En el dolmen de Las Agulillas

jueves, 3 de marzo de 2016

Texto completo del Pregón de la Feria de 2015 de Villanueva de Córdoba

     Ya se ha publicado el Pregón de Feria que ofrecí el pasado día 2 de agosto de 2015 en Villanueva de Córdoba. Estando ya en papel, hay que usar también las nuevas tecnologías en comunicación y ofrecerlo desde nuestro blog. Para que sea más cómodo he preferido hacer el "clásico copia-pega" en vez de subirlo en archivo .pdf. Debo, una vez más, agradeder al presentador, Daniel Pizarro Camacho, Pregonero de 2014, su enorme generosidad.
     Aclaro que el blasón que aparece abajo en la portada es el del linaje Palomo que desde Cantabria se encaminó a Extremadura, y de ahí al norte de Córdoba, desde donde nos encontramos al menos desde mediados del siglo XVI: dos jabalíes rampantes sobre una encina con bellotas doradas. ¡Vaya!, pensé cuando lo conocí, ni a cosa hecha se podría haber escogido mejor emblema para alguien que vive en las mejores dehesas del mundo, las de los Pedroches.




VILLANUEVA DE CÓRDOBA
PREGÓN DE FERIA 2015

PRESENTACION DEL PREGONERO DE LA FERIA 2015
Daniel Pizarro Camacho,Pregonero de la Feria 2014

Ilma. Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación Municipal, Cronista oficial, anteriores pregoneros, Reinas, Damas y Mister de las fiestas, Director de la banda de música y componentes de la misma, medios de comunicación, paisanos, asistentes y amigos:
Parece que fue ayer cuando ocupé esta tribuna como Pregonero de la Feria 2014 y ha pasado ya un año. Nos encontramos de nuevo en este magnífico escenario para hacer ahora la presentación de quien tomará el relevo como protagonista del Pregón de Feria 2015.
No puedo negar que siento una especial satisfacción por esta oportunidad de llevar a cabo una, necesariamente limitada en el tiempo, exposición de la personalidad de quien este año nos iniciará en nuestras fiestas. Y lo es por su calidad humana, su preparación cultural y su vocación intelectual: nuestro paisano Juan Palomo Palomo.
El hogar de Juan Antonio y Petra, padres de Juan, se enriqueció con la llegada de un nuevo jarote que vio la luz del día en la calle que lleva el nombre de nuestro Patrón San Miguel. Corría el 1963, año que albergó luctuosos sucesos como las desapariciones del Papa Juan XXIII y del Presidente John F. Kennedy, pero también ilusiones esperanzadoras como la enorme manifestación en el Lincoln Memorial de Washington DC, que vivió el discurso I have a dream (yo tengo un sueño) de Martin Luther King.
Ignoro si Juan vino con un pan debajo del brazo, como dice el refrán, pero la verdad es que la llegada al mundo de nuestro pregonero coincidió con la implantación, por vez primera, del salario mínimo en España. Bien es cierto que el mismo ascendía a la exorbitante cantidad de sesenta pesetas al día (treinta y seis céntimos de euro, de ahora), pero eran otros tiempos. Vino también apareada su nascencia, tal vez como premonición de su futura vocación arqueológica, con el descubrimiento ese año del Tesoro de Villena, en Alicante. Constituyó el hallazgo de orfebrería prehistórica más importante de la península ibérica y segundo de Europa, sólo superado por el de las Tumbas Reales de Micenas en Grecia. Lo constituyen 59 piezas de oro, plata, hierro y ámbar, con un peso de unos 15 kilos, una antigüedad de unos 1.000 años A.C. y procedente de la Edad de Bronce tardío.
Juan se considera genética y espiritualmente, con el mayor orgullo, descendiente de pizarreros, concretamente de los originarios de la zona entre los Puntales y el Barranco de los Tolones. No le falta razón, porque aquellos intrépidos y tesoneros paisanos supieron, a través del esfuerzo, la abnegación y las privaciones, domeñar la agreste Sierra Morena haciéndola productiva.
Su niñez y adolescencia estuvo imbricada en la trastienda de uno de aquellos pequeños comercios de la época. Recuerda, orgulloso de su familia y entorno, que colaboró a la economía familiar partiendo en el patio, con martillo y cincel, miles de kilos de pescada congelada, o subiendo a pie, por las graces, hasta la cámara, centenares de cajas de galletas.
Su cualificación académica es Diplomado Universitario en Trabajo Social, aunque reconoce que disfruta mucho más como archivero de la Parroquia de San Miguel de Villanueva. Historiador autodidacta, anda lidiando académicamente la materia en la Universidad a Distancia.
Con su exquisita sencillez confiesa que no tiene vocación de escritor, y lo que más le place es leer, conocer cosas nuevas. Sin embargo, movido por su afán de compartir, por hacer llegar a los demás las cosas de las que ha disfrutado conociendo, ha dado a luz, -dándole a la tecla como dice él-, hasta el presente, a tres libros:
-Del origen de Cardeña (Notas para la historia de Cardeña, Azuel y Venta del Charco) 1999.
-Villancicos de las Misas de la Virgen de Villanueva de Córdoba (De la tradición de los Pedroches), 2000.
-Historia de la Cooperativa San Miguel de Villanueva de Córdoba (1959-2011).

Se manifiesta también como articulista, y entre los trabajos publicados destacan:
- "La red viaria antigua en los Pedroches orientales (Córdoba)”, El Miliario Extravagante 87, 2003.
- "Los molinos hidráulicos en la Antigüedad", Espacio, Tiempo y Forma 19-20, 2006-2007.
- "Evolución de los caminos de Córdoba a Toledo por el norte de Córdoba desde la Antigüedad hasta la Edad Moderna", Almirez 18, 2012.
Colabora frecuentemente con el Boletín Informativo de la Asociación de Cabezas de Familia, publicando sustanciosos textos. En la Revista de Feria anual, su firma aparece cada año. También hace sus pinitos con los nuevos mecanismos de comunicación en los que, con su acostumbrada modestia, manifiesta en el argot jarote que no es, precisamente, un aguililla, pero que ha aportado sus granitos de arena, como:
- Contenidos históricos de la página en internet de la Cofradía de la Virgen de Luna de Villanueva de Córdoba.
- Creador del blog Historia desde la Jara, dedicado exclusivamente a la historia y arqueología de los Pedroches.
A título personal recomiendo, a todos los presentes, hacer inmersión en sus publicaciones y en su blog, porque estoy seguro que disfrutarán de sus trabajos y aumentarán el conocimiento cultural sobre nuestra tierra.
Es un impenitente buscador e indagador de funerarios dólmenes e inhiestos y fálicos menhires, investigador infatigable de datos y circunstancias arqueológicas, históricas, socioeconómicas, culturales e incluso gastronómicas de nuestro amado pueblo y comarca. Se mueve en todos los terrenos y lo mismo investiga la antroponimia local, las necrópolis en roca, los molinos hidráulicos, los ilustres paisanos de la época del Califato, la industria lanera o el salmorejo jarote.
Recuerdo que hace algunos años coincidimos en un Congreso Internacional de Molinología, en el cual presentaba una ponencia, precisamente, sobre el encuadre histórico de los molinos hidráulicos. A partir de entonces tuve un especial interés en conocer su trabajo porque aprecié en Juan una gran dedicación y un excelente cuidado hacia el enfoque científico de la historiografía: con basamentos firmes en documentaciones serias y una fiable información bibliográfica, todo ello unido a un exhaustivo y analítico trabajo de campo.
Baste para ello, como ejemplo, hacer referencia a un amanecer del solsticio de verano,-que tuvo el placer de contemplar y transmitir fotográficamente-, a los pies de un dolmen en Torrubia, inusualmente orientado, para comprobar “in situ” su teoría basada en una justificación astronómica que originaría la disposición topográfica particular del megalito.
Reflejan su sensibilidad hechos como la ilusión con que realiza las excursiones ecológico culturales con su sobrino Juanito, iniciándolo en el conocimiento de los yacimientos prehistóricos, así como, -aún autoclasificándose encuadrado en el grupo tercero que define Caro Baroja, como un no incondicional amante de todas las tradiciones- en la gran inenarrable emoción que sintió cuando fue alabardero de la Virgen de Luna, el año 2012, como hermano mayor, y portó la enseña empuñada por tantas generaciones de manos jarotas.
Es exigente en sus investigaciones. Crítico con las, con frecuencia, conclusiones erróneas, equivocadas o infantiles emitidas sobre yacimientos o restos. Lo hace, incluso en ocasiones, con enfoque humorístico, como es el caso del petroglifo de la Venus Oronda de Las Aguzaderas, al que califica procedente, ni mucho menos de época prehistórica, como algún advenedizo aseveraba, sino del bautizado por él Pizarriense Reciente.
Para estar a tono con el carácter historiador que impregna la personalidad de nuestro pregonero, y contando en parte con su sentido del humor, quiero finalizar su presentación con unas referencias pretéritas relacionadas, de alguna manera, con su figura.
Luce nuestro amigo el apellido Palomo y además por duplicado. A titulo anecdótico recojo la exótica, pintoresca y cronológicamente increíble versión sobre su linaje. Según el genealogista Piferrer, en su obra Nobiliario de los reinos y señoríos de España, tiene su origen en el jefe de una tribu importante en la provincia del Chaco, en la India oriental. Al parecer, con gran fervor religioso, a finales del siglo XIV, deseó abrazar el catolicismo y Juan I de Castilla le concedió la Condecoración de la Orden de la Paloma,  pasando a llamarse, -imagino que en honor al rey y a la orden concedida- , el primer Juan Palomo de la historia.
Tiene Juan asimismo un homónimo, aunque no por supuesto relación de parentesco que yo sepa, en Diego Padilla, uno de los siete niños de Ecija, que adoptó el nombre de batalla de Juan Palomo. Intrépido bandolero, romántico y altruista, amigo de El Tempranillo, que cabalgó Sierra Morena y se refugiaba en la Casa Grande de la cercana Fuente la Lancha.
Pero quizá la referencia más usual y tópica relacionada con su apellido deba su origen a Francisco de Quevedo que, en una de sus múltiples poesías burlescas titulada “Letrilla Satírica III”, que forma parte de un conjunto de veinticinco, versifica:
Más estimo un dan que un don;
y es mi fuerza y vigor tanto,
que un testimonio levanto,
aunque pese más que plomo.
Yo me soy el rey Palomo:
yo me lo guiso y yo me lo como.

En la transmisión oral popular, con el tiempo, el original vocablo rey fue trastocado por Juan y, en esta transferencia, aparece el protagonismo de nuestro pregonero: “Juan Palomo, yo me lo guiso y yo me lo como”.
Es cierto que en el día de hoy, esta paremia es correcta tan solo a medias, ya que si bien el pregón ha sido cocinado en su totalidad por nuestro amigo Juan -se lo ha “guisado” él solo-, también es verdad que nos va a hacer participes a todos de él, compartiendo con nosotros tan preparado manjar.
Por ello, en su condición de pregonero 2015, aprovechando esta analogía culinaria, con el mayor afecto: tienes la palabra “chef”.

Villanueva de Córdoba, 2 de agosto de 2015.


PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS DE VILLANUEVA DE CÓRDOBA 2015
Juan Palomo Palomo.

