientos vecinos, por lo que eran necesarias más viviendas además de las de la calle Real y la plaza. En los protocolos se describen numerosas casas que en ocasiones lindaban con otras edificaciones, pero en otros casos se mostraban aisladas, lindando con cercas de prado o herrenales.

     El 03-04-1541 1541 el escribano de Villanueva, Benito Gomez de San Benito, decía que “se an dado por los dichos alcalldes e ofiçiales del Concejo de ella, jurado, mayordomo, e alguazil e otro muchos vecinos que se llegaron, solares a algunas personas en el exido de la dicha Villanueva para edificar casas”. Al depender jurisdiccionalmente de Pedroche, también su Concejo repartió solares en el ejido de Villanueva para edificar viviendas.

     Este lugar, el ejido, fue el lugar donde se comenzaron a levantar nuevos edificios para el núcleo primigenio plaza – calle Real – San Sebastián. La imagen que se percibe de Villanueva a mediados del siglo XVI es de una calle como tal, la calle Real, con numerosas viviendas más o menos aisladas o agrupadas en el exido. Las cruces de la calle del Torno (frente al casino), la cruz frente a la calle Contreras y la cruz de Cañuelo (en la confluencia de esta calle con la de Doctor Luna) estaban en los ruedos de entonces de Villanueva.

SEGUNDA ETAPA: 1591-1615
     Desde mediados del siglo XVI hay un gran vacío documental hasta 1591-1592, cuando conocemos los protocolos del escribano Anton Martinez Moreno. Desde ese año vuelven a saltar hasta 1610 en adelante.

     No contamos con una descripción exacta de donde estuvo el primer ejido de Villanueva, donde se construyeron viviendas, pero algunas referencias a él en los contratos de compraventa pueden aproximarnos a su ubicación:
·         El 07-06-1592 Francisco Ximenez Herrero y Francisca Ximenez, su mujer, venden a Anton Sanchez Loçano “un pedaço de tierra para corral que nosotros avemos junto a esta dicha villa junto a la parte que dizen Pozo las Vacas, que alinda con el exido de esta dicha villa, y con tierras de nos los dichos vendedores, y con tierra para corral de Martin Fernandez Gannan”. El Pozo las Vacas se encontraba al final de la actual calle Pedroche
·         El 04-08-1612 Bartolome Sanchez Alcornoquejo y Maria Fernandez, su mujer, compran una casa pequeña “lindando con casas de Juan Martin Zarco y con el exido de la fuente del camino de la de la Campiña”. Esta fuente es la que hoy llamamos Fuente de la Estrella, por lo que el ejido llegaría a sus inmediaciones.

     Parece que este ejido estaba paralelo al camino a Pedroche, desde el sur (la fuente del camino de la campiña) al norte (el Pozo de las Vacas). A medida que aumentaba la población, se incrementaba el número de casas que se edificaban en el ejido, tomando como ejes distintos caminos y callejones; al irse agrupando y alineando estas casas, se formaron las calles.

     Las dos primeras calles que se citan en los documentos notariales salían del camino del de la Plata a Pedroche, origen de Villanueva:
·         El 07-07-1591 Catalina Sanchez la Pozuela, viuda de Alonso Garçia Fustero, vende a su hijo Alonso Garçia Fustero y Catalina Ximenez, su mujer, “un corral çercado que yo tengo en esta villa alindando con corral de Alonso Hernandez de Segobia y con la calle que sale al camyno de la campinna”, por 25 ducados.
·         El 07-06-1592 Anton Martin Aserrador y Maria Sanchez, su mujer, venden a Alonso Rromero y Catalina Sanchez, su mujer, medio huerto con un pozo en la calle que sale del camino de Pedroche, por 22 ducados.

     En ambos casos se nombran a calles que salen del camino a la Campiña (calles San Sebastián, Córdoba y Adamuz) o el de Pedroche (calles Herradores y Pedroche). Y en los dos se emplea el artículo determinado “la”, sin mención a nombre, lo que parece indicar que el número de calles (es decir, de viviendas alineadas y agrupadas en número suficiente para ser consideradas así) en 1592 era muy escaso.

     El foro urbano seguía siendo, desde el principio, la plaza. Desde 1500 al menos estaba la iglesia de San Miguel, con su cementerio anejo. En 1552 ya existía una carnicería en la esquina con el camino al Torno (calle Ramón y Cajal), y en 1592 tenía en ella un mesón el escribano Anton Martinez Moreno (su fachada es las muy escasas que se conservan de aquella época).

     Existen referencias a lugares que no sabemos dónde estuvieron. Por ejemplo, el 25-06-1592 Francisco Munnoz Vaquero y Marina Fernandez, su mujer, vendían a Diego Fernandez Fresco e Ysabel Alonso, su mujer, “unas casas con su corral lindando con casas de Alonso Rruyz Velasco y estan junto a la terçia del pan de esta dicha villa”. La tercia real eran los dos novenos del diezmo que se pagaban a las arcas reales. La monarquía es ese tiempo estaba ávida de recursos, y en numerosas localidades se ha conservado el edificio donde se recogía la tercia real.

