En el dolmen de Las Agulillas

domingo, 12 de marzo de 2017

Nuevas calles del ensanche de Villanueva de Córdoba (1883-1919)


     En otro artículo se ha tratado en este blog sobre el ensanche urbano que se produjo en Villanueva de Córdoba en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del siguiente, periodo en el que aumentó considerablemente la superficie edificada.
 
     El principal responsable fue el incremento demográfico que se produjo en este tiempo. Basándonos en los padrones parroquiales, de los 6.581 habitantes de 1865 se pasó a 9.311 al primero de enero de 1899.

(Resumen del padrón parroquial de Villanueva de Córdoba a 01 enero 1899.)

    Ello supone un vigoroso crecimiento del 12,57 por mil anual en el último tercio del siglo XIX, una cifra ciertamente notable tanto por lo elevado de la cifra como por el tiempo en que se mantiene (el famoso baby boom español de la década de 1970 tuvo un incremento del 11,03 por mil).

      Pero no existían edificios suficientes para albergar a esta población en aumento, pues en 1865 apenas si había una decena de casas deshabitadas de las 1.120 registradas en el padrón. Como es sabido que “el casado, casa quiere” había que construir muchos nuevos edificios, lo que se favorecía porque la estructura económica había cambiado tras las desamortizaciones y con la puesta en cultivo del olivar de sierra, capaces de producir excedentes suficientes para transformarlos en casas habitables.
 
     Estas nuevas construcciones se hicieron en dos lugares diferentes. El primero, dentro del perímetro histórico hasta finales del siglo XIX, prosiguiendo las construcciones a partir de las existentes (v. g., en 1865 la calle Concejo solo tenía 17 viviendas; la calle Castillejos, 19); también habilitando como urbanizado amplios espacios de corralones, como por donde se abrió a inicios del siglo XX la calle Olivo.
 
     El segundo, haciendo casas y abriendo calles nuevas, bien tomando como ejes antiguos caminos, bien creando las calles ex novo al suroeste. Es a este segundo grupo al que hemos denominado ensanche, y es al que le vamos a prestar atención, dado que cuenta con un grado de protección conjunta en las normas urbanísticas. (No es el único sitio donde se produjo el ensanche, pues en 1882 empezaron a hacerse casas en la calle Luna, y entre 1886-1890 se habría la calle Navaluenga, en el camino a Conquista.)
 
     La principal fuente documental son los padrones parroquiales que cada año elaboraban los sacerdotes de la parroquial de San Miguel de Villanueva (única parroquia existente hasta 1954). Sobre ellos he insistido que parecen ser fiables, al constar los nombres, edad y parentesco de los habitantes de cada casa. Al irse haciendo nuevas casas, y tras ser habitadas, los sacerdotes recogían esta circunstancia en su padrón, algo que nos resulta muy útil para nuestro estudio. No contamos, empero, con toda la serie de padrones, solo los de los años 1883, 1884, 1885, 1890 y 1900. A estos datos podemos unir el plano levantado por el Instituto Geográfico y Estadístico en 1919 para saber cómo fue gestándose y creciendo el ensanche de Villanueva, cuyo resumen se muestra abajo.


1883

       Hasta 1882 el límite por el suroeste estaba definido por las calles María Jesús Herruzo, Torno Alta y Juan Ocaña. Perpendiculares a este límite cruzaban algunos caminos o callejones, como las actuales calles Moreno de Pedrajas y San Miguel, que en su origen eran el Camino de la Loma (hacia Córdoba por Obejo) y el de la Bermejuela.
     En este año de 1883 aparecen seis casas nuevas en lo que hoy es calle San Miguel, y otras tres, colindando, en la actual de Génova. No estaban pegadas a los edificios antiguos, continuando las edificaciones existentes, por lo que da la sensación de haber sido una parcela que se edificó con esas nueve nuevas casas. Las seis de la calle San Miguel aparecen en el registro del padrón como “continuación de calle Padre Cantador”, nombre entonces de la hoy calle Padre Llorente, pero comprobando los nombres de sus primeros propietarios con padrones posteriores, se constata que pertenecen a los números 9, 11, 13, 12, 14 y 16 de calle San Miguel.

 (Calle San Miguel 12, uno de los primeros edificios del ensanche urbano de Villanueva.)

1884 
     Surge en el padrón de ese año una calle nueva, “Cruz Chiquita”, nombre que conserva aún en el vecindario la parte más próxima a la Plaza de la actual calle Moreno de Pedrajas. Fueron doce nuevos edificios los que se habitaron en ese año sobre el antiguo Camino de la Loma. (La "Cruz Chiquita" se encuentra hoy pegada a la pared entre las calles Atahona y Ramón y Cajal, pero antes, cuando aún no era calle y solo camino, la cruz se encontraba en la parte más elevada, junto al actual número 12 de calle Moreno de Pedrajas.)


 (Primeros edificios de la calle Moreno de Pedrajas de los números pares.)