Ilma. Sra. Alcaldesa; señoras y señores concejales; señor Cronista, Reinas, Damas y Místers de nuestra feria; queridos paisanos y amigos.
Cuando en nombre de la Corporación la Alcaldesa, Doña Dolores Sánchez Moreno, me propuso dar el Pregón de la Feria de este año intenté unas hábiles maniobras elusivas, que, evidentemente, resultaron infructuosas. Como dijo un famoso personaje literario, hay ofertas que no se pueden rechazar.
Asumida la cuestión, el asunto, además de orgullo, y satisfacción, me llenó sobre todo de responsabilidad. Y de auténtica zozobra. En primer lugar, porque no estoy aquí como individuo particular, sino como depositario de la confianza de nuestros representantes democráticos, para, en nombre de la comunidad de Villanueva de Córdoba, realizar un “discurso elogioso en el que se anuncie al público la celebración de nuestra feria y se le incite a participar en ella”.
En segundo lugar, por la forma de dicho discurso elogioso. Dado su carácter, es frecuente que se haga desde la emotividad, desde los sentimientos; desde unos recuerdos y vivencias comunes que nos hacen sentir y considerar que pertenecemos a un cuerpo social. Mis ilustres antecesores han tratando desde este enfoque, de modo magistral, a la feria, a Villanueva y a sus gentes. Proseguir por esa senda hubiera sido iterativo, y no tendría mucho nuevo que aportar.
Esta era mi preocupación: ¿qué puedo ofrecerle a mi pueblo? Mi ámbito de conocimiento es la Historia, y ya que en el cartel anunciador dice: “Feria y fiestas de Villanueva de Córdoba”, les invito a que demos un paseo histórico por eso, por las ferias, las fiestas y los orígenes de Villanueva de Córdoba. Un paseo para hacer gana de feria

1.- FERIA.

1.1.- Las ferias en general.

Las ferias son el primer elemento a tratar.
Hace más de un siglo que el Padre de la Historia Jarota, don Juan Ocaña Prados, describía la tradicional feria de San Miguel, diciendo: “La llamada impropiamente feria se componía de algunas tiendas de juguetes, puestos de cristal y loza, de calzado, espartos, cordeles, hierros y otras menudencias, sin faltar los turrones y golosinas”. Don Juan Ocaña sabía que desde la Edad Media las ferias habían sido otra cosa.
Desde sus orígenes medievales las ferias tuvieron sustanciales diferencias con los simples mercados. Como decía Alfonso X en sus Partidas, mercado es el lugar “do se ayuntan los homes a comprar e a vender las sus cosas”. Su frecuencia era alta, celebrándose diaria o semanalmente. El objetivo primordial del mercado era abastecer a la población de productos básicos, dando salida a los excedentes de los campos cercanos.
Las ferias, en cambio, se celebraban una o incluso dos veces al año, con una duración superior a una semana. Los productos que se mercadeaban en ellas podrían proceder tanto de las inmediaciones como de lugares lejanos, y su finalidad no era proveerse para el día a día, sino el abastecimiento durante largo tiempo o de mercancías poco frecuentes.
A partir del siglo XII Europa occidental se llena de ferias; la más antigua de los reinos hispánicos es de 1116, aunque fue en el siglo XV cuando se creó la más famosa de todas, la de Medina del Campo.
Durante la Edad Moderna los reyes españoles protegieron y apoyaron con privilegios las más destacadas, pues sabían que formaban el principal circuito de mercancías y capitales imprescindibles para sostener la monarquía. Así que durante el siglo XVI el auge de las ferias castellanas fue extraordinario.
En el siguiente siglo, el XVII, tuvo lugar su irreversible declive, cuya principal causa fue el enorme apuro de las finanzas de la monarquía, que acabaron que agotar y arruinar a estos circuitos comerciales: al estar la hacienda real tan estrechamente vinculada a las ferias, su déficit crónico las arrastró consigo al desastre.
Entre los siglos XVII y XIX se produce un gran desarrollo industrial, y las ferias tienen una importante transformación: de ser lugares donde se realizan intercambios comerciales, pasan a ser medios para promover los avances tecnológicos de un país y mecanismos para impulsar la actividad comercial.
En definitiva, el concepto de feria y sus elementos han ido evolucionando a lo largo de los siglos. En la Edad Media, cuando las comunicaciones eran peligrosas y difíciles, cuando eran escasos los sitios donde encontrar objetos de lujo o de primera necesidad, esas grandes reuniones de gentes de todos los lugares eran florecientes y tenían un objetivo de aprovisionamiento. Posteriormente, a la feria se le unió el concepto de fiesta: con sus tenderetes móviles, sus mercancías variadas y no frecuentes, con espectáculos, con asistentes que acudían solo por divertimento, las ferias tenían como principal cometido proporcionar diversiones a la población. Y es en este ámbito donde se encuadra nuestra feria jarota.

1.2.- Las ferias de Villanueva de Córdoba.

Escribía don Juan Ocaña Torrejón que desde tiempo inmemorial se celebraban en la Fuente Vieja las fiestas de septiembre o San Miguel. Creo que es algo lógico al ser el espacio público más amplio (su extensión se vio reducida en el siglo XIX al vender parte de sus terrenos), dado que la explanada inmediata a la iglesia de San Miguel, lugar utilizado como cementerio hasta 1813, estaba circundada por una pared que iba de una a otra de las puertas laterales de la iglesia, manteniéndose dicho muro hasta mediados del siglo XIX.
En principio, las fiestas en honor al patrono local, San Miguel, comenzaban el 29 de septiembre y terminaban el primer domingo de octubre. En la Fuente Vieja se instalaban puestos de venta de cristal, loza, calzado, etc. para los adultos; y los tenderetes de juguetes, turrones y golosinas, caballitos de madera, pim, pam pum para los niños. En los primeros años del siglo XX aparecieron novedades feriales, como cine, o corridas de toros en una plaza construida al final de la calle Luna.
En 1910 el alcalde de Villanueva, don Matías Moreno Blanco, se propuso darle más carácter y entidad a la única fiesta popular anual de la localidad.
Dado que no existía disponibilidad presupuestaria desde el Ayuntamiento, el alcalde recurrió a la iniciativa privada, convocando una reunión entre los principales comerciantes e industriales, a quienes expuso su proyecto. Fue aceptado con entusiasmo, creándose una comisión ejecutiva para hacerlo realidad.
La feria de 1911 discurrió entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre. Cucañas, globos aerostáticos, corridas de toros, funciones de teatro y cinematógrafo, bailes públicos y de sociedad, fin de fiesta con una función de fuegos artificiales en el nuevo y flamante Paseo de la Estación, compusieron el programa de festejos. Decía Ocaña Prados que “lo que más llamó la atención del público en esta festividad fue la soberbia iluminación colocada en la Plaza Constitucional, en la plazuela de la Fuente Vieja y en el trayecto que media entre ambas… Construyéronse arcos adornados con esmero, escudos, banderas, gallardetes, farolillos a la veneciana… realzado por la intensidad del alumbrado eléctrico… en cada arco había cinco bombillas de 16 bujías”. El siglo XX había llegado a Villanueva.
Anticipándose a la tendencia de las ferias sectoriales actuales, se celebró una feria de ganado en el recién estrenado Paseo de la Estación ese mismo año de 1911.
A partir de entonces, la feria fue cambiando de fechas y de localización. En 1913 fue trasladada al Paseo de la Estación, aunque duró poco allí, ya que en 1914 pasó al Calvario, donde continúa. En 1917 se modificó su fecha, llevando su inicio al 19 del mismo mes, aunque tres años después se consideró que debería comenzar el 15 de septiembre. Quizá para ajustar más su celebración al ciclo agrícola, pues a mediados de septiembre, generalmente, se estaba a la espera de las primeras lluvias otoñales que permitieran las labores en el campo.
En 1971 pasó a celebrarse el 4 de agosto, para permitir, sobre todo, que las personas que habían emigrado recientemente pudieran retornar a sus orígenes en las vacaciones estivales.
En 1997 se produjo la última modificación, decidiendo que comenzase el primer martes de agosto y acabase en la madrugada del domingo, ocupando prácticamente una semana natural completa.
Durante buena parte del siglo XX se celebraba una feria de ganado coincidente con la de San Miguel, al principio en el Paseo de la Estación y posteriormente en el Calvario. En la de 1968 tuvo lugar la I Feria Exposición de Maquinaria Agrícola del Valle de los Pedroches, lo que era un salto cualitativo en la oferta ferial.
Aunque la mayor innovación en este aspecto ha sido la creación, en 2001, de la Feria del Jamón Ibérico, al comienzo de Villanueva en particular, y luego de los Pedroches en general. Tiene como objetivo dar a conocer la excelente calidad de los productos derivados del cerdo ibérico criado en la comarca, siendo sobre todo la degustación de jamón lo que prima.
Esta feria del Jamón, junto con la Denominación de Origen de Ibérico de los Pedroches, ha contribuido a que desde nuestra tierra se inicie en serio una nueva forma económica, pasando de ser de meros vendedores de ganado a industriales que venden sus jamones. Hasta hace poco, todas las plusvalías y valor añadido del cerdo ibérico salían de nuestro centro de producción; el objetivo es que todos ellos repercutan en los productores y en la comarca. La Feria del Jamón tiene el cometido primordial de dar a conocer la excelente calidad de nuestros productos: lo que no se conoce, no se compra.

2.- FIESTAS.

2.1.- El carácter de las fiestas.

Las fiestas son el segundo elemento a considerar. Aunque parezca una contradicción, las fiestas son una cosa muy seria. El mismísimo Yahvé, poco dado a las bromas, se lo dejó bien claro, y por escrito, a Moisés en sus tablas de la ley: santificarás las fiestas; él mismo se había tomado un día de fiesta tras la creación del Universo.
Creo que las fiestas tienen su causa primera en una característica de nuestra especie que nos distingue del resto de homínidos: la capacidad para entrar en la mente del otro, para saber lo que piensa. Los conocimientos y la experiencia se multiplican y se transmiten, tanto horizontalmente, entre los miembros de un conjunto, como verticalmente, de generación en generación. Esto nos llevó a evolucionar no como individuos, sino como grupo. Pero esta común unión puede generar tensiones, tanto en las relaciones de los individuos entre sí como entre diferentes grupos. Así que de tanto en cuanto haya que realizar ritos o ceremonias que reafirmen el carácter grupal de una comunidad. Al unirse a la perspectiva religiosa, los ritos y celebraciones impusieron el acatamiento de los principios que permitían la cohesión y el orden sociales.
El carácter comunitario de las fiestas ha sido resaltado por quienes las han analizado desde un punto de vista sociológico y antropológico. Por citar a dos grandes, Émile Durkheim consideraba que la fiesta primitiva era como una efervescencia colectiva, una de las formas elementales de la vida colectiva y la expresión de una solidaridad mecánica. El uno totalitario predomina sobre el átomo individual. Don Julio Caro Baroja, en su obra El carnaval, define a la fiesta como el hundimiento del individuo en el subconsciente colectivo.
El tiempo es un componente esencial de la fiesta, pues, además de su carácter de cohesión social, la fiesta es una ruptura del hábito, la negación de lo cotidiano y la trasgresión de las normas establecidas. El tiempo festivo es universal y cósmico, se produce y reproduce constantemente; hay un nacimiento, un desarrollo y una muerte de la fiesta, lo que sirve para generar y regenerar la cultura de un grupo social.
La fiesta es también el momento de inserción en la comunidad de nuevos miembros, que asumen los valores culturales del grupo, o de reencuentro de los que se encuentran diseminados.
Al igual que el sueño nos sirve para eliminar los residuos de la actividad diaria, las fiestas son también las ocasiones que sirven de catarsis, de limpieza purificadora de la comunidad.
La fiesta, pues, se nos muestra como una Jano Bifronte (o el águila imperial de los Austrias de nuestro escudo), con dos caras aparentemente opuestas pero que forman parte de un único cuerpo, de una única realidad social: ceremonias y ritos de cohesión social de carácter grupal, pero también “regocijo dispuesto para que el pueblo se recree”, como dice el DRAE.
Hasta prácticamente mediados de la década de 1960, cuando la cultura del ocio estaba aún por descubrirse, eran muchas familias que vivían en los campos durante meses, y tenían en esos pocos días de feria el único escape anual a la rutina de las labores agrícolas. Y como tal era vivida, con el regocijo que ofrece lo escaso.
Hoy en día nuestros hábitos han cambiado, los motivos que dieron lugar al cambio a agosto de la feria ya no se dan, y quizá fuera positivo que la feria volviese a septiembre, al primer martes de septiembre, por ejemplo, para que no coincidiera con las vacaciones de agosto de la mayoría de la población, ni tampoco con el calendario escolar. Nuestra feria y fiestas locales deben potenciarse, pues no debemos olvidar que constituyen un elemento primordial de nuestra identidad grupal, tanto para nosotros mismos como ante las comunidades vecinas.