     Prueba de que la plaza era el centro urbano desde el principio es que la expansión urbana se hace desde ella por los caminos que se dirigían a localidades cercanas: Pozoblanco y Torremilano, Pedroche, Conquista, las ventas de Azuel y Cardeña, y Ovejo – El Torno.

     El camino de la campiña siguió edificándose al sur de la ermita de San Sebastián: el 19-06-1611 Diego Rruyz de las Carpinteras arrendaba de Francisco, menor hijo de Francisco Lopez Garrido, unas casas junto a la cruz del camino de la Campiña. Es la cruz que está en la hoy calle Córdoba.

     Por el otro extremo, el camino a Pedroche también se construían nuevas casas, apareciendo también su paralela calle Concejo: el 21-06-1610 Francisco Rruyz Camara vende a Juan Garcia Torralbo, hijo de Alonso Sanchez, un corral cercado a la salida de la calle de Pedroche que linda con corral del Concejo y corral de Pero Gomez Torralbo, por 18 ducados.

     Se iba edificando igualmente el camino a Conquista, pues la cárcel estaba en la esquina de esta calle con la de Cerro, según se muestra en este curioso contrato de 12-10-1592, por el que Juan de Molina, zapatero, y Maria Munnoz, su mujer, indemnizan a Diego Munnoz de la Camara con 21 ducados, “por rrazon de que siendo alguazil mayor el dicho Diego Munnoz Camara prendio a mi el dicho Juan de Molina por aver rresultado culpado en la muerte de Miguel de Montoro y llevandome a la carçel le huy e me solte del, y por esta causa prendieron al dicho Diego Munnoz y estuvo preso muchos dias en Cordova”.

     El camino a Torremilano y Pozoblanco compartían el mismo trazado a su salida de Villanueva, e igualmente se usó como eje para ir levantando casas:
·         El 31-12-1591 Francisco Rruyz Herrero y Francisca Rruyz, su mujer, vendían a Miguel Sanchez Rromero y a Maria Sanchez, su mujer, un corral cercado en esta villa junto al camino a Torremilano, lindando con corral de Diego Munnoz Camara y con corral de Maria de la Cruz, viuda de Bartolome Sanchez del Castillo, por 20 ducados.
·         El 18-04-1612 Miguel Sanchez Rromero vendía a Pedro Martin Moreno y Maria Sanchez, su mujer, un corral cercado a la salida de esta villa por la calle Pozoblanco, que linda con cerca del tejar de los dichos compradores y corral de Juan Garcia del Castillo.
Otro camino que sirvió de núcleo para la urbanización fue el del Torno, que en su salida desde la plaza también se dirigía a Obejo. Quien viniese por él podía llegar a la plaza por la calle del Torno, que aparece citada en documentos a partir de 1613:
·         Diego del Pozo vende el 16-02-1613 a Francisco Munnoz Fustero y Marina Jurada, su mujer, unas casas con sus corrales en la calle del Torno, linde con casas de Martin Lopez del Cerro y de Juan Cano.
·         El 26-12-1615 Juan Rodriguez Fuenssalida arrendaba al menor hijo de Juan Garcia Redondo, difunto, “unas casas que el dicho menor tiene en esta villa en la calle del Torno, linde con casas de Ysabel Fernandez, su abuela, y de Juan Rruiz Horozco”.

     También este camino, desde la Cruz Chiquita, se podía encaminar al este, en dirección a Cardeña, por las calles de la Coba (hoy Cervantes), y Empedrada (actual calle Canalejas):
·         El 26-07-1611 Benito Sanchez Alcornoquejo arrendaba a Diego Munnoz Camara “unas casas pequennas que el susodicho tiene en la calle Rreal de esta villa, linde con el callejon que sale a la casa de Pero Cobo”.
·         En el testamento de Francisco del Pozo Pescueço, dado el 17-04-1612, declaraba que “Diego Lopez Pulido que bibe en la calle de Pero Cobo me debe tres fanegas de trigo…”.
·         En el arrendamiento de una viña el 27-05-1612, se decía: “Sepan quantos esta carta de obligacion vieren como yo, Sebastian Sanchez Pedrajas, vezino que soy de esta villa de Villanueva de Cordoba en la calle Empedrada…”.

     Hacia el este había un gran interés económico, pues se extendía el término de Montoro donde se realizaban numerosos cultivos. Cerca de la población había viñas en los Majolejos y la Posadilla.
En 1591 ya se había edificado junto al camino a las ventas de Cardeña y Azuel la ermita de San Gregorio, y el camino también se fue urbanizando:
·         El 20-03-1610 se establecía un codicilo del testamento anterior por parte de “Martin Garcia Molinero, de la calle de las Ventas”.
·         En la venta de bienes de la capellanía que fundaron Maria Diaz, esposa de Alonso Garcia Herrero, y Bernardo Rruyz Moreno, realizada el 13-02-1612 a Anton Rrodriguez de Montoro y Maria de Cardenas, su mujer, se cita un corral cercado junto a esta villa en la calle de San Gregorio, linde con cerca de Pero Rruyz Pescueço y con corral de Teresa Garcia, su suegra, por 75 ducados.