1885
 
     La calle de la Cruz Chiquita pasa a tomar el nombre oficial de calle Córdoba (recordemos que la que hoy tiene ese nombre se llamaba entonces calle Tetuán), pues, como se comentó, el Camino de la Loma sobre el que se creó la nueva calle tenía esa dirección. Este año ya son veinte las casas habitadas en esta calle.
     Perpendicular a la entonces calle Córdoba se abrió una nueva calle, que por tal mérito recibió ese nombre: calle Nueva. Era la primera calle que se edificaba fuera del antiguo casco urbano en mucho tiempo, pues las calles San Miguel y Moreno de Pedrajas eran antiguos caminos urbanizados. La traza recta, a cordel, de la calle Nueva contrasta con su paralela, la sinuosa calle Torno Alta, otro antiguo camino que adaptaba su traza a las curvas de nivel. Igual ocurre con la rectilínea calle San Miguel, planificada con buena anchura y aceras de grandes dimensiones, frente a las estrecha y curvilínea Padre Llorente, un camino que fue edificándose sin planteamiento urbanístico alguno. Las calles que aparecen con el ensanche (San Miguel, Moreno de Pedrajas, Nueva, Libertad, Independencia, Fomento Alegría) presentan un claro trazado ortogonal.

 (Calle Nueva 5, construida en 1885.)

1886-1890

      En el trascurso de este quinquenio hubo una gran actividad constructiva. La calle San Miguel se pobló de casas hasta su final en el Calvario. Junto al otro eje (calle Moreno de Pedrajas), la calle Nueva se había edificado por completo, a la par que se habían abierto dos calles nuevas, Libertad e Independencia, creando un espacio urbano reticulado. Estas nuevas calles son diferentes a lo sucedido con la calle San Miguel, cuya acera oeste se prolonga hasta el Calvario en una gran manzana de 180 metros de longitud. Da la impresión de que eran terrenos particulares, en los que lo que importaba era sacar la mayor rentabilidad a la superficie, mientras que las construcciones cercanas a la calle Moreno de Pedrajas se realizaron en terrenos públicos, lo que permitió a los gobernantes planificar el espacio público con estas nuevas calles. Los nombres (Libertad, Independencia, luego Fomento, Alegría, Progreso…) fueron impuestos por alcaldes liberales, mientras que posteriormente los conservadores tomaron el hábito de dar nuevos nombres a las calles en función del santo del alcalde: San Cayetano, San Martín, San Bernardo…

 (Calle San Miguel 6, levantada entre 1886 y 1890.)

1891-1900 
 
     Durante este decenio continuaron construyéndose nuevos edificios: la calle Génova llegaba hasta el Calvario, a la vez que entre las de San Miguel y Moreno de Pedrajas se habría una nueva calle, Fomento. Los antiguos caminos que podían ampliar su extensión (como calles Torrecampo, Pedroche o Córdoba, entonces Tetuán) siguieron edificándose. Dentro del casco urbano anterior a 1883 se construyeron casas en un antiguo callejón que bordeaba la ermita de San Sebastián hasta el Peñascal, la Calleja del Santo.

1901-1919

     Durante esta etapa la calle Luna (en la que sus tres primeras casas se habitaron en 1882) se une a la de Viveros en la Fuente Grande.

     Entre estas dos calles y la de Génova se hicieron dos calles nuevas, Progreso y Dos de Mayo, pero únicamente con salida al Calvario, con los inconvenientes que creaba esta circunstancia (poco después los vecinos solventaron la situación por el expeditivo método de abrir una calle nueva en una noche, la calle San Bernardo: como ya dijimos, un ejemplo claro de democracia directa).

     La retícula de las calles San Miguel – Moreno de Pedrajas se completó con la apertura de la calle Alegría; parece ser que al estar orientada al sur, hacia la magna dehesa de la Jara, que se podía contemplar entonces en todo su esplendor, alegría era lo que producía aquella calle.

     Ampliando el antiguo casco urbano de 1883 hacia el Calvario se hicieron dos calles más, San Cayetano y San Martín (lo que indica que la alternancia de la Restauración ya se había producido en la Corporación Municipal).


     Los edificios que se construyen dentro del ensanche tienen una gran homogeneidad, con no demasiadas variaciones en el tamaño o forma exterior. El modelo básico es de un edificio de dos plantas, con la superior de menor altura, pues no tiene función de vivienda, sino de almecenaje. El vano de la puerta tiene una estructura dolménica, al estar flanqueada por bloques de granito en jambas y dintel. Es característico de esta época que el grosor de los mismos es pequeño (entre 25-40 cm), frente a los grandes dinteles de siglos anteriores. Los vanos de las ventanas, sobre todo de la puerta baja, también se orlan de granito.

     El conocer las fechas en que se levantaron nos permite a distinguir las casas nuevas construidas dentro del antiguo casco urbano por las mismas fechas, pero con los nuevos cánones arquitectónicos con los que se hicieron las casas del ensanche de Villanueva de Córdoba a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

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