2.2.- Otras fiestas de Villanueva de Córdoba.

La feria de agosto, antes de San Miguel, es la fiesta que celebra de forma institucional la comunidad de Villanueva de Córdoba, pero hay en el ciclo anual otras que también pueden definirse de jarotas, tanto por su forma o por la manera de manifestarse.
La primera en el calendario es la de San Sebastián, el 20 de enero. Es la fiesta de los aceituneros, pues era en esos días cuando se estaba desarrollando la plena recolección de aceitunas. Es una fiesta jarota en tanto otras localidades cercanas celebran la misma fiesta días antes, el de San Antonio. Cuando las gentes pasaban largos periodos en los olivares, este era un día especial; la víspera del Santo se hacían grandes candelas en los cortijos, visitándose unas faneguerías a otras y culminando la velada con cantos y bailes. Hoy en día, las candelas que se hacen en lo Alto del Santo, junto a la ermita de su titular, mantienen esta tradición.
Prosiguiendo en el calendario, a la espera de la primera luna llena de la primavera, la Semana Santa se inaugura en Villanueva diez días antes del Domingo de Ramos, en una procesión exclusivamente jarota: La procesión de las Velitas. Su origen pudo estar en el traslado de la imagen de la Virgen de los Dolores desde la iglesia de San Miguel a la ermita de Jesús, en la calle Real, aunque luego acabara consolidándose como uno de los elementos más singulares de la cultura jarota, pues junto a la Virgen, los protagonistas de ella son los niños, que la acompañan portando velas, cuyo adorno tradicional eran azucenas de papel. El desfile de los niños acompañando a la Virgen de los Dolores es absolutamente entrañable y lleno de emotividad, y sientes que es el futuro de Villanueva el que pasa delante de ti.
Cincuenta días después del Domingo de Resurrección, en el Lunes de Pentecostés, tiene lugar la que considero la auténtica fiesta nacional jarota: la romería de la Virgen de Luna, en la que su imagen es traída desde su ermita a Villanueva, donde permanece hasta el segundo domingo de octubre, en que es llevada de nuevo al santuario. El que podamos hacer hoy esta romería no fue gratuito, nuestros antepasados jarotes tuvieron que luchar, y no solo en sentido metafórico, para realizarla. Los primeros pleitos con otro municipio cercano datan de 1589, reactivándose durante 1681-1685. No cejamos en nuestro empeño, y cada año celebramos su llegada. La procesión del Lunes de Pentecostés en Villanueva de Córdoba es como el Aberri Eguna o la Diada jarota, pero con la diferencia de que es mucho más antigua, y no es artificial, sino que  nació del pueblo, quien la mantuvo y la vive con júbilo. Es cuando se muestra de modo inequívoco el, digamos, sentimiento nacional jarote. Por eso, cuando se produjo el gran éxodo migratorio de los años 60-70 del pasado siglo, en los dos lugares donde residían más personas naturales de Villanueva, en Barcelona y Madrid, se crearon hermandades de la Virgen de Luna. Fue usual entre los emigrantes andaluces que, para reafirmar su identidad al residir en otros lugares, se unieran o crearan cofradías de la Virgen del Rocío. A los jarotes que habitaban en Madrid o Barcelona no les hacía falta, nuestra Virgen de Luna era el símbolo, el icono de nuestra comunidad, Villanueva de Córdoba, lo que la representaba y lo que la definía. No nos hacía falta nada más, y mucho menos si era ajeno a nuestra tradición. Bien visto, ¿cuántos pueblos hicieron lo que nuestros paisanos allí, seguir manteniendo su cultura, ritos y símbolos, allá en tierra extraña?

3- VILLANUEVA DE CÓRDOBA.

3.1. Encina Enana, Villanueva de la Jara, Villanueva de Córdoba.

El tercer y último elemento a considerar en nuestro paseo es Villanueva de Córdoba.
Don Juan Ocaña Prados recogía la tradición según la cual nuestra localidad surgió tras la Peste Negra de 1348, a partir de vecinos de Pedroche que huyeron de ella. En realidad, eso es lo que dice Luis María Ramírez de las Casas-Deza en 1840, pero refiriéndose a Torrecampo.
La hipótesis más extendida sobre el origen de las villas de la comarca las hace proceder de Pedroche. Es lo que escribió en 1660 el franciscano Fray Andrés de Guadalupe en su Historia de la Santa provincia de los Ángeles.
Ninguna de las dos tradiciones se basa en ninguna fuente escrita, sino que entran dentro de lo legendario.
Basándonos en los documentos, la primera referencia sobre Villanueva de Córdoba, con su primigenio nombre de Encina Enana, es de un siglo posterior a la Peste Negra, ya en el siglo XV. En el traslado de una escritura fechada el 26 de septiembre de 1437, un testigo, natural de Adamuz, “...dixo ql tenia de por suya la dicha posada dl guijo q gla qmo un ome de Ensina Enana...” (“dijo que él tenía de por suya la dicha posada de El Guijo que la quemó un hombre de Encina Enana”). [Una pequeña digresión: se había comentado que el prístino nombre podría haber sido Encina Nava, que no Encina Enana, pero en este documento, que dio a conocer don Miguel Muñoz Vázquez en la Revista de Feria de Villanueva de Córdoba de 1989, es perfectamente legible la palabra “Enana”; al igual que en el documento de 1499 que se citará a continuación. Fin de la digresión.]
El lunes 6 de mayo 1499 un representante de los habitantes de Encina Enana solicitaba del cabildo de Córdoba que se cambiase el nombre por Villanueva de Córdoba, lo que aceptó el cabildo, mandando igualmente que se proveyese de un alcalde y un escribano. Hay que reseñar que Encina Enana no tenía entonces entidad jurídica municipal propia, era un “lugar” dependiente administrativamente de Pedroche. Ese alcalde (cuyo nombre proviene del árabe al cadí, juez) era un juez, que sólo entendía en asuntos de materia civil de cuantías no superiores a 300 maravedís. Para apelaciones a sus sentencias, o en cuestión penal, tenía que remitirse a las instancias superiores de Pedroche o Córdoba.
Al analizar la documentación del proceso que desembocó en la independencia jarota, don Juan Gregorio Nevado Calero (de la Real Academia de Córdoba), hace unas interesantes apreciaciones. Encina Enana no es denominada nunca “aldea”, sino “lugar”, habiendo diferencias entre ambos conceptos: Lo que define a esta palabra, lugar, es que no tiene jurisdicción propia, está sujeto a otra entidad local superior. Aldea, al contrario, es una expresión que generalmente va acompañada de su villa matriz, y que tiene un gran peso económico y social en el territorio. Al ser nombrada siempre como lugar, en opinión del señor Nevado Calero, “expresan la inexistencia del vínculo directo entre el pueblo matriz y el nuevo centro de población”.
Una muy interesante consideración, que rompe el mito del origen común de las villas en Pedroche de Fray Andrés de Guadalupe. Costumbres jarotas únicas en la comarca como el uso de nuestra hierba de San Juan, Sedum ampexicaule, o la ausencia del yeyeo en el habla, tan frecuente en el resto de la comarca, parecen apuntar a ese origen diferenciado de los jarotes primigenios (o, al menos, de un grupo significativo) que, por ahora, de existir, se nos muestra oculto.
Prosigue don Juan Gregorio Nevado que, "al cambiar el nombre de Encina Enana escogieron uno que asume la identificación jurídica y al mismo tiempo el ámbito jurisdiccional: por un lado villa y por otro Córdoba. Seguro que fue un acto de inteligencia y valentía mezclado con audacia", porque, en puridad, no tenía la condición de villa, aunque pretendiera defender los intereses de sus habitantes, planteando un pleito ante la Chancillería de Granada en 1541-1545 contra Pedroche sobre el control y el aprovechamiento del término.
Algunos motivos para buscar la independencia de Pedroche aparecen explícitos en la documentación de la época, mientras que otros se nos muestran implícitos. Los jarotes de entonces argumentaban los perjuicios que les producía estar a tres leguas de la villa donde se impartía justicia, lo que hacía que muchos renunciasen a pleitear por los gastos e inconvenientes que acarreaba dejar sus labores y heredades: ello suponía desgobierno e injusticia. También debían sentirse perjudicados en el reparto de los bienes de gestión comunal, o en el repartimiento de impuestos a satisfacer. Podría ser, en realidad, que las élites locales buscaran el dominio directo de la población sin intromisión de otro concejo, algo que las beneficiaba a ellas e igualmente a la ciudad de Córdoba, que contaba con un nuevo centro de recaudación y aumentaba su poder como entidad jurisdiccional intermedia, reforzando su influencia en el gobierno central al ser una ciudad con voto en Cortes.
La oportunidad se produjo a finales del reinado de Carlos V. Las enormes necesidades de la corona en su lucha con protestantes alemanes, católicos franceses, sarracenos norteafricanos y turcos hicieron que obtuviera nuevos ingresos por la venta de jurisdicciones de lugares y aldeas dependientes de la monarquía.
El 18 abril 1553 se expedía el documento que concedía la exención jurisdiccional de Villanueva de Córdoba, otorgándole el título de villa. Sus 280 vecinos y moradores (entre mil y mil doscientas personas) pagaron por ello 700.000 maravedís, equivalentes a 2.000 escudos de oro. A razón de 3,38 gramos por escudo, entraron en las reales arcas 6,76 kilos de oro, por lo que la independencia habría equivalido a unos 200.000 euros de hoy.
Otro nombre con el que aparece nuestra localidad es el de Villanueva de la Jara, hasta en mapas o enciclopedias del siglo XVIII. No fue nunca su nombre oficial, pero al haber ya en la zona otra Villanueva, primero del Marqués y después del Duque, y estar en el corazón de la Dehesa de la Jara, fue llamada así, Villanueva de la Jara. Y jarotes sus habitantes.