     La zona de la Fuente Vieja debió urbanizarse pronto, pues el 16-07-1613 Bartolome Garcia del Castillo y Maria Lopez, su mujer, hipotecan una casa “en el barrio de la Fuente Bieja, lindando con casas de Juan Garcia de la Annora y de Juan Fernandez Garrido”. Si había barrio es porque debería de haber ya un conjunto de calles (al menos Cañuelo, Empedrada y San Gregorio, aunque desde la Fuente Vieja también nacen las calles Alta y Parralejo, que todavía no aparecen en la documentación).

     Otro lugar que se urbanizó dentro del primitivo ejido fue la Fuente de Juan Blanco: en el inventario de los bienes de 15-02-161 que aportó Alonso Sanchez Rromero, hijo de Symon Rruyz Rromero, a su matrimonio con Vitoria Rruyz, hija de Aparicio Fernandez constan unas “casas en esta villa baxo de la fuente de Juan Blanco linde con casas de Pedro Martin Herruzo y de la viuda de Anton Garcia de Mingo Rrodriguez, vezinos de esta villa, en quarenta y quatro ducados”.

     Poco a poco se iban construyendo más edificios, y los caminos y callejones pasaban a convertirse en calles. Al aumentar su número, y para distinguirlas, había que nominarlas y, como ya apuntó Juan Ocaña Torrejón, una de las formas fue el tomar el nombre de alguna persona, de las más relevantes o de las primeras, que habitaron en ellas. Ya hemos visto que “el callejón que sale a la casa de Pero Cobo” se convirtió en “la calle de Pero Cobo”. También puede ser el caso, por ejemplo, de la conocida como calle Anacid.

     El 15-12-1610 establecía su testamento Ana Çid, viuda de Martin Fernandez Gannan, en la que legaba a Maria Gomez, su hija y esposa de Bartolome Sanchez Fresco, unas casas con sus corrales de linde con casas del dicho Bartolome Sanchez y huerto de Juana Rruyz la Morena, viuda de Gonçalo Maduenno. Sobre su origen se han propuesto varias hipótesis. Parece bastante probable que la calle donde tuvo su casa Ana Çid pasara a llamarse así, la calle de Ana Cid.

     Otro caso es el de la calle de la Palma. A finales del siglo XVI y comienzos del XVII vivieron en Villanueva dos hermanos con estos apellidos. Antonio de Palma era tejedor, y hay numerosos contratos en que compra lana y vende paños. Su hermana Luisa de Palma presentaba el 11-03-1591 ante el escribano Anton Martinez Moreno una relación de bienes, al estar concertada de casarse con Juan Garcia, hijo de Lope Garcia. No había más personas en Villanueva con este apellido que, de hecho, se extinguió a la muerte de estos dos hermanos. La mención expresa a “la” Palma hace pensar que fue la vivienda donde vivió Luisa de Palma la que le dio nombre a la calle.

     En esta misma sección se puede incluir la calle Viveros, pues el 24-12-1613 Lucas de Biberos arrienda de Maria de Castro, menor hija de Gonçalo Maduenno, un telar de tejer paños veinticuatrenos que tiene en la casa de su morada por 48 reales anuales.

     Hay también referencias que no hemos podido ubicar: Alonso Gomez de Cilleruelos y Ana Lopez, su mujer, establecían el 24-04-1612 una carta de censo, donde se cita “una binna en el pago de Fuente de las Erillas, lindando con binna de Anton Moreno el Moço y con el callejon que sale de esta villa al camino de Torrecampo”. Quizá la que entonces se llamaba fuente de las Erillas es lo que hoy conocemos como pozo de las Cañadas, y que el callejón nombrado fuese la calle Cañada Alta o la calle Lepanto. Por ahora no tenemos más información para poder situar estos topónimos.

     Compendiando la información, desde el núcleo primigenio (plaza – calle Real – Alto del Santo) en 1540, se había pasado a casi una veintena de calles, al menos, por 1615. Hemos recogido las calles que se nombran en los documentos, aunque debieron de existir más, como la calle Cañuelo, que une la plaza con “el barrio de la Fuente Vieja”. Las de la siguiente relación existían en ese año de 1615.

Relación de las primeras calles y lugares urbanizados de Villanueva de Córdoba, junto al año de su primera referencia:
Calle Real, 1539
Plaza, 1500
Alto del Santo (calle San Sebastián), 1534
Cárcel (esquina calles Conquista y Cerro,) 1591
Cruz del camino de la Campiña (calle Córdoba), 1611
Fuente del camino de la Campiña, 1612
Calle Pedroche, 1610
Corral de Concejo, 1610
Calle Pozoblanco, 1612
Calle de Pero Cobo (calle Cervantes), 1611
Calle Empedrada (calle Canalejas), 1612
Fuente Vieja, 1613
Calle de las Ventas / calle de San Gregorio, 1610 / 1612
Calle del Torno (calle Ramón y Cajal), 1613
Fuente de Juan Blanco, 1611
[Calle de] Ana Cid, 1610.
[Calle de la] Palma, 1591.
[Calle de] Viveros, 1613