3.1. Al principio, fueron el agua y los caminos.

El marco general en que nuestra localidad nace, crece y alcanza su mayoría de edad (siglos XV a mediados del XVI) fue favorable para el crecimiento de la población española en general. La cuestión es por qué Villanueva surgió donde hoy nos encontramos. La respuesta, que ya anticipó don Juan Ocaña Torrejón, está en los caminos, que constituyeron los ejes que articularon el inicio y desarrollo urbano.
El primero de estos caminos fue el que denominamos popularmente “del Armillat”, por transitar por el río Guadalmellato. Fue la principal vía de comunicación entre Córdoba y Toledo durante el califato omeya, en los siglos X y comienzos de XI. Discurría por la actual Villanueva por las calles Laguna del Pino, Sol, Nieve, Cruz de Piedra, Ventura, las Cañadas, Torrecampo, para continuar al norte en dirección al Puerto Mochuelo. Precisamente en la calle Ventura existía una inscripción árabe fechada en el año 1002, de carácter conmemorativo, aunque no sabemos exactamente sobre qué. Con la disolución del califato en el año 1031 el camino de Armillat se abandona.
Tras la toma de Córdoba en 1236 la red viaria entre el centro y el sur peninsular va variando y ampliándose. En el año 1273 se crea el Honrado Concejo de la Mesta, que se reglamenta en 1347, y aparecen las vías pecuarias para el tránsito del ganado trashumante, en muchas ocasiones empleando caminos antiguos y vías romanas.
Uno de estos caminos de carne, la Cañada Real Soriana llegaba a tierras cordobesas tras cruzar el Guadalmez, separándose de ella un ramal que, dejando a su derecha a Torrecampo continuaba hasta los parajes donde se halla Villanueva, y aquí se dividía en tres caminos: el llamado de Encina Enana a Adamuz; el camino del Rongil, que se dirigía a Obejo, y el tercero el camino del Armillat que se citaba anteriormente.
No se sabe cuándo surgió Encina Enana. El catalizador para que fuera aglutinándose población pudo ser una venta, como propone Ocaña Torrejón, pues sí tenemos constancia de que Conquista, Cardeña, Azuel y Venta del Charco son localidades que nacieron al albur de una venta en un camino.
Acaso colaboró otro factor: la abundancia de agua subterránea. Hay que recordar que Villanueva se encuentra inmediata a la divisoria de cuencas del Guadiana y Guadalquivir, por lo que no hay arroyos de entidad, y esos acuíferos son muy importantes para el ganado trashumante o de simples viajeros.
Según la tradición, la zona más antigua del pueblo es la comprendida por las calles Casas Blancas, Cañadas, Torrecampo y Castillejos, pero no hay ningún documento que avale, o no, esta hipótesis.
El camino del Armillat, ya convertido en vía pecuaria, pudo ser el primer eje urbano de Villanueva, aunque, como ya observara don Juan Ocaña Torrejón, con una ligera variante respecto a su trazado original: en la calle Sol, en su cruce con calle San Blas, comienza una larga cuesta que culmina en el Cerrillo de la Nieve. Para evitarla desde el callejón de los Mazacotes giraría a la izquierda, y por la calle Empedrada llegaría a la Fuente Vieja, que podría haber sido el primer foro urbano. Cerca de ella, en la esquina de las calles Cerro y Conquista (frente al teatro) estuvo la cárcel vieja, acaso construida cuando en 1499 se dieron las primeras autoridades. El final de la calle Cerro enlazaría con el trazado del antiguo camino califal.
Junto al camino se encuentran numerosos pozos públicos: la Fuente de la Estrella, la Fuente Vieja, el de la Cruz de Piedra, Cañada y Fuente del Sordo.
Durante los siglos XII al XIV la presión cristiana sobre la zona del noreste de Córdoba hizo que los caminos que iban desde el Guadalquivir hasta el centro peninsular fueran desplazándose al oeste, por Pedroche y Belalcázar; pero esta no es la dirección natural, pues Toledo queda al noreste de Córdoba. Una vez que la situación bélica se había calmado, y la frontera estaba al sur de la provincia, el concejo cordobés solicitó del rey en 1394 que se le otorgaran beneficios fiscales a una docena de ventas para reactivar el tráfico comercial y de viajeros por dos caminos que tenían un trayecto más corto y cómodo para viajar desde Córdoba a Toledo.
Uno de ellos, llamado del Villar, iba desde Córdoba por la cuesta de Santo Domingo hasta Obejo, donde enlazaba con el que se dirigía hacia Villanueva que se nombraba arriba.
El otro cruzaba la sierra para llegar a Adamuz, prosiguiendo hasta el norte. Fue el que se pobló de las ventas franquiciadas que a todos nos suenan, como Venta Orán, Venta los Locos, Venta Velasco o Ventas Nuevas. Este camino de Toledo a Córdoba por Conquista y Adamuz, el Camino Real de la Plata, se convirtió en la vía más importante de comunicación entre el centro y sur peninsular (hasta que Carlos III desplazó el camino por Despeñaperros). Al llegar a las inmediaciones de la estación del AVE el viajero podía ir desde el Camino de la Plata hasta Villanueva por la vía pecuaria de ésta a Montoro.
Al entrar en la actual población el camino discurría por las calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza de España. Desde aquí el viajero podía ir hasta Pedroche por la calle Herradores, o enlazar de nuevo con el Camino de la Plata por las calles Mártires, Conquista, Cruz de Piedra y Navaluenga.
Este tramo de camino se convertiría en el nuevo eje urbano de Villanueva. Una amplia explanada, la plaza, donde el agua subterránea es abundante, fue el núcleo de la vida social jarota. Se levantó la iglesia principal, la de San Miguel, aunque en el mismo camino también se construyeran dos ermitas en el siglo XVI, la de Jesús y la de San Sebastián. Quizá como consecuencia de la nueva categoría de Villa a partir de 1553, se levanta un edificio para el Concejo municipal, la audiencia. También se construye en el mismo sitio un pósito, para almacenar las cosechas de cereales, el actual ayuntamiento. Como en todas las poblaciones de entonces, junto a la iglesia principal se hizo el cementerio, que se mantuvo allí, como decíamos, hasta 1813.
El otro camino que buscaba potenciar el cabildo cordobés, el del Villar-Obejo-Villanueva, también influyó en la configuración del callejero: entraba en el pueblo por el Calvario, prosiguiendo por la calle Moreno de Pedrajas. Al llegar a la Cruz Chiquita se bifurcaba, pudiendo ir por la izquierda, calle del Torno o de Ramón y Cajal, hasta la Plaza, y enlazar hacia Pedroche o Conquista. Por la derecha proseguía por las calles Atahona, Cervantes, Empedrada para llegar a la antigua Fuente Vieja.

Y tras este paseo por nuestra historia y nuestras calles, debemos recordar el sabio consejo de nuestros mayores: “En tiempo de melones, pocos sermones; y en época de sandías, menos todavía”.
Pero como pregonero vuestro que soy, os debo exigir que nos regocijemos con la feria, y esa exigencia, os la voy a pedir. (Bueno, a los adolescentes no hace falta, sus hormonas ya se encargan de eso.)
Que salgan los matrimonios a complacerse de la buena compañía de familia y amigos, y a deleitarse con las ricas tapas que hay por la calle la Feria, la Ronda del Calvario o la Calle Ancha.
Vosotros, quienes ya estáis en la edad del júbilo, porque con vuestro trabajo, tesón e ilusión construisteis nuestra realidad, vosotros, que sabéis que en vuestra mocedad sólo estaba la feria para olvidar la rutina anual, invadid la caseta municipal y las muchas que se levantan para la ocasión. Y recogeos más tarde que los zorollos.
Abuelos en buen uso y tíos agregados, coged a vuestros nietos y sobrinos porque la mejor manera de disfrutar de la feria es con un niño de la mano.
Los latinos decían: Carpe diem, aprovecha el momento, no lo malgastes. Jarotes, seamos sensatos, y disfrutemos de nuestra feria.
Gracias.




miércoles, 3 de febrero de 2016

Modificaciones en los nombres de las calles de Villanueva de Córdoba

     El callejero de cualquier población guarda entre sus nombres mucha de su historia, aunque a veces el paso de los tiempos (y la ausencia de fuentes de información) nos impiden saber qué méritos o cualidades tuvieron Juan Blanco o Juan de López para que sus vecinos decidieran conocer esas calles con tales denominaciones. En otros casos parece evidente que un señor llamado Francisco Rey tuvo un horno de pan en esa calle, por lo que al comienzo fue conocida como callejón del horno de Francisco Rey, pasando por economía del lenguaje a Horno de Rey y, posteriormente, a ser llamada simplemente calle Rey. Los nombres o apellidos de personas que habitaron en ciertas calles acabaron por darle el nombre a las mismas: Viveros, Pérez, Contreras, Juan Blanco, Juan de López, Rey, Palma.
     Algunos nombres antiguos se deben a hitos topográficos, como la calle del Pozo, Cerro, Laguna del Pino, Peñascal, Piedras Altas (hoy Plaza del Carmen) o la calle Zarza, en principio Callejón a la fuente de la Zarza.
     Otros tienen su origen en las características de su trazado o de sus casas, como la calle Torcida, Empedrada, Casas Coloradas o Casas Blancas. También los hay porque en ellas tuvieron su asiento determinadas actividades, como el Callejón de la Sal (donde este producto era un monopolio vendido en una determinada tienda); la calle Cuartel, pues en ella tenía lugar la concentración de tropas; la calle Concejo, por el lugar donde se reunían los justicias y regidores de la población; la calle Tahona, por existir un horno para pan; o la calle Nieve, por haber en ella en el siglo XVIII un pozo para guardar la nieve, que entonces tenía fines medicinales.
     Hay calles que deben su nombre al ser en su origen los caminos que se dirigían a otras localidades, como Conquista, Torrecampo, Pedroche, Pozoblanco, Adamuz, Córdoba o Ventas (por iniciarse en ella el camino que iba hacia las entonces ventas de Cardeña y Azuel). 
     También existen otras cuya etiología se desconoce por completo, como Anacid, o Jetones. Sobre esta última escribía don Juan Ocaña en su Callejero de Villanueva de Córdoba (página 46): “Mucho se ha hablado y fantaseado sobre dicho nombre, sobre todo por su semejanza en la pronunciación con el ‘getto’ judío”, es decir, que para algunos sería la calle donde habrían vivido los judíos de la localidad. Pero es algo anacrónico, ilógico y absurdo, y como ya dijo el Guerra, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por muchos motivos, en los que merece la pena detenerse:
1.- No hay constancia alguna de presencia de personas de etnia judía en Villanueva. Al menos no consta ningún judaizante en los procesos de la Inquisición contra personas de la comarca, aunque eso tampoco impide que existiesen (véase información aparte).
2.- La palabra “gueto” proviene del italiano “ghetto”, y éste del veneciano “geto”, “fundición de hierro”, pues en un barrio de Venecia donde existía una fundición fue el lugar donde se les obligó a los hebreos a que tuvieran su residencia forzosa desde 1516.
3.- En España el vocablo tradicional para denominar los barrios de poblaciones judías siempre fue “judería”, palabra que aparece en el primer diccionario de la lengua española editado por la Real Academia Española, el Diccionario de Autoridades, de 1726-1739.
4.- La palabra “gueto” se hizo muy tristemente famosa tras la Segunda Guerra Mundial y la política de extermino racial de la Alemania nazi. Hasta entonces, era un vocablo desconocido en España, por lo que difícilmente puede tener relación con el nombre de una calle de 1771.
     Así que no debe tener ninguna consideración la relación del nombre de la calle Jetones con lugar de residencia de unos judíos muy probablemente inexistentes. Más acertada parece la opinión de don Juan Ocaña, para el que derivaba del vocablo castellano “jetar”, en el sentido de desleír algo en un líquido, y de alguna actividad que se realizara en dicha calle relacionada con esta acepción.
     Gracias sobre todo a los archivos parroquiales, en concreto a los padrones parroquiales que se en parte se han conservado, podemos conocer las dimensiones de Villanueva y los nombres de sus calles desde el siglo XVII. Puede comprobarse que muchos de aquellos nombres se han mantenido hasta hoy (Cerro, Parralejo, Casas Blancas, Concejo…), y aunque en otros casos sus hombres oficiales se han cambiado, el pueblo las sigue conociendo como calle Alta o Empedrada, Pérez o Cepas (Hermanos Martos, Canalejas, María Cristina y Manuel Ayllón, respectivamente).
       Cuando a mediados del siglo XIX Villanueva comienza a expandirse con su particular ensanche, especialmente al suroeste, van apareciendo nuevas calles que es necesario nominar, y en los nuevos nombres se aprecian claramente las distintas ideologías de los regidores locales de cada momento: cuando están en el gobierno los liberales los nombres impuestos a las nuevas calles parecen sacados del optimismo de la Ilustración: Progreso, Fomento, Liceo, Libertad, Independencia, Industria. Cuando les tocaba gobernar a los conservadores, dominaba la componenda religiosa: en 1904 se abría una nueva calle que partía de la unión de las actuales Córdoba y María Jesús Herruzo hasta el ejido del Calvario, y se decidió darle el nombre del santo del alcalde del momento, Cayetano Martos Herruzo, pasando pues a llamarse San Cayetano. Al año siguiente, se habría otra nueva calle que también partía de la actual Córdoba hasta el Calvario, y se le dio el nombre del santo del alcalde de ese año, Martín Sánchez y Sánchez: calle San Martín. El ejemplo prosiguió con otras calles como San Fernando o San Bernardo.
     Hubo momentos en los que los ediles decidieron adaptar el nombre del callejero a los acontecimientos de la historia nacional, cambiando los nombres tradicionales por otros como sucesos importantes o personajes históricos. El 04-04-1864 el Ayuntamiento de Villanueva de Córdoba, con la presidencia de Bartolomé Torrico Sánchez, cambió en una sesión, especialmente patriótica, el nombre de varias calles como consecuencia de las campañas militares que se habían desarrollado en ese tiempo por el norte de África: la antigua calle del Cuartel (hoy Córdoba) pasó a llamarse Tetuán, y el callejón Torcío se denominó calle Castillejos, en homenaje a las dos batallas ganadas a los marroquíes en las guerras de África, en las que destacó el general Prim. (Por esta misma razón en muchas ciudades de España abundan estos nombre de Castillejos y Tetuán, que también corresponden a la misma época; los dos leones de bronce que flanquean las puertas del Congreso de los Diputados en Madrid se fabricaron fundiendo los cañones de bronce que se habían capturado a los moros en esas campañas). Debe rechazarse por espuria la hipótesis que lanzó cierto nativo indocumentado de que el nombre de Castillejos se debe a que en ese lugar existió alguna fortificación de la Edad Media. Pues no, por sus méritos en la batalla de los Castillejos al general Juan Prim se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos y Grande de España. En esta misma sesión municipal de 1864 la calle Jetones pasó a llamarse Lepanto; la calle de las Coloradas, Bailén; el callejón de Pata Palo, Quevedo; y el callejón de la Coba, Cervantes. Sesión épica y lírica, con los nombres de cuatro batallas y dos grandes escritores.
     Otra tanda de cambios se produjo en 1895, cuando las calles del Torno y del Pozo pasaron a llamarse Antonio Barroso y Santos Isasa, respectivamente, nombre de dos políticos nacionales representantes de la circunscripción a la que pertenecía Villanueva.
     Por estas mismas fechas los regidores municipales variaron su parecer en cuanto a los nombres de alguna calle: si en 1894 la calle Padre Cantador (actual Padre Llorente) era rotulada como Espronceda, en 1896 le cambiaban el nombre por el que hoy conserva de Padre Llorente, en honor del padre Antonio Llorente Santos, por su labor realizada en las Santas Misiones celebradas ese año.
     También en 1896 se le cambiaba el nombre a una calle de reciente apertura entonces, pasando de llamarse Córdoba a Moreno de Pedrajas, por el sacerdote y filántropo jarote fundador el Hospital de Jesús Nazareno. Sin duda que don Bernardo Moreno de Pedrajas se merecía al menos este reconocimiento.
     Hay algún nombre de calle de la que, aunque sea relativamente actual, se desconoce el motivo de su elección: es el caso de la calle Génova, llamada así a partir de la decisión municipal de 1910, y que daba el mismo nombre a tres callejones consecutivos que habían tenido un nombre distinto hasta entonces: Callejón de la Sal, Carmona y Callejón de los Buñoleros.
     En 1912 se decidía volver a cambiar el nombre de algunas calles: el callejón de la Porra, de ambiguo nombre, pasaba a llamarse Reina (hoy María Jesús Herruzo); la calle Empedrada, Canalejas, en honor del político José Canalejas, asesinado ese mismo año.
     El Ayuntamiento honraba en 1930 a quien fuera su Secretario, y también iniciador de la Historia de Villanueva, don Juan Ocaña Prados, quien aunque hubiera nacido en Móstoles se convirtió en un auténtico jarote. La calle donde había habitado, Dehesillas ("Jesillas" para los del barrio) tomó su nombre en el año citado, tras haber fallecido don Juan Ocaña en el número cuatro de esa calle el 12-04- 1928.
     Los cambios más numerosos en la nomenclatura del callejero de Villanueva de Córdoba se produjeron con la II República. Con su advenimiento modificaron sus nombres especialmente algunas calles que lo tenían vinculado con la religión: Amargura, Cruz de Piedra, San Miguel...; o con la monarquía: Reina, María Cristina, Real, e incluso la calle Rey, que como hemos comentado nada tiene que ver con la realeza, sino porque en tiempos antiguos tuvo aquí su horno de pan Francisco Rey. También si algún político republicano caía en desgracia se le retiraba el honor de rotular una calle: así, el primer Presidente de la II República, Niceto Alcalá Zamora, que en 1931 había dado nombre a la calle Herradores, dejó de merecer tal honor en 1936, pasando a llamarse la calle Joaquín de Grado hasta 1939.
     Entre los nuevos nombres dados a las calles por las corporaciones municipales durante la II República (labor en la que se mostraron especialmente pródigos) estaban:

* Juanita Rico (Calle Nueva), por una miliciana muerta en Madrid en septiembre de 1936;
* Luis de Tapia, 1871-1937 (calle Olivo), periodista madrileño, considerado el poeta satírico de la II República;
* Joaquín de Grado (calle Herradores), jefe del radio Comunista de Cuatro Caminos, Madrid, muerto en 1934;
* Nicolás Salmerón (calle Amargura), Presidente del Ejecutivo en la I República Española en 1873;
* Antonio García Quejido, 1856-1927, (calle Cruz de Piedra), sindicalista y político socialista primero y comunista después;
* Jaén Morente, 1879-1964, (calle Cerro) historiador cordobés, diputado por Izquierda Republicana en 1936;
* Capitán Galán (calle del Pozo), militar republicano que participó en la Sublevación de Jaca de 12-12-1930, siendo fusilado por ello;
* García Hernández (calle María Cristina) otro militar que participó en los mismos hechos que el capitán Galán.
* Mártires de Jaca (calle Rey), con lo que los dos protagonistas de los sucesos de Jaca tuvieron merecimiento a título particular y conjunto;
* Virginia González, 1873-1923, (calle Juan Blanco), dirigente obrera y feminista, cofundadora del PCE;
* Jaime Vera, 1859-1918, (calle Padre Llorente) político socialista;
* Pablo Iglesias, 1850-1925, (calle Real) fundador del PSOE;
* Naker (calle San Patricio), médico que acogió a Mateo Morral tras haber arrojado una bomba a Alfonso XIII el día de su matrimonio con Victoria Eugenia el 13-05-1906;
* Catorce de Abril [de 1931], (calle Todos los Mártires) fecha de la proclamación de la II República.

     Tras la guerra civil, estas calles con nombres modificados durante la II República volvían a cambiar su nombre, retomando los tradicionales o adquiriendo otros nuevos, especialmente el de personas que se habían destacado en la contienda o colaborado en la creación de nuevo régimen:

* Plaza del Generalísimo, Franco, obviamente (Plaza de España);
* José Antonio [Primo de Rivera, 1903-1936] (calle Real), fundador de Falange Española y ejecutado el 20-11-1936 en Alicante;
* Calvo Sotelo (calle Plazarejo), político asesinado el 13-07-1936, y considerado en el periodo de Franco como “Protomártir de la Cruzada”;
* General Sanjurjo (calle del Pozo), protagonista de un intento de golpe de estado contra la República en 1934 (la Sanjurjada);
* Queipo de Llano (calle Herradores), general al mando del ejército de Andalucía durante la guerra civil;
* Plaza del General Mola, 1887-1937, (Plaza de la Fuente Vieja), conocido como “El Director” en la sublevación militar de 1936;
* Dieciocho de Julio [de 1936], fecha del Alzamiento Nacional y origen de la guerra civil.

     En 1969 se producía otro cambio de denominación en algunas calles: la antigua Alta (cuyo nombre proviene de su topografía) pasaba a llamarse Hermanos Martos, en honor de unos hermanos bienintencionados que vivieron en ella y que donaron sus bienes para la creación de un centro de enseñanza; se le daba el nombre de Dolores Herruzo (quien a sus expensas había construido el convento y colegio de Cristo Rey) al antiguo Callejón de la Cuesta; la calle Reina pasaba a llamarse María Jesús Herruzo, fundadora de la congregación de Las Obreras del Sagrado Corazón de Jesús; por último, la Travesía de Cañuelo se denominó Doctor Luna, en homenaje a un eminente cirujano nacido en Villanueva.
     La última gran modificación nombres en el callejero tuvo lugar el 13-11-1980, cuando el Ayuntamiento del momento emprendió una auténtica labor de transición, en tiempo y forma adecuados, eliminando del nomenclátor urbano todos aquellos nombres relacionados con el anterior régimen, y dándoles, con gran sentido común, el nombre tradicional que se había mantenido entre la gente del pueblo. Así, la antigua calle del Pozo del Brocal, luego Santos Isasa, después Capitán Galán, más tarde General Sanjurjo, volvía a denominarse, ¡por fin!, con el nombre con que había sido conocida desde siempre: calle del Pozo.
     Ésta es una de las calles que más nombres ha tenido. Las otras son:
* Herradores (Alcalá Zamora, Joaquín de Grado, Queipo de Llano);
* María Jesús Herruzo (Callejón de la Porra, Concepción Arenal, Reina);
* Padre Llorente (Padre Cantador, Espronceda, Jaime Vera);
* Plaza de España (Plaza de la Constitución, Plaza de la República, Plaza del Generalísimo);
* Plaza de la Fuente Vieja (Plaza de las Escuelas, Jaime Costa, Plaza del General Mola).

     En el siguiente cuadro se muestran las distintas denominaciones que tuvieron las calles que modificaron su nombre en Villanueva de Córdoba:

 

miércoles, 13 de enero de 2016

El agua en el nacimiento de Villanueva de Córdoba

     Es muy probable que Villanueva de Córdoba deba su origen al camino califal del Armillat, mas, ¿por qué exactamente en el lugar en el que se encuentra, y no a unos cuantos kilómetros al norte o sur, por ejemplo?
     Villanueva esta muy próxima a la divisoria de cuencas entre el Guadiana y el Guadalquivir. Eso significa que los arroyos que hay en sus inmediaciones tienen ahí precisamente su nacimiento, por lo que su caudal superficial, limitado a la temporada de lluvias, es necesariamente muy escaso. Y eso, en el siglo X, era un grave inconveniente para el ejército califal en marcha, con miles de hombres y bestias de carga, o cuando, ya a finales de la Baja Edad Media, se convirtió en un camino de la Mesta por el que transitaban rebaños de ovejas que necesitaban abrevar de tanto en cuanto. Ni que decir tiene que el agua era también imprescindible para viajeros o arrieros con sus reatas.
     Si bien en la zona de Villanueva las aguas superficiales son prácticamente inexistentes durante la mayor parte del año, las subterráneas son especialmente abundantes debido a su historia geológica.
     Villanueva se encuentra en el centro del gran batolito granodiorítico que la comarca de los Pedroches, el septentrión cordobés y andaluz, pero la composición de este batolito no es uniforme. Según se explica en la Memoria de la hoja 881 del Mapa Geolótico de España del Instituto Geológico y Minero, por la zona donde se encuentra la localidad, en la roca dominante, la granodiorita de los Pedroches, se incrustan una "espectacular red de diques" de otro tipo de roca, pórfidos granítico-adamellíticos "de potencia muy variable desde métrica a hectométrica y corridas de hasta varias decenas de kilómetros. Afloran principalmente en la parte NE de la hoja [881], en concreto se pueden observar en la localidad de Villanueva de Córdoba. Cortan tanto a la granodiorita como a la adamellita biotítica. Cuando encajan en granodiorita [como es nuestro caso] producen un relieve alomado, fácil de reconocer... La representación cartográfica en gran parte es esquemática ya que los haces son más complejos y en su mayoría no serían representables a esta escala [1:50.000]". Estos diques porfídicos son ligeramente más recientes (unos 300 millones de años) que la granodiorita dominante en los Pedroches (307 millones de años).
     A esta red de diques de pórfido, junto a los filones de cuarzo que están distribuidos por todo el batolito (y que al ser más recientes que él también "cortaron" la granodiorita de los Pedroches), se debe la abundancia de aguas subterráneas en Villanueva, según se explica en dicha Memoria: "En los granitos del batolito de los Pedroches la permeabilidad en general es muy baja, sin embargo, localmente y en relación con su grado de fracturación, puede aumentar notablemente... Dentro del conjunto de granitos que afloran en la hoja [881] también existen heterogeneidades que tienen algunas implicaciones hidrogeolóticas, la principal es la existencia de abundantes diques de pórfidos graníticos y filones de cuarzo... Este tipo de fracturas actúa a modo de dren concentrando la circulación del agua subterránea... Es la capa de alteración del granito (lehm) el acuífero más utilizado. Suele tener espesores entre 1 y 6 m y presenta interés hidrogeológico... Ocupa prácticamente todo el afloramiento de rocas plutónicas y está explotado por numerosos pozos de profundidades entre 5 y 10 m que aportan pequeños caudales utilizados en su mayoría en ganadería".
     Los pozos a los que hace referencia la memoria están en las explotaciones pecuarias, en los campos, pero en lo que es el casco urbano de Villanueva hay centenares de pozos, casi en todas las casas del casco antiguo, a menudo compartidos entre dos de ellas ("pozos medianeros"), que amortizaban entre ambas su construcción. No era agua potable, pero sí suficiente para abrevar a las bestias que tenían su cuadra al fondo de las casas, para lavar o incluso mantener un pequeño huerto.
     El lugar de la actual Villanueva que se convirtió en el centro urbano, la Plaza de España, es especialmente rico en aguas subterráneas. Al realizarse este verano una construcción en su acera sur al hacer las obras de excavación se podría comprobar cómo en la parte de la plaza que da a la calle Padre Llorente la roca viva está a apenas medio metro de la superficie; sin embargo, hacia el centro de la plaza la capa alterada del granito (lehm, "tosca" en la denominación local, tiene mas de tres metros y medio de profundidad y por ella discurre el acuifero que hacía que creciera la vegetación en pleno mes de agosto. Es más, las casas de la plaza, especialmente de su acera sur, deben contar en sus sótanos con bombas que evacuen las aguas subterráneas.

     En el mapa de abajo he superpuesto la hoja 881 del Instituto Geológico y Minero con el topográfico del Instituto Geográfico Nacional:


     Se puede observar la gran red de diques de pórfido (bandas de color rosa) que cortan el granito de los Pedroches y que crean las fracturas que concentran el agua subterránea.
     Creo que esta circunstancia, la abundancia de agua bajo suelo en una zona donde es muy escasa superficialmente, en un camino muy transitado en los siglos X y XIV-XVI, favoreció que Villanueva de Córdoba surgiera donde hoy está.

martes, 29 de diciembre de 2015

Pastoreando dólmenes: menhir de los Frailes (Villanueva de Córdoba).


     La zona a unos 5-8 km al sur de Villanueva de Córdoba, en el arco comprendido entre las carreteras a Adamuz y Obejo, es especialmente rica en monumentos megalíticos levantados durante la Prehistoria Reciente, en el Calcolítico o Edad del Cobre, hace unos cuatro o cinco mil años. En el sureste, por los pagos de las Almagreras y las Navas, Ángel Riesgo describió cinco megalitos (o sus restos tumulares) durante sus excavaciones de 1921-1935. Además de ellos, por este sector, concretamente en los Frailes o Serrezuela, unos 6,5 km al SE de Villanueva, se encuentra una muy interesante concentración de megalitos, pues en unos 650 metros se encuentran un menhir, tres dólmenes y, acaso, un crómlech.


     Estos monumentos se encuentran unos 400-500 metros al norte del cordel de Montoro, y en la ladera sur de un poderoso crestón granítico que tiene la orientación dominante en el batolito de los Pedroches, NW-SE.

Menhir de los Frailes.

     Hace unos 35 años que mi amigo Antonio Fernández me llevó a ver una roca singular que había localizado en la finca propiedad de su familia, y a la que denominó con acierto "monolito". Es uno de los escasos menhires conocidos en el norte de Córdoba; si cuando tratamos del otro del que tengo constancia, el menhir de Torrecampo, comprobamos que se encontraba casi escondido en el valle de un pequeño arroyo, este parece que se quiso hacer bien visible, pues se encuentra sobre una pequeña loma amesetada que domina el paisaje al sur y al oeste.



     Se trata de una roca de una pieza de granito rojizo, tallada someramente, con el cuerpo ligeramente cuadrangular y el extremo superior redondeado (se advierten los retoques laterales), lo que permite calificarlo de faliforme. Sobresale 110 cm del suelo, con caras de entre 40 y 48 cm.


 


      Ya comentamos al hablar del de Torrecampo que se han expuesto numerosas hipótesis para interpretar el significado de los menhires, y la peculiar forma de este de los Frailes permite asimilarlo a una de ellas, el que fuera como un elemento masculino que entrase en el femenino, la Tierra, para fecundarla y producir abundantes frutos (no olvidemos que cuando se construyeron la agricultura y la ganadería se habían convertido en la principal actividad económica). A falta de documentos escritos, poco más podemos hacer que conjeturar.
     En su cara sur cuenta con unas oquedades, que los especialistas denominan "cazoletas", una de las formas de decoración más características de este tipo de megalitos en España y resto de Europa, y que en la comarca de los Pedroches también encontramos en los restos del dolmen de los Fresnillos, también en el término de Villanueva, y situado unos 7 km al oeste del menhir.

 
     El menhir, por sí mismo, ya es sumamente interesante por su rareza, pero lo que lo convierte en más fascinante son los sepulcros megalíticos que se hayan en sus proximidades a unas cotas más bajas, y que el menhir parece dominar desde su elevada planicie. Además, cada uno de estos megalitos es de una forma diferente.

Los Frailes I (cista dolménica).

     El primero de estos sepulcros se haya a un centenar de metros al oeste del menhir, existiendo contacto visual entre ambos.


     Se puede definir como una "cista dolménica", como una especie de "caja" construida con ortostatos de granito, y acaso con una cubierta que se perdió con los tiempos, pues se encuentra bastante deteriorado, sin tener atisbo alguno de una cubierta tumular que lo cubriese.

 
 
     Es de pequeño tamaño, 106 cm en sus dimensiones norte-sur. Conserva cuatro ortostatos en pie y dos caídos; el más alto sobresale 45 cm del nivel del suelo. El granito de las rocas es de color rojizo, similar al del dolmen.


     Su tamaño es demasiado pequeño para albergar el cadáver de un adulto, e incluso de niños, por lo que podría ser el lugar de una inhumación secundaria, es decir, que los restos humanos se habrían introducido en él después de un tratamiento inicial. Esta modalidad de megalito, tipo cista dolménica, no es frecuente en la comarca de los Pedroches, donde son mucho más usuales los sepulcros de corredor e incluso algunas galerías dolménicas.

Los Frailes II (sepulcro de corredor).

     Unos 500 m al WNW del menhir se encuentra el segundo dolmen, fácilmente perceptible en el paisaje por conservar el túmulo de tierra que lo cubre, aunque no hay contacto visual desde él con el menhir.

 

     Al aproximarnos a él podemos comprobar que se trata del tipo que los especialistas denominan "sepulcro de corredor", en el que existen un recinto o cámara, y un pasillo de acceso, bien diferenciados el uno del otro.


     El pasillo tiene una orientación de 82º E, orientación dominante en la mayoría de megalitos de la comarca. También es frecuente en ella que los dólmenes cuenten en su cara oeste con un único y gran ortostato de cierre, como es este caso, que tiene 103 cm de alto, 59 cm de ancho y 29 cm de grosor máximo. Sus lados norte y sur conservan tres ortostatos, apreciándose en las inmediaciones varios más sueltos. Sus dimensiones son también modestas, 183 cm en el eje este-oeste y 91 cm en el norte-sur. En este caso, está hecho con materiales graníticos de color gris (con el gran crestón granítico que hay en las inmediaciones de los dólmenes, no escasean los materiales de construcción para ellos, precisamente).


Los Frailes III (galería dolménica).

     Como a 170 m al WNW del sepulcro de corredor (y a menos de 700 m del menhir) se encuentra el tercer megalito, que también destaca en el paisaje, aunque lo he marcado con un círculo rojo para mayor comodidad:


     Está también "desnudo", ahora no tiene un túmulo de tierra y piedras que cubra sus ortostatos, pero en la fotografía de arriba se atisba que sí lo tuvo inicialmente.


     Su morfología es diferente a los dos anteriores, un recinto alargado en el que no se puede distinguir una cámara de un pasillo de acceso, siendo del tipo denominado "galería dolménica". Conserva seis ortostatos (de granito gris) cinco de ellos en pie y el sexto, que lo cierra al oeste, tumbado.


     La orientación en su eje mayor es de 90º E, decididamente al saliente. El ortostato vencido del oeste tiene 114 cm de ancho, y de alto, visibles, 115 cm.


¿Y un crómlech?

     Cuando fui el otro día con Juanito me percaté que a algo más de medio centenar de metros del primer dolmen, la cista dolménica de los Frailes I, existe un círculo de piedras de buen tamaño y unos tres metros de diámetro:


     Al principio pensé que podría tratarse de los restos de una antigua cabaña de pastores, pero, normalmente, la tapia de piedras con la que se construían estaba compuesta por mampuestos de mucho menor tamaño que los que se aprecian en superficie, y, además, existen en la finca numerosas edificaciones en la que podían haber habitado los caseros, sin necesidad de recurrir a chozas. Así que di opción a plantear otra hipótesis mucho más atractiva, aunque con todas las reservas (porque los ortostatos, al menos lo visible de ellos, son de pequeño tamaño): podría tratarse de un crómlech.
     Este es otro de los tipos característicos de megalitos (junto con los menhires y los sepulcros dolménicos), cuyo nombre deriva de la lengua bretona, viviendo a significar "corona de piedras". Se conocen en la Bretaña francesa, en Gran Bretaña, Escandinavia y la Península Ibérica, siendo el más famoso de todos ellos el de Stonehenge. Pero hasta ahora no había tenido conocimiento de ellos en la parte oriental de los Pedroches (es posible que exista alguno en la occidental, por Belalcázar).
     Si para el menhir y los megalitos funerarios no tengo duda alguna, en este caso, la verdad, lo apunto como posibilidad de que fuera eso, un crómlech.

¿Necrópolis pétrea?

     ¿Cómo interpretar estos vestigios? La imaginación es una maravilla de la mente humana, pero para el análisis histórico de unas sociedades ágrafas puede ser sumamente peligrosa, y si algo debe llevarnos de la mano para comprenderlos ha de ser el sentido común. 
     La proximidad de todos ellos hace pensar que podrían haber estado relacionados. También me parece muy significativo que, estando tan cercanos los sepulcros unos de otros, cada cual sea de un tipo diferente. Se ha comprobado en otros lugares que, aunque fueran tumbas colectivas, el número de cadáveres depositados en ellos era escaso, y que en absoluto acogían a toda la comunidad, sino a determinados miembros de ella. Me da la impresión de que son a modo de panteones familiares a los que, de tanto en cuanto, se trasladaban los restos de algunos de sus miembros fallecidos para una deposición secundaria. Sepulcros de distintas familias (o clanes, o como se quiera denominar), que disponía de su propio espacio funerario, protegidos todos ellos por un eterno pastor pétreo, el menhir de los Frailes.


domingo, 8 de noviembre de 2015

"Por aquí pasó Abderramán III" (Puente califal en el camino del Armillat sobre el arroyo de Navalatienda, Villanueva de Córdoba).

Otra primicia de este blog sobre historia y arqueología del norte de Córdoba: un puente sobre el camino del Armillat, de la etapa del Califato de Córdoba.


     Hace unos meses un señor que había estado trabajando por la zona las Navas, próxima y al sur de Villanueva de Córdoba, me comentó que un día de fuerte tormenta el agua llegó a tapar el puente romano sobre el arroyo de Navalatienda. ¡Vaya! ¿Un puente romano? Algo sin duda interesante, que había que comprobar. Así que recabé la atención de Juanito, pues, fuera lo que fuera que viéramos, ya sólo un paseo por la Dehesa de la Jara, con una temperatura primaveral y la naturaleza renaciendo con las lluvias otoñales, merecía la pena.
     Sabiendo la zona y arroyo, hubiera sido poco complicado localizar el puente siguiendo su curso, pero más rápido aún fue preguntarle a mi amigo Antonio Jurado, un corredor de fondo que conoce a la perfección la red de caminos de esa zona. Y sí, lo conocía, llevándome al lugar. Así que desde aquí va mi agradecimiento a ambos.

El entorno.

     El puente se encuentra unos seis kilómetros al sur de Villanueva de Córdoba, y doscientos metros aguas abajo del lugar de unión del arroyo de la Fuente del Madroño con el de Navalatienda.


     El camino actual queda a menos de un centenar de metros al este del puente, pero desde él se comprueba que el trazado antiguo no corresponde con el que usa hoy, sino que se dirige al norte para converger ambos trazados unos doscientos metros más allá. Es presumible que cuando se cercó la propiedad con paredes de piedra se decidió trasladar el camino por el margen de la finca, para que no la atravesara. En la siguiente fotografía aparece en primer plano la caja del camino primigenio; el puente se atisba entre dos encinas, hacia el centro izquierda:


     Este camino es llamado actualmente camino de las Huertas de Navalmilano, pero hace un milenio era el Balat al-'Arus, "camino de la Montaña", conocido en la bibliografía actual más popularmente como camino del Armillat, la principal vía de comunicación entre Córdoba y Toledo durante el califato cordobés.


     El sitio concreto donde se encuentra se halla el puente es un auténtico cuello de botella en el que convergen varios arroyos que recogen las aguas de una considerable extensión de terreno y que pasan por ahí tras unas lluvias intensas. El lecho del arroyo es rocoso y abundan en las inmediaciones numerosas rocas de granito que sirvieron como material de construcción.

Descripción.

     El puente está prácticamente orientado norte-sur, elevándose su calzada sobre una obra de piedras de granito que la sustenta. La calzada está bien delimitada por dos hileras de piedras. Se pueden distinguir tres partes en él, los dos tramos a cada lado del arroyo y el vano central donde iría el tablero. La calzada mejor conservada es la del tramo norte, de 8,75 m de longitud y una anchura de 1,72 cm en su parte central:


     A ambos lados del arroyo se levantan dos estribos formados por mampuestos tallados y dispuestos mayoritariamente a soga, junto con numerosos ripios de relleno. En el lado del sur el estribo está bien conservado (1,90 m de anchura), pero unas zarzas ocultan la continuación de la calzada en dirección a Córdoba:


     No puede considerarse una obra de sillería, es decir, una "obra hecha con sillares bien trabajados y de juntas finas", pero sí se aprecia robusta, tal y como se muestra en el inicio del estribo de la parte norte:


     La unión entre los mampuestos fue con argamasa de cal, como se aprecia en este detalle:


     No tiene actualmente tablero, la parte superior de rodaje. Tampoco creo que nunca tuviera un arco de piedra, sino que desde el principio se pensó y fabricó para sostener un tablero horizontal de madera. El vano central tiene una luz, una anchura máxima, de 2,57 cm entre los dos estribos, elevándose 1,38 m sobre el nivel del arroyo en el estribo sur.



Adscripción cronológica.

     No existe ninguna inscripción que permita apuntar sobre su época de construcción, ni materiales cerámicos visibles incrustados en él que pudieran afinar sobre la época en que se levantó, mas no creo que sea del periodo romano. Tiene poca semejanza con otros puentes de esa época conocidos en la provincia de Córdoba, como el puente sobre el arroyo Salado (Villa del Río, Córdoba), con una obra íntegra en piedra y sillares bien trabajados:

(www.iaph.es/)

     Por lo que he visto en vías romanas que transitan por el batolito granítico del norte de la provincia de Córdoba, donde la dureza del sustrato permitía que en grandes tramos fueran una via terrea, era usual en los ingenieros romanos empedrar algunos tramos en pendiente cercanos a corrientes fluviales, como puede verse en la calzada que unía Eporai (Montoro) y Solia (Majadaiglesia, El Guijo); este tipo de obra está ausente en el puente del arroyo de Navalatienda.



     El camino del Armillat pasó en la Baja Edad Media a la red de caminos de la Mesta, pero parece una obra excesiva para que sólo pasara por él el ganado eventualmente, porque una cuestión básica es quién pagó la obra, por qué y para qué.
     Tampoco hay constancia de que en la Edad Moderna o incluso hasta comienzos del siglo XX las autoridades locales de Villanueva se plantearan realizar estas obras de infraestructura en caminos públicos. Según pude leer en el primer semanario de Villanueva, Escuela y Despensa, los arreglos realizados en los caminos hacia 1913-1915 eran amortizados por los propietarios de las fincas que se servían de él; considero que este puente sobrepasa las necesidades (y costes) de un propietario particular.
     Por eliminación queda por analizar la Edad Media, que es precisamente el tiempo al que se adscribe el camino del Armillat, donde se encuentra el puente. Para dirigirse desde el valle del Guadalquivir al centro de la Meseta, romanos y visigodos emplearon el camino de la Plata, pero al presentar graves problemas estratégicos (podía convertirse en una ratonera, como les ocurrió a los liberales de Villanueva de Córdoba y Pozoblanco que en 1835 fueron masacrados por una partida carlista en la Garganta, ya en la provincia de Ciudad Real), el califato cordobés construyó en el siglo X un nuevo camino a la medida de sus necesidades, el camino del Armillat. Discurría paralelo y a pocos kilómetros al oeste del de la Plata, igual de corto y rápido que él, pero tras abandonar la actual provincia de Córdoba al cruzar el río Guadalmez, salvaba las estribaciones de Sierra Morena por los puertos del Mochuelo y San Juan, y no por la Garganta y el Horcajo. El inconveniente que tenía es que, sobre todo para subir el escalón de la sierra desde el Guadalquivir, necesitaba de unas obras de infraestructura, especialmente puentes, que requerían un mantenimiento continuo. Mientras el gobierno de Córdoba fue fuerte y tuvo recursos este camino estuvo en uso, pero al colapsar el Califato el camino dejó de mantenerse para acabar abandonándose. Volvería a tener uso ya en el siglo XIV, formando parte de los caminos de la Mesta, como se ha comentado.
     El sistema de construcción del puente sobre el arroyo de Navalatienda es el usual de esta época: "En la Alta Edad Media, los puentes que se levantaban eran generalmente de vigas, con tablero de madera colocado sobre pilas de piedra o pilones de madera" (Jesús Ávila Granados, "Puentes fortificados medievales", La Aventura de la Historia 205, 2015, pág. 78). En este caso el tablero se apoyaba sobre unos estribos pétreos, que le conferían mucha mayor resistencia. Además, en ese punto el arroyo tiene un lecho de granito, sobre el que se podría levantar un pilar central de apoyo. Es una obra sólida, recia y práctica, sin grandes complejidades técnicas de construcción y fácil de mantener si se contaba con unas cuadrillas de obreros al uso de los antiguos peones camineros, algo que el Califato podía permitirse al ser su principal arteria para dirigirse al centro peninsular desde Córdoba..

     Así que hay un puente sobre un camino de al-Andalus, levantado según las técnicas de la Alta Edad Media, que no cuenta ni con la forma ni con los elementos de los puentes levantados en otras etapas, como la romana: parece evidente que se trata de un puente construido durante el Califato cordobés.
     Este verano Juanito fue a una actividad del Museo Arqueológico de Córdoba dirigida a los niños, en concreto "Un día en la corte Omeya". Les mostraban los distintos personajes de la corte, de los reinos cristianos que le época... así que como a Juan ya le sonaba algo este tiempo le comenté: "Por este puente pasó Abderramán III". "¿En una carroza?", me preguntó. "Probablemente, sí, pues era el monarca más poderoso de su tiempo" (además, las crónicas no lo describen, precisamente, como un avezado jinete). Esas actividades infantiles promovidas por el Museo de Córdoba son una maravilla para fomentar la "cantera", pero si puedes conocer el pasado "al natural", con verdaderos objetos y testimonios de los tiempos antiguos, (y con un absoluto respeto para con ellos) creo que se incentiva más la curiosidad de los pequeños, con la esperanza que de mayores conozcan y defiendan su patrimonio histórico.


miércoles, 14 de octubre de 2015

Al principio, fueron los caminos (en el origen de Villanueva de Córdoba).

     No sabemos cuándo surgió Villanueva de Córdoba (a finales del siglo XII, no). El documento más antiguo que la cita (con su primer nombre de Encina Enana) es de 1437, por lo que presumiblemente el nacimiento podría haber sido a finales del siglo XIV o comienzos del XV.
     En cuanto a los motivos para su fundación, Juan Ocaña Torrejón consideró que podrían haberse debido a los caminos, y creo que es una hipótesis bien acertada. Parece que Pozoblanco también surgió al amparo de la Cañada Real de la Mesta hacia el siglo XIV. Siglos más tarde, Conquista se fundó en 1579 por una provisión de Felipe II con el objetivo de crear una población estable en un "camyno donde an muerto por salteadores muchos honbres", eligiéndose para ello una venta en el Camino de la Plata llamada Casas Pajerizas (también conocida como Casas Pajizas, Porquerizas o Venta del Reogal). Desde finales del siglo XVIII comenzaron a asentarse vecinos de Villanueva junto a las ventas de Azuel, Cardeña y del Charco (en el entonces término de Montoro), aumentando en población hasta conseguir su independencia administrativa en 1930. Todas estas son localidades que surgieron de los caminos.
    Tras la definitiva inclusión del norte de Córdoba en el reino de Castilla desde mediados del siglo XIII se produjo una reordenación de las principales vías de comunicación entre el centro de la Meseta y el Valle del Guadalquivir: los caminos hacia Toledo por el oeste (Pedroche o Belalcázar) dejan de emplearse para tomar el más corto y cómodo Camino de la Plata (que por el norte de Córdoba transitaba por Adamuz y Conquista). Y aparece una nueva red de caminos relacionados con el tránsito ganadero de la Mesta, fundada a finales del siglo XIII y organizada a mediados del XIV.
     La Cañada Real Soriana entraba en tierras cordobesas al cruzar el río Guadalmez, transitando por El Guijo, Pozoblanco y continuando hacia el sur. Tras cruzar el Guadalmez se separaba de la Cañada Real un ramal que, dejando a su derecha a Torrecampo, continuaba hasta los parajes donde se halla Villanueva de Córdoba, y aquí se dividía en tres caminos: el llamado de Encina Enana a Adamuz; el camino del Rongil, que se dirigía a Obejo; y el camino del Armillat.
     Este camino del Armillat fue el camino principal entre Toledo y Córdoba durante el califato de Al-Andalus, en el siglo X, pero colapsado éste, y necesitado el camino de un costoso mantenimiento para salvar las primeras estribaciones de la sierra, el camino se abandonó en el siglo XI, para tomar el descrito por al-Idrisi y que transitaba por Pedroche. (Del mismo modo, la Cañada Real era una antigua vía romana, en desuso durante gran parte de la Edad Media, y revitalizada con la Mesta.)
     Por las fuentes documentales árabes se conoce que tras cruzar el Guadalmez en dirección sur, había en el camino del Armillat un manzil o posada llamada Calyena. El sufijo "-ena" es claramente tardorromano, mientras que el prefijo hace mención a un antiguo propietario llamado Cayo. No sabemos si tiene relación con Villanueva, pero parece que no debieron estar muy alejadas.
     El camino del Armillat [color rojo en el mapa] pudo ser el origen de Villanueva de Córdoba. Discurría por las calles Laguna del Pino, Sol, Nieve, Cruz de Piedra, Ventura, las Cañadas, Torrecampo, para continuar al norte en dirección al Puerto Mochuelo. Precisamente, en la calle Ventura existía una inscripción árabe fechada en el año 1002 (el mismo en que murió Almanzor), de carácter conmemorativo, aunque se  sabe a qué hacía referencia (en la actualidad, se encuentra en el Museo Arqueológico de Córdoba):


     Ya convertido en vía pecuaria, este camino del Armillat pudo configurar el primer eje urbano de Villanueva, auque, como ya observada don Juan Ocaña Torrejón, con una ligera variante respecto a su trazo original: en la calle Sol, en su cruce con la de San Blas, comienza una pronunciada cuesta que culmina en el Cerrillo de la Nieva. Para evitarla, desde el callejón de los Mazacotes iría a su izquierda, y por la calle Empedrada alcanzar la Fuente Vieja, que podría haber sido el primer foro urbano. Cerca de ella, en la esquina de las calles Cerro y Conquista (frente al teatro), estuvo la cárcel vieja, acaso construida cuando en 1499 se dieron las primeras autoridades. El final de la calle Cerro enlazaría con el trazado del antiguo camino califal.
     Como comentaba, desde mediados del siglo XV el Camino de la Plata se convirtió en el más importante entre Toledo y Córdoba. El Concejo de Córdoba había propuesto al rey en 1394 que se franquiciaran una docena de ventas donde los viajeros pudieran acogerse a viandas y a lo menester hubieran, así que se pobló de ventas, cuyos nombres suenan a todos los jarotes: Venta Orán, Venta los Locos, Venta Velasco o Ventas Nuevas.
     El viajero que se dirigiera al norte por el Camino de la Plata, tras pasar Adamuz y llegar a las inmediaciones de la actual estación del AVE, podría dirigirse hacia Villanueva y continuar hacia Pedroche, la principal localidad de la época en la comarca. Al entrar en la población actual el camino discurría por las calles Adamuz, Córdoba, San Sebastián, Real, Plaza de España. Desde aquí el viajero podía proseguir hacia Pedroche por la calle Herradores, o buscar de nuevo con el Camino de la Plata tomando las calles Mártires, Conquista, Cruz de Piedra y Navaluenga.
    Este camino, que desde el de la Plata iba hacia Pedroche [color azul en el mapa], se convirtió en el nuevo eje urbano de Villanueva. Una amplia explanada, la plaza actual, donde el agua subterránea es abundante, fue a partir de entonces el núcleo de la vida social jarota. Se levantó allí la iglesia de San Miguel, aunque en el mismo camino también se levantaran dos ermitas en el siglo XVI, la de Jesús y la de San Sebastián. Quizá como consecuencia de las primeras autoridades y el cambio de nombre en 1499, se construyó un edificio para el Concejo municipal, la Audiencia (reedificado en 1667); igualmente, se edificó en la plaza un pósito para almacenar los cereales (el actual ayuntamiento). Como en todas las poblaciones de entonces, junto a la iglesia principal se hizo el cementerio, que se mantuvo allí hasta 1813, cuando se construyó uno nuevo junto a la ermita de San Gregorio (hoy en día, los jardines de la biblioteca).
     A partir de los padrones parroquiales he podido establecer los límites urbanos de Villanueva de Córdoba en 1771, como se muestra en el mapa adjunto (nótese que entonces no existía la calle Olivo, que se abrió a comienzos del siglo XX):

 
En él se han marcado los dos caminos sobre los que surgió y fue articulándose la actual Villanueva de Córdoba. El del Armillat se quedó se forma marginal, formando el límite de la población




martes, 13 de octubre de 2015

Villanueva de Córdoba NO surgió en los últimos años del siglo XII (errores históricos en el Diario Córdoba).

     El día de la romería de la Virgen de Luna, el pasado domingo 11 de octubre, iba por el camino del santuario cuando oí a un señor mayor explicar el origen de Villanueva a las personas jóvenes que iban con él. No los conocía, pero por su acento, claro seseo, denotaba no vivir habitualmente en esta localidad, y el que participara en su romería, y se interesara por su historia, me hacían presumir que sus orígenes estaban allí. En concreto, ese señor les decía a sus acompañantes que Villanueva nació a finales del siglo XII.
     Eso es algo completamente incorrecto, pero es precisamente la información que había aparecido en el Diario Córdoba del 9 de octubre, en la página 7 de un monográfico dedicado a la Feria del Jamón Ibérico de Villanueva de Córdoba:


     No sé quién es el autor, pues sólo aparecen las iniciales B. R. Z., pero sí puedo garantizar que el artículo es flojillo tirando a malo. Por ejemplo, copio su primer párrafo: "La villa actual de Villanueva de Córdoba surgió en los últimos años del siglo XII con el nombre de 'Encinaenana'. Según los historiadores, su fundación habría sido debida a vaqueros de Pedroche establecidos en ella desde comienzos de ese siglo". Esa fue la opinión de Juan Ocaña Prados (página 23 de su libro "Historia de la Villa de Villanueva de Córdoba", de 1911): "Sábese por datos adquiridos, dignos de crédito, que Villanueva de Córdoba empezóse a fundar en los últimos años del siglo XII, siendo sus primeros pobladores unos vecinos de Pedroche, villa de muy remota antigüedad, que en el año 1155 fue ganada a los moros por el Emperador Alonso VII, adquiriendo gran importancia y haciéndose famosa por su poderío y extensa jurisdicción, que comprendía todo el terreno que hoy constituyen los términos de las siete villas de los Pedroches".
     Pues no, podemos disculpar a don Juan Ocaña, pero eso es algo plenamente superado, y ningún historiador serio actual le da el menor crédito. No hay nada en absoluto que indique que Villanueva naciera en el siglo XII.
     Alfonso VII conquistó a mediados del siglo XII Pedroche y otras plazas y castillos del norte de Córdoba y zonas aledañas de Extremadura y Castilla-la Mancha, y el lugar se convirtió en la frontera entre los contendientes. A esto se unió que la gran mayoría de caminos entre el valle del Guadalquivir y el centro de la Meseta transitaran por los Pedroches, lo que hizo de la comarca una zona altamente insegura. Por ejemplo, en el año 1172 el conde Sancho Ximenez y las milicias de Ávila saquearon Écija (Sevilla) y la campiña cordobesa, retirándose al norte por el vado de Montoro en el Guadalquivir. Sus perseguidores tomaron otro camino más corto para interceptarlos, por Pedroche, y cuando llegaron a esa ciudad la encontraron deshabitada. Si la población más importante de la zona, protegida por un castillo, no pudo conservar a sus habitantes, parece altamente improbable que aparecieran otras nuevas a finales del siglo XII. Como dicen las abuelas de tierras, no estaba entonces el horno para bollos. (Más bien, para tortas.)
     Si, como parece lo más probable, la actual población de Villanueva surgió donde está como consecuencia de los caminos de la Mesta, habría que esperar a que esta surgiera a finales del siglo XIII, y se organizara a mediados del XIV, para que naciera la entonces Encina Enana. Podría haber sido a finales del siglo XIV o comienzos del XV.
     De hecho, el documento más antiguo en el que aparece el nombre de la población es de 1437, dado a conocer por don Miguel Muñoz Vázquez en la "Revista de Feria de Villanueva de Córdoba" de 1989:


     Se trata de una declaración en la que un vecino de Adamuz manifestaba que tenía una posada denominada del Guijo, y que se la había quemado un "ome de Ensina Enana", un hombre de Encina Enana, por lo que le había pedido 500 maravedís de indemnización. Gracias a nuestro accidental pirómano, el primer jarote documentado aunque desconozcamos su nombre, sabemos que en 1437 había un núcleo de población llamado Encina Enana, y que así era conocido por las poblaciones vecinas. No tenía carácter de villa, por lo que su consideración sería la de "lugar".
     En definitiva, lo más probable es que Villanueva de Córdoba apareciera a finales del siglo XIV o comienzos del XV, en absoluto en el siglo XII.

     Continuando con el artículo, al tratar de la arquitectura local y monumentos más representativos, el autor vuelve a lucirse, pero como Cagancho en Almagro: cita la iglesia de San Miguel, la Audiencia, el actual Ayuntamiento y los conventos de las Obreras y Cristo Rey (ambos del siglo XX). Omite las dos ermitas del siglo XVI, una de ellas, la de San Sebastián, en uso actual como parroquia:


     Al tratar de las casas, dícese en el artículo: "El granito, tan abundante en nuestra tierra, ofrece una arquitectura arquitrabada de gran solidez, dando lugar a una estética de gran belleza". Como es sabido, el término "arquitrabado" hace mención al sistema arquitectónico que emplea elementos de cierre horizontales, desconociendo el arco y la bóveda. Pues precisamente la arquitectura tradicional jarota, especialmente la surgida a partir de las desamortizaciones de mediados del XIX, se basa en las bóvedas de arista y arcos con ligera herradura:





     Como las casas de las fotografías de arriba las hay a cientos en Villanueva, y su interior es cualquier cosa menos "arquitrabado". Extraña que en el artículo se hable de "nuestra tierra" (o de "los que nos visitan"), y luego no se conozca el interior de sus casas.

     La guinda del pastel es el comentario bajo la fotografía que ilustra el artículo: "Esencia. La cultura del jamón ibérico de bellota, muy arraigada en este pueblo cordobés". Nací en este pueblo cordobés, vivo en él, me preocupo por su historia y su carácter, y jamás pensé que tuviéramos una "cultura del jamón ibérico de bellota". ¿Y por qué no también otra de ibérico de recebo? Como también diría una abuela local, eso es una gilipollá como un demonio de grande. Incluso habría que consultar la obra de don Pancracio Celdrán para saber en qué categoría de estulticia se puede adscribir al autor de esa sandez, pues sólo alguien especialmente obtuso, y encantado de serlo, puede creer que existe una "cultura del cerdo ibérico de bellota".
     El cerdo, per se, no genera ningún tipo de ámbito cultural; es una parte más de la gran diversidad de las dehesas; y son ellas, su peculiar modo de génesis y aprovechamiento, y el sustrato en el que se desarrollan, los que engendran parte de las condiciones de creación de la cultura jarota (otra buena parte está por las pizarras). De todas formas, le preguntaré a una amiga de Pontevedra si en su tierra tienen una cultura de lacón con grelos.

     Me molesta tener que escribir sobre estas cuestiones, pero me molesta mucho más, vamos, que me cabrea, el escaso respeto con que se trata la historia de mi tierra, sea desde los medios de comunicación o académicos de la capital cordobesa. Y más cuando confunden a la buena gente que quiere acercarse a ella transmitiendo información caduca, errónea e indocumentada. Si querían hacer un artículo digno, serio, riguroso y ameno podrían haber contactado con Bartolomé Valle Buenestado, por ejemplo, catedrático de Geografía y Cronista de Villanueva de Córdoba. Entre B. R. Z. y B. V. B. hay una gran diferencia, de tamaño sideral. Mientras que el segundo debiera de ser el que redactara los artículos que mostraran al público en general a Villanueva, sus gentes, sus dehesas y su cultura, el primero tendría que ir a conocer y guardar los gorrinos en su hábitat natural, pues para escribir sobre Villanueva, su economía o patrimonio cultural, demuestra no estar cualificado en absoluto.
     El papel lo aguanta todo. Sólo hay que acercarse a cierta prensa provincial para comprobarlo.